Panorama Católico

La única respuesta, una cruzada

Europa nuevamente bajo ataque yihadista. Esta vez Bruselas, una ciudad supervigilada. Y además advertida: “Sabíamos que esto iba a ocurrir”, dicen las autoridades belgas. La conclusión obvia es: no lo podemos impedir.

Europa nuevamente bajo ataque yihadista. Esta vez Bruselas, una ciudad supervigilada. Y además advertida: “Sabíamos que esto iba a ocurrir”, dicen las autoridades belgas. La conclusión obvia es: no lo podemos impedir.

¿Por qué no? En cualquier otro momento de la historia Europea, los países atacados o una alianza de naciones hubiera llevado la respuesta militar al lugar de origen de los terroristas. Pero ahora los terroristas son ciudadanos belgas, algunos de los cuales han viajado a Siria e Iraq a entrenarse y han vuelto para actuar como topos, como agentes dormidos hasta que les llegue el momento de actuar.

A la vez, las naciones europeas (esto no es nuevo, pasó lo mismo en otros siglos cuando Francia daba puerto a la flota turca mientras las armadas cristianas las combatían en el mar) usan la situación para dirimir sus intereses y consolidar sus hegemonías. Hoy Alemania sostiene al gobierno turco, cuyo principal interés es acabar con los kurdos, aunque tenga que dejar que los yihadistas entren y salgan de su país, reposten en su territorio y pasen las fronteras con vituallas y armamento, como si no hubiese ningún control. Y cada tanto le pongan un bomba. Esto se puede ver hasta en los noticieros europeos, que filman el paso de los camiones. Y lo atestiguan periodistas corresponsales de guerra: las bases yihadistas están a pocos kilómetros de las turcas, o de las estadounidenses. Pero Turquía, deja hacer mientras derriba o amenaza derribar a los cazas rusos porque en sus maniobras presuntamente pasan unos metros la frontera.

Europa ¿quiere ganar la guerra contra la Yihad? No parece.

Después de los atentados últimos de Paris, hubo una iniciativa para retirar la ciudadanía francesa a los terroristas que nacieron y se criaron allí. ¡Indignación general de los franceses!

Los árabes no lo pueden creer… Por eso organizaron ataques las mujeres alemanas en varios puntos del país durante el fin del año 2015. Ataque en grandes grupos contra mujeres solas o acompañadas de mediohombres. Muchas fueron violadas. Esto les demuestra que ya pueden hacer casi todo lo que se propongan. Si los europeos no defienden a sus mujeres de los ataques de los árabes residentes o refugiados en su territorio, ¿qué falta para que la ocupación sea completa? Un poco de tiempo.

Naturalmente hay reacciones, pero no parecen siempre acompañadas por un espíritu sobrenatural cristiano. Uno no deja de decir, cuando conoce estas noticias, que a veces se reflejan en las elecciones regionales alzando a un lugar importante a los partidos llamados “xenófobos”, ¡por fin! Sin embargo es una reacción más bien visceral. Saludable porque sin vísceras no hay posibilidad de ganar una guerra, pero insuficiente si queda allí, en las vísceras.

La guerra solo se puede ganar con una reacción de elevada condición moral y para ello debe tener un fundamento religioso. No meramente el deseo de vengar los agravios, sino el de defender una patria, una civilización, una forma de vida cristiana. Los que gobiernan Europa, excepción hecha de los países del Este, con matices, que se abroquelan más en sus tradiciones, no creen ni en la patria, ni en la civilización cristiana ni su consecuente forma de vida. Ellos creen que hay un “derecho a la blasfemia”, como se puede ver sobre todo en Francia, aunque también en España. Y en el “occidente” en general.

En tanto la Iglesia, que supo ser el faro del mundo, hoy parece con su luz apagada. Cada vez que ocurren estos violentos ataques en territorio antes cristiano apenas si se oye una “condena a la violencia”. Y se niega que se pueda hacer la guerra para defender las leyes divinas. ¡Nada de cruzadas! Por ellas ya pedimos perdón.

Pues bien, sin cruzadas no hay salvación para Europa. Y la única que puede predicar y darle legitimidad moral a una cruzada es la Iglesia. Porque, aún en el remoto caso de que se decidiera acabar con las serpientes yendo al nido mismo y aplastándolas allí, sin una motivación sobrenatural y sin los capellanes conteniendo a los soldados y predicando el sentido profundo de la batalla, probablemente se acabe en masacre indiscriminada, donde mueran más inocentes que culpables.

Lamentablemente no tenemos ni papa ni sacerdotes que prediquen la cruzada y menos que la acompañen, como Marco D’Aviano, ni cristianos que se armen para llevarla adelante.

Y llegamos aquí porque desoímos el mensaje de cierta Señora que se apareció hace casi un siglo en un lugar de Portugal con nombre árabe y anunció que estas cosas pasarían si no se rezaba el rosario y se hacían sacrificios por los pecadores. El lugar se llama Fátima. Ahí debe ir Europa para encontrar las respuestas.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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