Panorama Católico

Las etapas del diálogo entre Roma y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

Las autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X han permanecido expectantes frente a los rumores de una eventual liberación de la Misa tradicional. Acto seguido presentamos una reciente conferencia de su superior general, en la que explica que conductas seguiría la congregación si Roma dispusiera esta medida y retirara las sanciones canónicas que pesan sobre los obispos tradicionalistas.

Las autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X han permanecido expectantes frente a los rumores de una eventual liberación de la Misa tradicional. Acto seguido presentamos una reciente conferencia de su superior general, en la que explica que conductas seguiría la congregación si Roma dispusiera esta medida y retirara las sanciones canónicas que pesan sobre los obispos tradicionalistas.

Entrevista exclusiva con Mons. Bernard Fellay,
Superior General de la Fraternidad San Pío X

DICI: Monseñor, desde el comienzo de sus conversaciones con Roma, hace cinco años, Ud. ha propuesto dos condiciones, previas a cualquier discusión doctrinal. Se trata de la libertad, para todo sacerdote católico, de celebrar la Misa tridentina, y del levantamiento del decreto de excomunión pronunciado contra los obispos de la Fraternidad. ¿Por qué estas condiciones previas? ¿No es esto acaso una maniobra dilatoria que le permite ganar tiempo para sosegar a los sacerdotes y fieles inquietos por un eventual acercamiento? ¿No corre así Ud. el riesgo de perder una ocasión inesperada de reconciliación?

Mons. Fellay: Todas estas consideraciones políticas – yo incluso diría, estos cálculos politiqueros – son ajenas al espíritu de las conversaciones que la Fraternidad ha mantenido con Roma desde que Mons. Lefebvre las comenzó. Las condiciones previas que yo he propuesto tienen por objeto crear un clima nuevo en la iglesia oficial. Este sería el primer paso para hacer de nuevo posible la vida católica tradicional. La situación actual ha llevado a los fieles, confrontados por los desastres post-conciliares, a escapar de sus parroquias para unirse a la Fraternidad, y esto a pesar del oprobio del cual son rodeados los sacerdotes tradicionales. Ninguna sanción romana, ninguna advertencia episcopal ha disuadido a estas familias de elegir la Tradición. Es un hecho. Por ello he pedido al Papa que haga actos públicos en favor de la Tradición, ya que nuestros fieles no estarán satisfechos con simples palabras de aliento. Estos actos son la libertad de la Misa tradicional y el retiro del decreto de excomunión. Y si los rumores que hoy corren en la prensa acerca del retiro de la excomunión son verdad, podremos decir que el Sumo Pontífice ha tenido en cuenta una de las dos condiciones previas.

DICI: ¿No equivale esto a exigir de Roma una regularización unilateral de la crisis con Ec&ocirc…ne, sin reciprocidad por parte de la Fraternidad?

Mons. Fellay: No, porque la crisis con Ec&ocirc…ne no ha sido la primera, sino que simplemente revela una crisis más profunda en la misma Roma, y Roma es la que debe solucionar esta crisis mayor. No se trata, de nuestra parte, de una negociación de tipo sindical, porque nosotros no tenemos intereses propios o ventajas personales a negociar. Deseamos que Roma encuentre de nuevo su Tradición. Ec&ocirc…ne sólo preserva aquello que es patrimonio de la Iglesia universal. Es a Roma a quien le corresponde dar nuevamente a la Tradición su lugar, total y entero, para que pueda desempeñar su rol en la solución de la crisis de la Iglesia.

DICI: Pero la excomunión es ciertamente una situación personal que les afecta a Ud. y a sus colegas.

Mons. Fellay: Pedimos el retiro del decreto de excomunión, al cual jamás hemos otorgado valor canónico alguno – de otra manera, evidentemente, jamás hubiéramos ejercido nuestro ministerio, ni ordenaciones, ni confirmaciones&hellip… Pero estamos conscientes del alcance práctico de este decreto: una efectiva demonización de la Tradición, los sacerdotes tradicionales impedidos de hacer el bien en las parroquias. Si una familia recurre a nosotros por un sacramento en el rito tradicional, el obispo o el párroco no tienen mas que decir:  “¡Ni lo piense, están excomulgados!” Y así se neutraliza concretamente a la Tradición.

