Panorama Católico

La Verdadera Devoción a la Santísima Virgen.

Nuestra Señora merece nuestra fervorosa devoción, porque sufrió muchísimo por nosotros. Por causa de nuestros pecados, Jesús sufrió su Pasión y María su Com-Pasión. Ella es Co-Redentora, participó íntimamente en nuestra Redención, pagó con los dolores inmensos de su Corazón la deuda de nuestros pecados, y de los pecados de toda la humanidad.

 

Nuestra Señora merece nuestra fervorosa devoción, porque sufrió muchísimo por nosotros. Por causa de nuestros pecados, Jesús sufrió su Pasión y María su Com-Pasión. Ella es Co-Redentora, participó íntimamente en nuestra Redención, pagó con los dolores inmensos de su Corazón la deuda de nuestros pecados, y de los pecados de toda la humanidad.

 

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

Me parece oportuno decir algunas palabras sobre Nuestra Señora, especialmente sobre las razones, los motivos de nuestra devoción a la Santísima Virgen María y, en particular, al Corazón Inmaculado de María.

San Alfonso de Ligorio, un Doctor de la Iglesia, que escribió un libro precioso que les recomiendo: “Las glorias de María”, nos da, en una sola frase, estas razones:

 

“Dios lo quiere, Maria lo merece, nosotros lo precisamos”.

Dios lo quiere:

Como Dice San Luis María de Montfort[1], “Dios Padre ha hecho una reunión de todas las aguas que ha llamado mar; ha hecho una reunión de todas sus gracias, que ha llamado María. Este gran Dios tiene un tesoro o depósito riquísimo donde ha encerrado todo lo que hay de bello, de resplandeciente, de raro y de precioso, hasta su propio Hijo; y este tesoro inmenso no es otro que María, de cuya plenitud son enriquecidos los hombres”.

Dios Hijo, también, ha comunicado a su Madre todo lo que El ha adquirido por su vida y su muerte (…) y por Ella, aplica a nosotros sus méritos y distribuye sus gracias.

Dios Espíritu Santo ha comunicado a María, su fiel Esposa, sus dones inefables y la ha elegido para dispensadora de todo lo que posee; de suerte que Ella distribuye a quien quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere, todos sus dones y sus gracias.

Sí, tal es la Voluntad de Dios que ha querido que tengamos todo por María”.

Dios quiere servirse de Nuestra Señora para que nuestras almas alcancen la salvación.

Fue exactamente lo que Nuestra Señora de Fátima dijo a los tres pastorcitos, en el día 13 de junio de 1917: “Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón; a quien la abrazare, le prometo la salvación”. “Fátima es la manifestación del Inmaculado Corazón de María para este mundo para salvarlo” [2].

 

María lo merece:

Ante todo, porque su Dignidad supera todas las criaturas; Ella es la obra maestra de Dios. Dice San Juan Crisóstomo: “Ciertamente fue un grande milagro la bienaventurada Virgen María. ¿Quien, a la verdad, más grande, más ilustre que Ella se ha hallado o alguna vez podrá hallarse? Ella sola, con su grandeza, ha sobrepujado al cielo y a la tierra. ¿Quién más santo? No los profetas, no los apóstoles, no los mártires, no los ángeles…, ni criatura alguna, visible o invisible, puede hallarse mayor ni más excelente: Ella es, a la vez, sierva y Madre de Dios, Virgen y Madre”.

En segundo lugar, Nuestra Señora merece nuestra fervorosa devoción, porque sufrió muchísimo por nosotros. Por causa de nuestros pecados, Jesús sufrió su Pasión y María su Com-Pasión. Ella es Co-Redentora, participó íntimamente en nuestra Redención, pagó con los dolores inmensos de su Corazón la deuda de nuestros pecados, y de los pecados de toda la humanidad.

¿Quien se quedaría indiferente delante de tales sufrimientos?

También la Santísima Virgen merece porque, como lo reveló en Fátima, en su Corazón están profundamente clavadas terribles espinas: las espinas de las blasfemias especialmente dirigidas contra Ella, contra Ella porque es María, o porque de Ella se avergüenzan los que deberían ser sus defensores y servidores más valientes.

Las sectas protestantes -bien conocidas por todos- niegan la Virginidad perpetua de María, niegan su Concepción Inmaculada, niegan su Corredención, sectas que exigen a sus adeptos romper las imágenes de Nuestra Señora: ¡Hubo un Pastor del Reino Universal de Dios, en Brasil, que dio un puntapié a una estatua de Nuestra Señora Aparecida, la Santa Patrona de Brasil, y eso en televisión, delante de millones de personas! Y podría citar muchos casos semejantes…

Son también las terribles ofensas de organizaciones satánicas que hacen realizar falsas medallas de Nuestra Señora con la frase: “Oh María concebida con pecado”, o que dan dinero, juegos, caramelos a niños para que reciten letanías de insultos a María, o que apoyan exposiciones y películas escandalosas como hubo hace poco, “La Natividad”.

Y el clero, en su mayor parte progresista, no tiene reacción. ¿Por qué? Por causa del ecumenismo que pide que se respecte más a las falsas religiones que a Nuestra Señora.

Este ecumenismo es, con certeza, una fuente de dolor para Ella. ¡Hace menos de un año se permitió que un “sacerdote” hindú celebrara su rito pagano, invocara a sus demonios, en el lugar mismo de las Apariciones de Nuestra Señora en Fátima, y eso con la autorización entusiasta del Rector del santuario! ¡Es increíble!

Entonces, debemos reparar estas ofensas: hacer bien los cinco primeros sábados (pedidos por Nuestra Señora a Sor Lucía): rezar todos los días el Santo Rosario, especialmente en familia. Así repararemos un poco estas ofensas contra nuestra Madre y haremos lo que Ella nos manda y que Dios quiere.

Nosotros lo precisamos:

Sí, necesitamos de la Santísima Virgen como los niños necesitan de su madre; y aún más, porque cuando los niños son grandes, no necesitan tanto de su madre, pero nosotros, cualquiera que sea nuestra edad, precisamos de María. Ella es la “Omnipotentia supplex”, dice San Bernardo, la Omnipotencia suplicante, nuestra mejor intercesora y abogada junto a Dios. ¡Tantas veces retuvo Ella el brazo de la Justicia Divina!

Necesitamos de Nuestra Señora en la hora de la prueba, de la Cruz: Ella es “la miel de las cruces”, hace la cruz menos pesada, nos ayuda para aceptar y amar la Voluntad de Dios…

En fin, precisamos de María para nuestra santificación. San Luis de Montfort afirma que se progresa más rápidamente en el Amor a Dios con Ella, que durante varios años sin Ella. Basta, por ejemplo, leer la vida de Francisco y Jacinta de Fátima: ¡En 3 años, superaron a los esfuerzos de muchos católicos durante una vida entera!

Tengamos una confianza total y una devoción perseverante a Nuestra Señora, Nuestra Madre, “donde, como dice San Agustín, se reflejan los rasgos de Dios”.

 

“Dios lo quiere, Maria lo merece, nosotros lo precisamos”.

 

Ave María Purísima.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


[1] Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, Nos 23, 24, 25.

[2] Cardinal Cerejeira.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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