Panorama Católico

Laicismo, ecumenismo y diálogo interreligioso en Turquía

La visita del Pontífice Benedicto XVI a Turquía pone en el tapete estos temas irresueltos del magisterio conciliar. Mientras el Papa navega de bolina hacia un puerto litúrgico donde capear el temporal de Novus Ordo, en estas cuestiones por momentos parece ir al garete.

Escribe Marcelo González

La visita del Pontífice Benedicto XVI a Turquía pone en el tapete estos temas irresueltos del magisterio conciliar. Mientras el Papa navega de bolina hacia un puerto litúrgico donde capear el temporal de Novus Ordo, en estas cuestiones por momentos parece ir al garete.

Escribe Marcelo González

Uno de los temas más traídos y llevados de los tiempos modernos es el del laicismo de los estados. Propugnado por la política exterior vaticana desde Paulo VI, se buscó descatolizar la constitución de los Estados cristianos, aún cuando estos fuesen verdaderos paladines de la Iglesia, como por ejemplo España. La iniciativa vino de Roma… Hoy la Iglesia en España mendiga espacios de libertad y aportes económicos para sostener la educación católica, reclama que cese el aborto y que no se reconozcan legalmente las uniones homosexuales. Todo estos son lodos de aquellos polvos que celebraron la supresión de la confesionalidad del Estado católico.

Se habla con razón de la dictadura del relativismo y se lamenta la nula mención de Dios o de las raíces cristianas de Europa en su Constitución, actitud motivada por enemistad ideológica de la Masonería hacia la Iglesia, puesto que no cabe posibilidad alguna de omitir la íntima relación de la Europa histórica con la Iglesia, salvo siendo brutalmente palurdos en materia histórica. Y los formadores de la unidad europea actual no lo son.

De hecho a partir de la Revolución Francesa, la consigna ha sido: el Estado laico (utopía inviable, por cierto, disfrazada bajo la forma de la "democracia" que sustituye la religión). A partir de 1789 la Iglesia ha resistido los embates de las naciones que se iban aliando, con distinto grado de virulencia, a la ilusión de la laicidad. Cuando este combate llegó a los Estados pontificios y puso al Papa prisionero en Roma, el antiguo liberal, Cardenal Mastai Ferreti, ahora Pío IX, comprendió cuan bajo caería la sociedad si estos principios se generalizaban en todo el mundo cristiano. Por entonces todavía el Imperio Austro-Húngaro, Rusia (a pesar del cisma), España (con el virus liberal ya carcomiendo sus entrañas) Hispanoamérica, Portugal… en fin, una gran parte de Europa y América mantenía su confesionalidad, más o menos degradada.

Cuentan que cuando el futuro Pío IX volvía de su visita como legado apostólico en Chile, Argentina y la Banda Oriental, viajó con el General San Martín, que marchaba hacia su exilio definitivo en Francia. Y de sus conversaciones recogió la experiencia del Libertador, con mucho provecho a la hora de entender la peligrosidad de los procesos revolucionarios. Una semilla que germinaría años después.

Por eso, cuando gobernó y sufrió en propia carne la enemistad masónico-liberal, dedicó su largo pontificado a combatir sus errores, de donde entre otros instrumentos magisteriales produjo el famoso Syllabus Errorum o índice de los errores modernos. El listado, formado por 80 proposiciones condenadas, culmina así:

LXXVII. "En la época presente no conviene ya, que la religión católica sea considerada como la única religión del Estado, con exclusión de todos los demás cultos".

Aloc. "Nemo vestrum", del 20 de junio de 1855.

LXXVIX. "Es efectivamente falso, que la libertad civil de todos los cultos, y el pleno poder otorgado a todos, de manifestar abierta y públicamente todas sus opiniones, precipite más fácilmente a los pueblos en la corrupción de las costumbres y de las inteligencias, y propague la peste del indiferentismo".

Aloc. "Numquam fore", del 15 de diciembre de 1856.

LXXX. "El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el «progreso », el liberalismo y la civilización moderna".

Aloc. "Jamdudum cernimus", del 18 de marzo de 1861.

Cuando los modernos papas posconciliares se quejan de la "apostasía silenciosa", la "dictadura del relativismo", de la "cultura de la muerte", de la "ignorancia religiosa espantosa" y de que "la barca de Pedro hace agua por todas partes", ¿no están comprobando los resultados de haber abandonado los sabios consejos del Syllabus…? Pero no se deciden a tomar el amargo remedio.

Así pues, se habla hoy de un "sano laicismo estatal" dentro de una "sociedad cristiana". ¿No es una contradicción? Se pide la "libertad religiosa" (es decir, la libertad de cultos indiscriminadamente) mientras que la Iglesia solo puede pedir libertad para la verdad, a la vez que apoyar por caridad y con prudencia, por cierto, el respeto a las personas que practican cultos o religiones no católicas si son injustamente perseguidas u oprimidas. Pero no se puede fundir en uno el pedido, como si fuese la misma cosa.