Las dos condiciones previas – la liberalización del uso del Misal de San Pío V y el retiro del decreto de excomunión – están dirigidas, más allá de los fieles tradicionales, al bien de toda la Iglesia. Se trata de permitir que la Tradición recupere el derecho de ciudadanía en la Iglesia y sea probada en los hechos. De esta manera podemos ayudar a Roma a solucionar la crisis en la Iglesia. Estas dos pre-condiciones funcionan, según la expresión de los teólogos, como “removens prohibens”, eliminando las prohibiciones que impiden a la Tradición actuar prácticamente, pastoralmente.

DICI: ¿Podría ser más preciso?

Mons. Fellay: Cuando la misa tradicional deje de estar en libertad condicional y el ministerio de los sacerdotes tradicionales no esté ya rodeado de la sospecha de excomunión, se podrán ver entonces los frutos de la Tradición.  En esta fase experimental, que deberá durar todo el tiempo que sea necesario para una justa evaluación de los resultados, ni Roma ni la Fraternidad asumirán compromiso alguno. Pero a su término, Roma podrá juzgar la obra cumplida por los sacerdotes tradicionales. Ya he dicho que la Fraternidad San Pío X está dispuesta a recibir visitadores romanos, quienes podrán apreciar sobre los hechos su trabajo apostólico.

DICI: Todo esto es práctico y pastoral, pero la crisis de la Iglesia es principalmente doctrinal. ¿Qué pasa con las cuestiones de fondo? ¿Qué pasa con la libertad religiosa, acerca de la cual Mons. Lefebvre emitió sus dubia, las dudas comunicadas al Cardenal Ratzinger? ¿Qué pasa con el ecumenismo, al cual Ud. mismo, hace dos años, consagró un estudio distribuido a todos los Cardenales?

Mons. Fellay: En lo que respecta a la cuestión del ecumenismo, es significativo el mutismo de los Cardenales a quienes fue enviado este estudio. Su silencio demuestra la distancia que nos separa en el plano doctrinal. Ud. hace bien en notar que las dos pre-condiciones tienen un alcance práctico, y justamente por esto constituyen la primera etapa necesaria, antes de poder abordar las cuestiones doctrinales. En efecto, las discusiones a fondo, emprendidas fuera o antes de esta etapa pastoral, parecen estar a priori destinadas al fracaso.  Debemos comprender bien que Roma y Ec&ocirc…ne (para simplificar) coinciden sobre un punto, pero difieren sobre otro. Las autoridades romanas están hoy conscientes de la situación dramática de la Iglesia – el futuro Benedicto XVI fue quien dijo que la Iglesia parece “una barca que hace agua por todas partes”. En esto estamos de acuerdo, pero no nos entendemos sobre la causa de esta crisis. Roma considera como principal responsable a la sociedad secularizada, hedonista y de consumo, que ignora o combate el mensaje evangélico,  en tanto que nosotros afirmamos que el concilio Vaticano II, abriéndose al espíritu del mundo, a hecho entrar en su seno principios tales como la libertad religiosa o el ecumenismo, que son contrarios al mensaje evangélico y responsables de la situación actual. Nosotros tenemos en mira algo muy distinto de una “falsa interpretación” súper-progresista del Concilio.

Es comprensible que las autoridades romanas tengan dificultades para considerar al Vaticano II como la causa de la crisis, puesto que ello equivaldría a poner en tela de juicio el Concilio, al que están aun fuertemente apegadas. En estas condiciones, es necesario reconocer que ninguna discusión doctrinal es posible, tal como lo declaran justamente Michael J. Matt y John Vennari en una reciente declaración común.

DICI: ¿Es por esto que se puede pensar que, en el fondo, Ud. no considera seriamente un diálogo con Roma?

