Panorama Católico

Letra Muerta Litúrgica

Si un juez del fuero civil o penal deja de aplicar la ley y falla según su propia voluntad es inmediatamente pasible de juicio y remoción de su cargo. Pero parece que los miembros de la jerarquía eclesiástica están eximidos de cumplir con lo prescripto por la ley canónica y las disposiciones de la Santa Sede. Extraña concepción del “derecho” y la “obediencia”.

Escribe Ricardo Fraga

Si un juez del fuero civil o penal deja de aplicar la ley y falla según su propia voluntad es inmediatamente pasible de juicio y remoción de su cargo. Pero parece que los miembros de la jerarquía eclesiástica están eximidos de cumplir con lo prescripto por la ley canónica y las disposiciones de la Santa Sede. Extraña concepción del “derecho” y la “obediencia”.

Escribe Ricardo Fraga

Es mi función aplicar el texto vigente de las normas, me plazcan éstas o no y con tal, naturalmente, que se ajusten al superior ordenamiento constitucional y no contengan de manera expresa u oblicua preceptos en franca contradicción con el derecho natural entendido, cuanto menos, como un conjunto de valores supralegales de raíz ética y carácter objetivo.

Para calibrar la significación auténtica de dichas normas será, casi siempre, necesario recurrir a los diversos sistemas de interpretación en cuyo contexto emergerá el criterio exegético que, si está bien empleado por el analista (o juzgador), permitirá conocer, de manera más o menos explícita, la voluntad del legislador, iluminada que ésta haya sido oportunamente por su entendimiento.

Vaya éste (un poco difícil) exordio para adentrarnos en los meandros de nuestras desastradas prácticas litúrgicas. Sabido es (o debiera ser sabido) que ellas están absolutamente reguladas por un específico derecho litúrgico que, bien que alejado ya de toda valoración positivista (o más bien rubricista) no por ello deja de urgir la conciencia de todos quienes están obligados a su (en mayor o menor medida) riguroso cumplimiento.

En su momento ** destaqué el generalizado estado de desobediencia en que la Iglesia (esto es muchas diócesis, particularmente en la Argentina, que es la primera realidad que tengo ante los ojos) se encuentra en punto a la real vigencia del documento Sacrosanctum concilium del Concilio Vaticano II (1963) que inspiró las reformas litúrgicas acuñadas posteriormente por Pablo VI y Juan Pablo II.

Se habló, en algún momento, de un espíritu superador del texto pero, si bien es siempre verdadero el adagio paulino de que la letra mata y sólo el espíritu vivifica, habría que analizar seriamente si lo que muchos denominan espíritu de la reforma no constituye otra cosa que una introducción fantástica de todos sus delirios ideológicos, alejados totalmente de la dimensión sagrada que debe llenar siempre el espacio (templo) y el tiempo (rito) de la acción litúrgica, concebida como símbolo excelso e irremplazable de la comunicación con la divinidad, esto es, la logiké latreia, o culto racional de nuestra vulgata latina (Rom. 22,1).

Más allá de todas las reglas emanadas a lo largo de estos últimos años de parte de la Sede Apostólica es dable observar (con gran desconcierto de mi parte) que en pocos recintos sagrados se cumple con fidelidad y gozo con dicha disciplina. Antes al contrario, parecería ser un desafío abierto y constante el modo de degradar cada vez más el ya más que alicaído ámbito de las cosas religiosas; y ello aún en el seno mismo de las iglesias catedrales que (como lo veremos en un momento más) deberían erigirse (como históricamente aconteció) en paradigmas de la observancia cultual, a fin de ofrecerse como modelos de imitación a todas las comunidades que en la fe y en la plegaria, de ellas dependen. (Es necesario constatar acá que, en un recinto sacro muy próximo a nosotros, es factible escuchar palabras soeces proferidas en plena homilía, tanto como la introducción de toda clase de lenguajes vulgares y de ceremonias reñidas, ya no con lo que marca el derecho canónico, sino incluso con el buen gusto y la misma elemental sensatez, cuando no constatar la proliferación de ministros extraordinarios -bastante ordinarios-, sin misión litúrgica alguna debidamente certificada o, last but not least, un reguero de música melódica que ni atrae a los jóvenes cultos y espanta aún, a juzgar por su escaso número, a sus mismos desafinados ejecutantes).

El mismo Papa Benedicto XVI ha señalado con singular coraje que “con la certeza de la presencia del Señor afrontemos valientemente la realidad, sin que el optimismo que nos impulsa siempre, represente un obstáculo para llamar las cosas por su nombre con total objetividad y sin idealizarlas” (discurso L’Osservatore romano, 11/11/2005).

Convendría recordar que tan sólo me propuse verificar el cumplimiento auténtico de las leyes sagradas en vigor, más allá de toda posible connotación subjetiva y esto a la luz de las más recentísimas disposiciones emanadas de la Autoridad competente en dicha materia.

