Panorama Católico

Las Incógnitas del Papa Benedicto

Nadie avisado en estos temas olvida que el P. Ratzinger fue uno de los peritos del sector liberal del Concilio. Y que la discutida fórmula sobre la identidad de la Iglesia Católica (Ecclesia subsistit) con la Iglesia de Cristo es una formulación de su pluma, si bien corregida casi cuatro décadas después por él mismo, en nota interpretativa, al pie de la declaración Dominus Iesus. Allí el entonces cardenal marcó las diferencias entre la Iglesia Católica y las “comunidades eclesiales” protestantes, dejando en la indefinición el alcance del la expresión “iglesias hermanas” Ortodoxas.

Escribe Agustín Moreno Wester

Michael Matt, director de la revista católica estadounidense The Remnant, que estuvo en Roma durante los funerales del Juan Pablo y la elección de Benedicto refiere, en su última nota como enviado especial, una cierta perplejidad que acucia al sector tradicionalista de la Iglesia respecto del nuevo pontífice. Mientras el Papa da señales de timonear la Barca hacia posturas más tradicionales, afirma a la vez, su deseo de continuar en la misma línea ecuménica e interreligiosa de sus predecesores inmediatos y su “irrenunciable determinación” de aplicar el Concilio Vaticano II, si bien “a la luz de la tradición bimilenaria de la Iglesia”.

Los males que el Card. Ratzinger describe en su homilía de la misa Pro Eligendo Pontifice son los males que dimanan del “espíritu del Concilio”, al menos en su faz intraeclesiástica. Así lo ha reconocido también en sus ya célebres meditaciones del último Via Crucis: la barca de Pedro hace agua por todas partes y parece zozobrar… ¿Cómo sería posible luchar contra las consecuencias y persistir en el fomento de las causas, especialmente en el delicado tema litúrgico?, se pregunta el periodista norteamericano, director de una revista con más de tres décadas de existencia y extraordinariamente prestigiosa en el campo tradicional.

¿Cómo despejar estas incógnitas? Por ahora solo podemos hacer especulaciones y plantear escenarios posibles. Algunas hipótesis para responder a estos interrogantes, se nos ocurre, podrían ser:

1) si los objetivos de su pontificado fuesen de “restauración” tradicional , Benedicto no puede plantearlos más expresamente de lo que ha dicho. El contexto eclesial y mundial no le dejaría margen alguno de maniobra si fuera más lejos en la declaración de sus propósitos.

2) si su plan fuese “estabilizar” la reforma conciliar (doctrinal y litúrgicamente), suprimiendo los “excesos” y reinterpretando los documentos deliberadamente ambiguos del Vaticano II, quedaría limitado al extremo para maniobrar “hacia la izquierda”. Cualquier paso en el sentido de la tradición de la Iglesia, por tímido que fuera, sería visto como un aval a los tradicionalistas, lo cual lo emplazaría en un lugar de equilibrio muy precario. En este sentido, si va por la “derecha” iniciará una dinámica de consecuencias impredecibles. Su sola fama de “ortodoxo” le ha valido ya un bombardeo de reservas y hasta descalificaciones insultantes, tanto fuera como dentro de la Iglesia.

3) podría seguir haciendo más de lo mismo que hemos vivido en los últimos 40 años, un poco más “prolijamente”, un mero “lifting” doctrinal y litúrgico.

Aspiraciones y realidades

Nos inclinamos por una mezcla de la hipótesis primera y la segunda. La tercera no tiene coherencia con su homilía de la misa Pro Eligendo Pontifice. Postular un programa de corte tradicional antes de entrar al Cónclave -donde encontraría una fuerte corriente liberal (si bien careciente de candidatos sólidos)- y obtener la elección… y luego lanzar un programa liberal… parece poco sensato. En tal caso, de haberse tratado de una estrategia electoral, bien podría haber dirigido los votos a un cardenal más joven y más “moderado”, como todos suponíamos. Es obvio que tiene su programa, que se distingue del de Juan Pablo en el enfoque de diversos puntos centrales.

Sandro Magister, experto en cuestiones vaticanas y columnista religioso de L?Espresso afirma que, a pesar de la amistad y la mutua confianza que Juan Pablo y el Card. Ratzinger cultivaban, había notables disidencias en puntos de fondo, las que el cardenal planteaba al pontífice con entera libertad, allanándose luego a su decisión. A saber: Raztinger no asistió a Asis I, y abrigó siempre serios temores de que estos encuentros fomentasen el indiferentismo religioso… criticó privadamente (aunque fue vox populi en la Curia vaticana) el famoso pedido de perdón del año 2000… promovió documentos como la Dominus Iesus y Ecclesia de Eucharistía, en los cuales, sin embargo, su mano no siempre ha sido la única.

