Panorama Católico

La Teoría de la “Gota de Miel“

Algunos lectores se han sentido heridos por la publicación del artículo “Las Herejías del Camino Neocatecumenal” (parte I), como si se tratase de una suerte de dicterio o apóstrofe insultante. “Herejía” es la palabra técnica para definir a aquella doctrina que van contra el dogma católico.

Escribe Marcelo González

Algunos lectores se han sentido heridos por la publicación del artículo “Las Herejías del Camino Neocatecumenal” (parte I), como si se tratase de una suerte de dicterio o apóstrofe insultante. “Herejía” es la palabra técnica para definir a aquella doctrina que van contra el dogma católico.

Escribe Marcelo González

Hemos de convenir en lo siguiente: el eufemismo ha ganado el lenguaje católico moderno. Así, lo que antes era una “profanación” ahora es un “abuso”. Lo que antiguamente se calificaba de “apostasía” se designa ahora “alejamiento de la Fe”. Lo que se define como “herejía” en el lenguaje centenario de la teología cristiana, debe ser referido en la actualidad como “error o desviación” doctrinario.

Sin duda una profanación es también un abuso. Pero es mucho más que un abuso. Y un abuso no es necesariamente una profanación. La misma consideración vale en los otros casos.

Nos preguntamos si el eufemismo que campea en el lenguaje teológico/pastoral actual es efecto de un designio de captar la benevolencia de los no católicos. De ser así, podríamos discutir dos cosas, a saber: primero, captar su benevolencia ¿con qué propósito? Segundo: a la luz de los resultados, ¿esta táctica ha sido exitosa? La respuesta de la segunda depende de la primera.

Si la captatio benevolentiae busca abrir una puerta para que entre el interesado a la plenitud de la Fe, nada debemos objetar al propósito, aunque podamos disentir en los medios. Puede ser un piadoso e ingenuo error, con resultados catastróficos. Sin embargo la ingenuidad inicial debería cesar a la vista de los resultados. Si me propongo ir de Madrid a Roma y aparezco en la Pampa de Achala tengo que reconocer que me he perdido. Porque si no lo hago, la ingenuidad pasa a ser obstinación y mala fe. O espantosa confusión y pérdida del sentido de la orientación, en este caso, de la Fe.

La Teoría de la “gota de miel”

Sería interesante analizar el proceso histórico que nos ha llevado a un reblandecimiento tal del lenguaje, tornándolo de una nítida y diamantina formulación conceptual en una suerte elocución nublada y mantecosa. La idea generalizada de los psicoprogres -paladines de la “gota de miel”- es que al hablar “dulcemente” (en realidad vacua o estúpidamente) predisponemos la buena voluntad de los oyentes incrédulos a la Fe.

“Una gota de miel atrae más moscas que un barril de hiel”, nos repiten con insistencia, abusando de la frase de San Francisco de Sales. Y salen a campear voluntades con su lenguaje untable. ¡Si al menos nos prodigaran esa gota de miel a los que preferimos el estilo clásico…! En tal caso nos dispondrían quizás -nobleza obliga- a considerar la estrategia en cuestión, al menos ad experimentum, según se hace todo ahora, como un sincero intento apostólico.

Pero las décadas han transcurrido y para quienes no comulgamos con esta forma de captar la benevolencia solo hay barriles de hiel… El primer testimonio, pues, de la poco franca voluntad de atraer a los descaminados podemos darlo nosotros, -los más “descaminados” según su modo de ver-. Nosotros, a quienes los psicoprogres maltratan con deliciosa persistencia y sadismo refinado.

Pedid… y no recibiréis

Oíamos hace poco la siguiente anécdota: un feligrés de una diócesis de la Argentina cuyo santo patrono es protector de las labranzas se dirigió a su ordinario obispo y allí se produjo este o parecido diálogo.

-Monseñor, quiero pedir un indulto para la celebración de la Misa Tridentina.
-NO. Olvídelo.
-Pero Roma nos reconoce a los fieles que tenemos una sensibilidad tradicional el derecho de solicitar un indulto para la celebración del antiguo Rito.
-Acá no.
– ¿Puede darme las razones de su negativa?
-No.
-Le advierto que me veré forzado a recurrir a la Santa Sede.
-Haga lo que se le de la gana.
-La ley eclesiástica me ampara. Si Roma me apoya, Ud. deberá consentir.
-No, nunca, jamás. Acá no.

Así remató el dulce obispo ordinario de la diócesis en cuestión el diálogo con un feligrés, uno de sus hijos espirituales, que atildada y respetuosamente le solicitaba algo que la Iglesia sostiene ser derecho de los fieles. ¿Es esta la gota de miel que se aplica “ad experimentum”?