El Papa Benedicto en esta materia registra (antes de subir al solio pontificio) un antecedente que inquieta. Suyas son estas palabras (y no son las únicas); "Si se desea emitir un diagnóstico global sobre este texto (Gaudim et Spes), podría decirse que significa (junto con los textos sobre la Libertad Religiosa y sobre las religiones mundiales) una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de Antisyllabus". "Contentémonos aquí con la comprobación de que el documento juega el papel de un Antisyllabus y, en consecuencia, expresa el intento de una reconciliación oficial de la Iglesia con la nueva época establecida a partir del año 1789." (Cardenal Joseph Ratzinger, Teoria de los.Princípios Teológicos, Herder, Barcelona, 1985, ). No sabemos si hoy suscribiría este texto, pero su lenguaje en la materia, con sutiles cambios, no ha variado esencialmente.

En su visita a Turquía ha parecido bendecir la aconfesionalidad del Estado Turco (pese a que Ataturk tiene un gran mausoleo, pero lo cierto es que hoy predominan partidos confesionales musulmanes) y proponerlo como un puente entre Europa y el mundo islámico. No es novedoso pero si inquietante.

Ecumenismo

Ha insistido, a la vez, en un tema que lo preocupa muchísimo: el ecumenismo con los ortodoxos. El minúsculo Patriarcado de Constantinopla celebra al Papa, Bartolomé levanta su mano ante sus fieles… pero en el fondo se aprovecha de este deseo de resolver la más que secular disputa entre la Iglesia Católica y la Ortodoxia para fortalecerse ante un gobierno turco hostil, en un país en el que los cristianos son una minoría oprimida, numéricamente insignificante. No sabemos que tan dispuesto estaría el Patriarcado de Moscú a gestos tan conciliadores.

Pero hay en esta reunión y sobre todo en la asistencia (no concelebración) del Papa al rito de San Juan Crisóstomo celebrado por el Patriarca Bartolomé I, un punto provechoso: comprobar la veneración intangible del rito apostólico que mantienen los orientales (ortodoxos y católicos), lo que constituye una reserva litúrgica valiosísima para insuflar al maltrecho rito latino el ejemplo de fidelidad que necesita. El Papa entiende este problema con más claridad que sus predecesores.

Diálogo con el Islam

A la vez, pese a lo que los diarios han querido subrayar como un gesto sin precedentes, la visita del Santo Padre a la Mezquita Azul y un movimiento silencioso de labios "mirando hacia La Meca" (se ve que los musulmanes pueden realizar sus oraciones "de espaldas al pueblo") no significa que haya rezado a Allah… Aunque, ¡ay! significa concederle a los medios un argumento difícil de rebatir. Sin embargo, no besó el Corán… cosa que Juan Pablo II hizo dos veces en público. (*)

Dios escribe derecho sobre renglones torcidos. El entuerto conciliar es más complejo que una simple reinterpretación ortodoxa (en algunos casos imposible) o "hermeneutica de la continuidad". El problema radica en el Concilio mismo y sus consecuencias, que deberemos sufrir por décadas. Lo importante es que naveguemos hacia puerto seguro, aunque sea lentamente. Todavía hay mucho que estudiar, digerir, corregir y aplicar para que el Magisterio conciliar y posterior se hermane perfectamente en todo con el precedente. Es una realidad dura de admitir, pero evidente a la razón rectamente dirigida hacia la verdad.

 

(*) A propósito de esto de "ceder" posiciones doctrinales o hacer gestos ambiguos en el diálogo con los musulmanes, nos alecciona el testimonio de una profesora de teología dogmática, la Dr. Ilaria Morali, que practica este diálogo justamente en Turquía. En una entrevista a Zenit dice lo siguiente;

-¿Por qué es tan crítica con algunas formas de diálogo interreligioso?

-Morali: Recuerdo que el año pasado, en el momento del intercambio con la asamblea, una persona del público me preguntó si al menos podía aceptar que Mahoma fue el último de los profetas y el más grande. Dirigiéndome a un público compuesto de musulmanes, antes de responder, le pregunté a mi vez: «Si yo hiciera una pregunta análoga sobre Jesucristo, por ejemplo pidiendo a un profesor musulmán que admita al menos que Jesucristo es tan grande como Mahoma, ¿considerarían que es un buen musulmán si, por complacerme, me diera la razón? Ustedes preferirían -creo yo- que fuera coherente con su fe incluso a costa de disgustarme con su respuesta. Pienso que ustedes quieren de mí una respuesta como mujer católica y no apreciarían una respuesta de componenda para complacerles. No me considerarían una buena cristiana católica. Por ello les respondo como cualquier católico debería responder: con sinceridad y serenidad».

Recuerdo que este razonamiento tocó cuerdas profundas en mis colegas musulmanes que me manifestaron un gran aprecio por la sinceridad y transparencia demostrada, y también por mi valor al darles una respuesta que ciertamente no era totalmente aceptable para un musulmán.

Un profesor me dijo: «doctora Morali, nosotros queremos dialogar con católicos de verdad, no con católicos a medias, aunque esto sea ciertamente bastante más difícil. Siga así, por favor».

www.zenit.org

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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