Ratzinger ha sido, sí, uno de los asesores más influyentes de Juan Pablo, pero no el único y no siempre el más escuchado. En el tema litúrgico, por ejemplo, la influencia del Arzobispo Piero Marini, Ceremoniero papal, ha sido mucho más fuerte que la del cardenal bávaro.

Es frecuente escuchar en quienes defienden el Concilio desde una óptica tradicional, la argumentación de la “mala interpretación” de sus textos. El argumento es bastante endeble. Sería el único caso en la historia de la Iglesia en que un Concilio Ecuménico (que se reúne para dar una mayor luz a la doctrina reafirmando lo ya definido y definiendo lo disputado) termine no definiendo nada y poniendo en duda lo ya definido. La función del Magisterio es poner luz donde hay dudas y no a la inversa.

Pero no debemos olvidar que el Vaticano II fue un Concilio “anómalo”. Renunció expresamente a ofrecer definiciones doctrinales (“concilio pastoral”, fue la novedosa calificación del Papa Paulo VI) y por otra parte, sus objetivos, a medida que los schemata preparatorios era echados por las ventanas y suplantados por otros, preparados en una suerte de “preconcilio paralelo” por los sectores más progresistas, han sido suavizar, diluir o deponer toda formulación docrinal que fastidie el “ecumenismo”, según la particular interpretación del término que hace en la actualidad la mayoria del clero.

Nadie avisado en estos temas olvida que el P. Ratzinger fue uno de los peritos del sector liberal del Concilio. Y que la discutida fórmula sobre la identidad de la Iglesia Católica (Ecclesia subsistit) con la Iglesia de Cristo es una formulación de su pluma, si bien corregida casi cuatro décadas después por él mismo, en nota interpretativa, al pie de la declaración Dominus Iesus. Aquí, en la Dominus Iesus, el entonces cardenal marcó las diferencias entre la Iglesia Católica y las “comunidades eclesiales” protestantes, dejando en la indefinición el alcance del la expresión “iglesias hermanas” Ortodoxas.

¿Cuánto ha variado el pensamiento del perito conciliar Ratzinger con respecto al del Papa Ratzinger? ¿Cuánto ha podido manifestar él este cambio desde su puesto de guardián de la fe y bajo un pontífice empeñado en una pastoral mediática, tan permeable a la ambigüedad y a la desiformación? En definitiva, hasta dónde conocemos al Cardenal Ratzinger y sus ideas sobre lo que la Iglesia necesita? Más allá de sus libros y de su obra de gobierno, que indica una inclinación a posturas más tradicionales, todo lo que pueda decirse es mera especulación. Pero hay algunos aspectos interesantes para entresacar, pistas, que luego se verán confirmadas o no por los hechos por lo cual se justifica que hagamos algunas especulaciones.

Indicios de un Ratzinger estratega

Veamos, pues, algunos indicios de lo que podría ser el pensamiento papal conforme a datos que hemos podido recoger en distintas lecturas de analistas prestigiosos. En primer lugar, una anécdota que el propio Michael Matt refiere en su crónica antes citada. Dice el periodista norteamericano que varios años atrás recibió un pedido personal de Michael Davies, el fundador Una Voce y defensor de la Misa tradicional, (hombre respetadísimo en el Vaticano y crítico implacable de las reformas conciliares). Davies le pidió a Matt que no publique críticas contra el Cardenal Ratzinger. “El está de nuestra parte”, le habría dicho el escritor inglés al periodista norteamericano. “Trabaja por la restauración litúrgica”. Matt afirma que no hizo caso del pedido, aunque morigeró bastante el tono de sus artículos en este aspecto. ¿”Qué sabría Michael Davies?”, se pregunta Matt ahora, cuando el cardenal es Papa y su pontificado recibe la rechifla universal de los sectores progresistas.

Leyendo otra fuente bien diversa, la revista Catholica, del padre Claude Barthe, que contiene análisis muy agudos y bien informados de la realidad eclesiástica, nos sorprende ver afirmaciones como las siguientes: el Prof. Ratzinger, ya en 1966, cuestionaba la línea de reforma litúrgica que proponían los “nuevos teólogos”, que actualmente se conocen como “bugninianos” (seguidores de la escuela del Arzobispo Annibale Bugnini, artífice de la Nueva Misa). Ratzinger sostenía, antes de que se conociese el Novus Ordo (1969), que la liturgia es como un jardín, lleno de plantas valiosas que han crecido naturalmente por siglos al amparo de la Fe. Y que la mano del reformador debe limitarse a podar los excesos, y restaurar lo que de su esencia se fuese opacando, lo cual era el espíritu original del Movimiento Litúrgico, y que en esta línea se realizaron las reformas de Pío XII.