Mons. Fellay: Yo diría que este diálogo debe ser doctrinal y práctico, con hechos que apoyen los razonamientos teológicos. Partiendo del punto de convergencia entre Roma y nosotros –la constatación común de una crisis desastrosa–, debemos intentar hacer desaparecer la diferencia, llevando a Roma a admitir la verdadera causa de esta crisis. La discusión doctrinal tiene por objeto obtener que Roma reconozca esta causa. Pero dados los principios modernos de los cuales las autoridades romanas están impregnadas desde el Vaticano II, esta discusión no puede tener lugar sin el apoyo de una lección dada por los hechos mismos, o, más precisamente:  la discusión no puede hacerse sin la consideración de la obra concreta que la Tradición puede realizar en vista de una solución a la crisis de las vocaciones, de la práctica religiosa&hellip…

Nuestro punto de vista es que los efectos del apostolado tradicional harán ver a contrario donde esta la causa de la crisis. Es por ello que las pre-condiciones prácticas me parecen indispensables para el buen desarrollo de las discusiones doctrinales.

La libertad de acción devuelta a la Tradición deberá permitirle demostrar sus resultados y separar, con los hechos, las dos partes que discrepan doctrinalmente sobre la causa de la crisis. Esta lección de los hechos,  que pedimos a Roma se digne aceptar, se basa sobre todo en nuestra fe en la Misa tradicional. Esta Misa reclama, por sí misma, la integridad de la doctrina y de los sacramentos, prendas seguras de toda fecundidad espiritual para las almas.

DICI: ¿Es su línea de conducta compartida por todos los sacerdotes y fieles adheridos a la Tradición?

Mons. Fellay: Mons. Lefebvre decía que las autoridades romanas serían más sensibles a las cifras y a los hechos presentados por la Fraternidad San Pío X, que a los argumentos teológicos. Evidentemente, nuestro fundador no pensaba eludir la necesaria discusión doctrinal. Es por ello que en esta segunda etapa querríamos presentar a Roma los argumentos de la teología tradicional, confirmados por los hechos del apostolado tradicional, antes de abordar la tercera etapa, la del estatuto canónico de la Fraternidad.

Es necesario ver bien como se articulan las etapas de este diálogo para comprender que no deseamos descuidar el aspecto especulativo o doctrinal, ni el aspecto práctico o pastoral, así como tampoco deseamos ignorar la prudencia realista y el espíritu sobrenatural.

Aquellos que no quieren retener más que el aspecto práctico o canónico, verán en nuestra exigencia doctrinal una pérdida de tiempo, y estas etapas serán percibidas como maniobras dilatorias. Por otro lado, aquellos que no quieren considerar mas que el aspecto especulativo juzgarán que nuestras pre-condiciones pastorales dejan de lado los problemas de fondo, y dirán así, que éste diálogo no es más que el comienzo de una adhesión al modernismo. Unos y otros tienen razón en lo que afirman, pero se equivocan en lo que niegan: es necesario afirmar ambos, la necesaria lección de los hechos y la indispensable discusión doctrinal.

DICI: Entonces&hellip… ¿el acuerdo canónico se pospone indefinidamente?

Mons. Fellay: Se habla de administración apostólica, de prelatura personal, de ordinariato&hellip… Todo esto parece prematuro. Deseando un acuerdo canónico ahora mismo y a cualquier precio, nos expondríamos a ver resurgir de inmediato todos los problemas doctrinales que nos oponen a Roma, y el acuerdo sería entonces efímero. La regularización de nuestro estatuto canónico deberá venir en último lugar, como sellando un acuerdo ya realizado, al menos en lo esencial, al nivel de los principios, gracias a los hechos constatados por Roma.

Además, imaginemos por un instante que aceptásemos una estructura canónica para considerar, solo después – en el interior, dentro del “perímetro visible” de las diócesis – las cuestiones doctrinales. No podríamos realizar nuestro ministerio con toda su eficacia pastoral. No existirían las condiciones prácticas para permitir una lección de los hechos, total y completa, es decir convincente. Como sucede ya con las comunidades.

Ecclesia Dei, nuestro apostolado tradicional estaría en libertad condicional, autorizado a manifestarse sólo con parsimonia, aquí y allá, como con cuentagotas.

Todo consiste en saber si la situación trágica de la Iglesia hoy – la crisis impresionante de las vocaciones, el vertiginoso derrumbe de la práctica religiosa&hellip… – le permite a la Iglesia contentarse con remedios administrado a cuentagotas.

Fuente Dici 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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