Otro botón de muestra

Esta vez una anécdota vivida por nosotros mismos: un hospital privado, terapia intensiva coronaria. Entra el capellán de la institución, con talante de “gota de miel”, es decir, esa suerte de amaneramiento entre clerical y bobalicón. Se acerca a un anciano, claramente en vísperas de entregar su alma. Cruza con él éste o parecido diálogo:

Como te va, estás bárbaro. Estás para cualquier cosa.
-Ahhjjj. Noh. Me siento mal, padre.
-Que vas a estar mal si se te ve fenómeno.
-Creo que de estaaaahhjjj no me salvo.
-Pero sí, viejito. En unos días volvés a casa y (enarcamiento de cejas con claro significado procaz) volvés la actividad acá con la patrona…
-Hay padre, las cosas que dice… (rubor natural de “la patrona”, una anciana en edad de bisabuela).
-Y sino ponés el canal codificado… y ¡ahh! ¡Eh! ¡Ja, ja, ja!

Este revulsivo episodio lo presenció el firmante de estas líneas. Ocurrió en la Ciudad de Buenos Aires, hace ya ocho años. Lo recuerda bien porque visitaba en la misma unidad a un familiar suyo y escuchó nítidamente el diálogo. El cura partidario de la “gota de miel” ¿seguirá siendo sacerdote hoy? habiendo sido capaz de distraer a un anciano moribundo de la contrición tan necesaria en dicho trance y ¡mentarle obscenidades!

Porque hay una contracara: los partidarios de la “gota de miel” son melosos con los ingenuos, con los espiritualmente desarmados, con los mundanos, con los inmorales, con los heréticos… con los infieles, los pérfidos, los ateístas… pero nunca con los católicos de sensibilidad tradicional. Son tantos los casos que podríamos citar… valgan los citados para nosotros. Agregue Ud. el que más le duela. Porque sabemos que estas cosas pasan en todas partes, aún allí donde hay sacerdotes dignos, los cuales suelen estar relegados y maltratados por los partidarios de la “gota de miel”.

Captador captado

Mas no debemos presumir necesariamente mala intención, al menos inicial. Puede ocurrir que en la captación de la benevolencia resulte captado el captador, atraído por el espíritu de aquellos a los que buscaba volver al redil. Y este parece ser el resultado de la táctica de la “gota de miel”. Resultado más penoso cada día porque el abandono de la doctrina, el gusto por las novedades en sí mismas, la falta de espíritu de oración y la confraternidad con todo lo mundano vuelven al captador-captado cada vez más fanático e intolerante con quien no ha asumido esa posición.

Lo vemos a diario. Ya desde el arranque, la regla de la “gota de miel” es sistemáticamente inaplicada a una buena porción de católicos que piden mucho menos que un indulto para la Misa Tridentina. La caridad empieza por casa. En casa nos muelen a palos. ¿Dónde está la caridad? La teoría de la “gota de miel” se va por los albañales.

Sobre teorías y resultados

Nos preguntamos ahora si el eufemismo no será resultado de un reblandecimiento de la fe y no el designio voluntario -errado- de una estrategia apostólica. Es posible que sea una combinación de ambas cosas en un proceso de muchas décadas de “renovación” pastoral descontrolada y sin rumbo.

Aquí lo que valen son las pruebas. Frutos, los resultados. La crisis en la Iglesia es espantosa. “hace agua por todas partes”, ha dicho el Papa. No haremos al caldo gordo a los enemigos de la Iglesia recordando casos de corrupción nefanda. Pero trate de que su párroco le preste atención pastoral, le administre los sacramentos según las normas. Trate de que se siente en el confesionario, que visite a los enfermos y los fortalezca en la Fe. Que le brinde doctrina o consejo moral acorde a las enseñanzas del Magisterio… Si lo logra, hay muy altas posibilidades de que su párroco no sea muy amigo de la teoría de la “gota de miel” sino de la franqueza paulina, acompañada sí de la miel de la caridad cristiana. Y que reciba él mismo palos e hieles a granel.

Sí, si, No no.

El problema parece ser este: los giros eufemísticos en vigor tienden a desdramatizar las realidades, para que los secularizados y relativistas hombres de hoy no nos consideren a los católicos como a “fanáticos” o “intolerantes”. Catolicismo light digerible por un mundo que solo acepta formulaciones de bajas calorías espirituales. Esto es una renuncia a la predicación y a la confesión de la Fe.

Lamentamos mucho si los partidarios de la “gota de miel” sienten un escozor cuando desde estas páginas se llama a las cosas por su nombre. Es lo que nos pide Nuestro Señor Jesucristo hagamos. Se aceptan contrapruebas, desmentidas -si hemos publicado errores involuntariamente- derechos de réplica. Pero no se aceptan más recomendaciones sobre el uso de los eufemismos teológicos.

Tampoco pensamos devolver mal por mal a quienes han creído su deber insultarnos, quizás aplicando la teoría de la “gota de miel”.

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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