Ratzinger deploraba ya la concepción “mecanicista” de la liturgia que puso en práctica Bugnini, según la cual un rito se “fabrica” a partir de las ideas de unos teólogos y liturgistas picados de arqueologismo y alérgicos a las fórmulas rígidas y estables. Para ellos el nuevo rito se impone por la fuerza de la autoridad mientras, el anterior se desecha como una máquina gastada e inservible. Y si bien el actual Papa nunca hubiese adherido &#8211…dice Barthe- a una crítica tan radical como la de los cardenales Bacci y Ottaviani (Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae) consideraba que los resultados de la reforma bugniniana serían calamitosos.

El propio P. Barthe, en el artículo que estamos refiriendo, sostiene que la llegada de Ratzinger al Vaticano y a Doctrina de la Fe por los años 80 significó el comienzo de un trabajo callado pero constante de “restauración” de los puntos de Fe más dañados por la revolución posconciliar, trabajo que puede ser más evidente en el orden doctrinal hasta ahora, pero que emprendería con gran vigor en el aspecto litúrgico de aquí en más, puesto que tiene la autoridad suprema. Este trabajo litúrgico supone también una profundización de los temas doctrinales cuestionados, porque la liturgia es una expresión viva de la Fe y hay entre ellas, fe y liturgia, una simbiosis imposible de separar.

Según Barthe, su varias veces insinuado proyecto de “reforma de la reforma” no está archivado ni muchos menos. Consistiría en “romanizar” el Novus Ordo, limitar la “creatividad”, hacer más rigurosas la rúbricas, tal vez inclusive la restitución del Sagrario sobre el altar y el sacerdote de cara a él. Introducir el uso (aunque limitado) del latín, manteniendo básicamente las lenguas vernáculas. “El latín es necesario para manifestar la unidad del rito”, ha dicho Ratzinger en una enrevista a la EWTN.

Por otra parte, en dicha entrevista (del año 2002) y también según los datos del P. Barthe, el entonces Cardenal Ratzinger afirma que el Rito Tridentino tiene plena vigencia y los fieles pleno derecho de solicitarlo y recibirlo de sus obispos. Dada la resistencia episcopal en este sentido, durante los años como Prefecto de la Fe habría propuesto una “apertura gradual” por medio de indultos, declaraciones y celebraciones a fin de ir haciendo espacio a los tradicionalistas.

De ser correctas las apreciaciones del P. Barthe quizás lo que Michael Davies supiera &#8211… ¿de boca del propio Cardenal Ratzinger?- habría sido su plan estratégico de restauración litúrgica. Dicho plan, la Reforma de la Reforma, no coincide con lo que los tradicionalistas desean (la supresión final del Novus Ordo) pero sí con sus pedidos de mínima, es decir, la libertad irrestricta de celebración de la Misa y de administración de los sacramentos para cualquier sacerdote del rito latino según el misal y el ritual usados universalmente en la Iglesia latina hasta 1962.

A nuestro ver, dada la realidad eclesial de hoy, ¿qué otro modo de restauración litúrgica sería posible, sino uno gradual? Y por otra parte, ¿qué mayor desafío para las tesis tradicionalistas que la libertad, para demostrar que el rito tradicional es el que asegura la mayor pureza de la Fe y atrae con más fuerza los corazones. Más de un tradicionalista se ampara en las prohibiciones de hecho para justificar la falta de afluencia masiva a las misas tridentinas. Pero una vez removidos los escrúpulos de “obediencia” que suelen impedir el acercamiento de la gente y establecido un razonable número de lugares donde se la rece dignamente, algo que hoy es casi imposible de encontrar, por ejemplo en Hispanoamérica, en el ámbito diocesano, habrá que ver si a su tiempo, los frutos son los esperados.

En tanto, el Papa Benedicto sigue enviando señales. Como las de su primera audiencia pública en la que afirmó (…) “quiero referirme al nombre elegido como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. He querido llamarme Benedicto XVI en relación con el Papa Benedicto XV, que guió la Iglesia en un período difícil a causa del primer conflicto mundial. Fue un profeta de paz valiente y auténtico e hizo lo posible para evitar la guerra y limitar sus consecuencias nefastas. Como él, deseo poner mi ministerio al servicio de la reconciliación y armonía entre los hombres y los pueblos, con el profundo convencimiento de que el gran bien de la paz es sobre todo un don de Dios, frágil y precioso, que hemos de invocar, defender y construir entre todos”.

“El nombre Benedicto evoca, además la extraordinaria figura del gran “Patriarca del monaquismo occidental”, San Benito de Nurcia, patrono de Europa junto con lo santos Cirilo y Metodio”. (…) “es un punto de referencia fundamental para la unidad de Europa y un fuerte llamamiento a las irrenunciables raíces cristianas de su cultura y civilización”. (Primera audiencia pública del Papa Benedicto, 26 de abril, Vatican Vis).

Benedicto, Patriarca del monaquismo occidental y reconstructor de Europa cristiana. Benedictinos, la orden historicamente más comprometida con la pureza litúrgica. Son señales significativas.

Volver a la Portada

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *