Panorama Católico

Lo que la ciencia no puede responder

Un reciente estudio médico ha pretendido demostrar la ineficacia de la oración como recurso terapéutico. Según un artículo del American Heart Journal realizado por científicos del Beth Israel Deaoness de Boston, los pacientes cardíacos que rezan no logran mejorar su salud.

“Hombres que creyéndose sabios se volvieron estúpidos”

Un reciente estudio médico ha pretendido demostrar la ineficacia de la oración como recurso terapéutico. Según un artículo del American Heart Journal realizado por científicos del Beth Israel Deaoness de Boston, los pacientes cardíacos que rezan no logran mejorar su salud.

“Hombres que creyéndose sabios se volvieron estúpidos”

Escribe el Dr. Miguel De Lorenzo

Hace ya muchos años uno de los primeros astronautas rusos que se abalanzó sobre el espacio, declaraba a su regreso a la tierra, que después de haber recorrido los cielos infinitos podía asegurar que Dios no existía, porque al explorar el cosmos no lo había encontrado.

Por ese entonces, uno podía ensayar en su defensa, que se trataba de un soviético interplanetario, hijo de esa precariedad llamada materialismo, que, naturalmente, no alcanzaba a entrever, ni siquiera de lejos, el sin sentido que acababa de formular.

Pasado el tiempo, autodestruido el régimen de la felicidad eterna que enviara al ruso miope al espacio, desde otro lejano imperialismo que por otra parte, constituye el lado soleado del jardín del mundo occidental, se enuncia un absurdo   que supera pródigamente aquel de la indigencia soviética.

En efecto, en el último número del American Heart Journal un grupo de científicos del centro médico Beth Israel Deaoness en Boston, publica un trabajo en el que – a un costo de 2,4 millones de dólares – dicen estudiar, la aparición de complicaciones en el pos operatorio de cirugía coronaria, básicamente entre dos grupos de enfermos en similares condiciones clínicas, salvo que por el primer grupo alguien había rezado, por el segundo no.

Con la mayor solemnidad  como corresponde a  bostonianos de pura cepa, nos informan que, de acuerdo a los resultados de su investigación ellos no encuentran diferencias significativas en la evolución de ambos grupos de pacientes, por lo que concluyen que, rezar por un enfermo, no ayuda a su recuperación ni a evitar complicaciones.

En realidad y sin pretender ahondar en mayores consideraciones sobre la filosofía de la ciencia, no podemos dejar de insistir  en un punto fundamental a saber, que a determinada ciencia corresponde un objeto específico, el que a su vez, es analizado a través de un método apropiado.

De igual manera es cierto, que a menudo hay una armoniosa comunicación entre aspectos confluentes de ciencias diversas, tal el caso por ejemplo  de la unión de la matemática y la astronomía o de la biología y la química, ya que resultan naturalmente enlazadas por objetos comunes.

Pero y siguiendo este enunciado, es evidente que el problema de Dios en si mismo, trasciende en mucho los diversos objetos de las ciencias particulares. El problema de Dios, no está entonces al alcance de la ciencia, ni por su objeto, ni por la metodología aplicada para su comprensión, ni en consecuencia por su capacidad de resolverlo.

Naturalmente en este desarrollo nos estamos refiriendo a la ciencia contemporánea, rigurosamente alejada de la especulación metafísica, a la que por otra parte niega toda posibilidad de existir.

Claro que en una etapa posterior, y no pocas veces como resultado de las mismas investigaciones, se generan nuevas preguntas que si bien son, en parte, ajenas al objeto de la ciencia en cuestión, golpean hondamente a los investigadores de todos los tiempos en cuanto seres humanos que se interrogan sobre que es el hombre, sobre su destino, sobre el misterio de Dios.

Es en este punto, donde la filosofía, la metafísica , la teología, aún dentro de sus humanas limitaciones, deberían ser interrogadas.

El artículo del A.H.J. esta concebido en base a criterios epidemiológicos, esto es sumatoria de datos clínicos de pacientes y posterior análisis estadístico de esas poblaciones y de sus evoluciones y eventuales complicaciones. Luego, de la   cuantificación de estos hechos de la experiencia se elabora una teoría que los explica, o intenta hacerlo, explorando  las causas primarias.

Resulta entonces evidente que hay dos niveles distintos, uno que recopila y mide y otro que busca las causas y ambos pueden muy bien no ser concurrentes ya que el primero puede ser verdadero pero la teoría sobre el desarrollada, falsa.

Porque, claro está, debe haber digamos así, una “proporcionalidad” entre los datos y las conclusiones, resultaría en extremo curioso que del análisis numérico, aún el más exhaustivo,  sobre la cosecha de tomates, se finalizara, por ejemplo, en Aristóteles.

Necedad totalitaria de la ciencia que cree poder con todo, porque todo lo sabe. Sería más o menos de este modo, si uno reza Dios “debe” responder y hacerlo además “de acuerdo” a los parámetros que deciden en Boston.

Seguramente no recordaron aquella  indicación del libro de Job “he aquí al Dios grande que vence nuestra ciencia” cita que acaso retomara San Agustín cuando dice: “tocar con la mente a Dios es la máxima felicidad… pero abarcarle es imposible”.

Sospecho que no debe ser pequeña la soberbia, o la ignorancia ( suelen ir de la mano) de los que se animaron a enviar y de los que se atrevieron a publicar semejante desvarío, y aunque el AHJ no figuraba dentro de las revistas de mayor nivel internacional dentro de la cardiología, ahora puede ostentar el dudoso privilegio del ridículo.

Atractiva, en cambio nos parece la cita de Einstein con la que encabezan el estudio y en la que el científico expresa: “Históricamente uno esta inclinado  a mirar a la ciencia y a la religión  como irreconciliables antagonistas, mantengo que el sentimiento en las religiones, constituye el mas fuerte estímulo a la investigación científica”.

Y claro que no hay antagonismos sino incentivos para profundizar el conocimiento de las cosas, porque como decíamos antes, la ciencia “inquieta” al hombre  para  que a través de la investigación enraizada en la filosofía, dé alguna luz sobre  las incertidumbres que rodean a los seres humanos. Solo que el trabajo plantea otra cosa,  ya que, lo suyo es simplemente ceder a la estadística, artificio de las matemáticas, la potestad de  examinar, mediante la simple razón del cálculo, nada menos que algo así como la “respuesta” de Dios, ante la oración.

El mismo Borges consideraba a la estadística apenas como una superstición,  de ser así, ¿pondría algún hombre su destino, al amparo de tal   insignificancia?

La pregunta permanecerá ahí, inquietante e insoluble, generando una tensión frente a la cual la ciencia debería necesariamente replegarse cediendo el sitio a la metafísica… de lo contrario, explorará una y otra vez buscando certezas en territorios impropios y por caminos equívocos que la conducirán como en este caso a exponer enormidades, donde debería haber silencio.

Aunque el recuento de datos esta vez fue negativo para la divinidad, nos parece innecesario aclarar por lo expresado, que nuestro estupor no sería un punto menor de haber resultado “favorable”.

Es el mismo Einstein, en otro escrito, quien afirma: “en este cosmos inabarcable, se revela una infinita inteligencia superior”. ¿poseerán la estadística o aún la medicina, partiendo de conocimientos  materiales y por tanto acotados por limitaciones de todo orden,  la capacidad de hacernos entrever, aunque sea en nuestra penumbra, a esa infinita inteligencia superior?

Nos parece encontrarnos delante de un ensayo que, incumple desde el planteo con los requerimientos básicos de la investigación médica, confundiendo sus objetivos, y utilizando una metodología errónea, aportando datos inverificables, no reproduciles, y aventurando resultados que, desde el punto de vista   científico,  tienen la minuciosa fantasía, de un cuento de hadas.

Es que no erraba Heidegger, al  referirse a la debilidad del quehacer filosófico, frente a la ciencia contemporánea persuadida de poder controlarlo y dominarlo todo, cuando decía: “Hoy juzgamos el pensamiento según una regla de medida que no conviene a su naturaleza…es como si se pretendiese apreciar la naturaleza y las posibilidades de los peces según su aptitud para vivir fuera del agua”.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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