Veamos, entonces, algunos (muy breves) puntos contenidos en las 50 proposiciones promulgadas (a modo de líneas de orientación) por el último Sínodo celebrado en Roma bajo el pontificado del papa Benedicto XVI y que se clausurara el domingo 23 de octubre de 2005, como corolario del año de la Eucaristía, (empleo la versión oficiosa en lengua italiana divulgada por Zenit.org y que trato de volcar fielmente en lengua española).

La proposición 25ª lleva por título la dignidad de la celebración y en ella el sagrado sínodo señala (con toda justeza) que los obispos, como moderadores de la vida litúrgica, han de promover una digna celebración de los sacramentos en su propia diócesis” y los exhorta “a corregir los abusos y proponer el culto de la iglesia catedral como ejemplo.

La misma proposición destaca que una auténtica acción litúrgica expresa la sacralidad del misterio eucarístico. Esta (sacralidad) debe traslucirse en las palabras y en las acciones del sacerdote celebrante, mientras él intercede cerca de Dios Padre, ya sea con los fieles, ya por ellos“. Y más adelante: el valor, la importancia y la necesidad de la observancia de las normas litúrgicas sean sacadas a la luz. La celebración eucarística respete la sobriedad y la fidelidad al rito querido por la Iglesia, con aquel sentido de lo sagrado que ayuda a vivir el encuentro con Dios y con aquellas formas incluso sensibles que lo favorece (armonía del rito, de las vestiduras litúrgicas, del decoro de los ornamentos y del lugar sagrado). Antes, el mismo texto había solicitado “se evite el exceso de participantes que puede conducir a una manipulación (sic) de la santa misa” (urticante tema de muchas de nuestras celebraciones incluso mínimas).

Como puede notarse temas todos prácticamente ausentes de nuestros templos en los cuales parecen brillar por su ausencia los deseos de los Padres sinodales. ¿Doble verdad? ¿Disociación entre teoría y praxis? ¿Camuflaje en Roma?

O ¿a los laicos preparados nos toman el pelo?

La proposición 36ª establece una recomendación fundamental para los sacerdotes que egresen del seminario: (que estén) preparados para comprender y celebrar la santa misa en latín, así como para utilizar plegarias latinas y a saber valorizar el canto gregoriano. (Se recomienda lo que, naturalmente, casi ya no existe y que, cuando existe, se persigue con satánico furor).

Insisto en un punto para mí central: en la profesión que ejerzo no se toleraría ni un instante la actividad de un magistrado que no sólo desconociese el texto mismo de la ley, sino que incluso tolerase impávido su habitual incumplimiento. Y si bien éstas (que comento) no son normas jurídicas imperativas constituyen, con certeza, un excelso deseo pastoral emanado de la colegialidad episcopal. ¿O ésta sólo sirve para disimular u ocultar toda clase de abusos?

La proposición 38ª recomienda vivamente a los sacerdotes la celebración cotidiana de la santa misa, incluso cuando no haya participación de los fieles. ¡Horror modernista! Es, empero, la doctrina y el mandato del Concilio de Trento. En este plano la proposición 43ª resalta que la promoción de la participación cotidiana en la celebración de la santa misa se manifiesta, en los ritos latinos, un medio eficaz de desarrollo de esta espiritualidad (la eucarística) en el corazón de la vida familiar, profesional, social y política.

(Y por este mismo motivo opino: porque me encuentro en los cuatro planos enumerados). Nótese, al pasar, el plural los ritos latinos. Creo yo que quizás no se refiere tan sólo al ambrosiano o mozárabe (por poner dos ejemplos) sino de manera particular al llamado rito de san Pío V, especialmente protegido por el motu proprio pontificio Ecclesia Dei (de casi olímpica inaplicación en estos lares).

Por último, no dejaré de mencionar la proposición 46ª que señala que no hay coherencia eucarística cuando se promueven leyes que van contra el bien integral del hombre, contra la justicia y el derecho natural, (ya que) no se puede separar la opción privada de la pública, urgiendo a los obispos a que en la aplicación de esta orientación ejerzan la virtud de la fortaleza y de la prudencia, según las concretas situaciones locales.

Los pocos obispos argentinos que se animaron a ello (gracias a Dios algunos hubo) han quedado descolocados.

A esta altura, y en ejercicio del derecho que me concede el canon 212 parágr. 3º del CIC ** (1983): ¿es mucho pedir a nuestros Pastores una actitud proporcional o equitativa para que las exhortaciones del Sínodo, y del mismo Romano Pontífice, no se conviertan en letra muerta litúrgica?

* (v. La reforma deformada, El Cóndor, nº 19.418, 15-09-04)

* Es importantísimo conocer el contenido de este parágrafo: (los fieles) tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas.

Volver a la Portada

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *