Panorama Católico

Los Inimaginables Designios de Dios

Ubiquémonos en Jerusalén, año 30 de nuestra era: dos judíos se encuentran y uno de ellos le dice al otro: estando en el mostrador del bar, se me acerca un fulano al que preguntándole quien era, sin mayores preámbulos me asevera que él es el MESIAS que viene a salvar Israel y también al mundo.

Ubiquémonos en Jerusalén, año 30 de nuestra era: dos judíos se encuentran y uno de ellos le dice al otro: estando en el mostrador del bar, se me acerca un fulano al que preguntándole quien era, sin mayores preámbulos me asevera que él es el MESIAS que viene a salvar Israel y también al mundo.

Y era tan imponente su presencia y tan convincente su relato, que quedé casi del todo convencido de lo que me decía. Y continuando su exposición, me aclaró que antes debía designar a los que habrían de ser sus más estrechos colaboradores. Entonces – tercié yo –
Le será preciso viajar a la Atenas griega o a Roma, ¿no es cierto?

“De ningún modo, me contestó, no hay necesidad de que eso haga; los escogeré aquí nomás, entre los PESCADORES de la ribera del mar de Galilea”.

Al oír eso, mi estimado amigo, no me atreví por elemental cortesía a reírmele en la cara y sólo atiné a decirle “Si, si, lo entiendo perfectamente, pero como ahora tengo algunas cosas que hacer, seguiremos la charla otro día”.

Y finiquitando su relato sentenció el judío: “ciertamente lo disimulaba muy bien, pero ¿qué duda cabe que es un trastornado? ¿A quién sino a un loco, se le ocurre para tan magna empresa, seleccionar a su estado mayor de entre un grupo de pobres tipos de tan ínfima e insignificante categoría?”

La conclusión a la que llegó el judío de nuestro cuento es plenamente justificada y tan es ello así, que está avalada por la realidad histórica, ya que Nuestro Señor nos hizo a los iletrados PESCADORES sus APOSTOLES porque como puntualiza San Mateo, IV, 18 “Caminando Jesús por la ribera vio a dos hermanos, Pedro y Andrés que eran PESCADORES y les dijo: seguidme y Yo os haré pescadores de HOMBRES”.

Eran ciertamente Pescadores cuando el Señor los llamó, pero transformados fueron en APOSTOLES, cuando iluminándolos descendió sobre ellos el Espíritu Santo, y así Pedro presentándose ante la multitud, levantó su voz y con inocultable autoridad les dijo: “estad atentos a lo que voy a deciros y escuchad mis palabras” Hechos, II, 14.

Muy atrás, pero muy atrás, había quedado el rústico Simon Bar Jona.

Lo que son los designios de Dios: ¿quién habría de imaginar que un insignificante PESCADOR palestinense habría de convertirse en sacerdote, obispo y primer SUMO PONTIFICE de la Iglesia?

Pero esto que parece mucho, en rigor no es nada, si lo comparamos con el hecho de que todos, por ínfimos que seamos, podemos merced a la GRACIA infundida en el bautismo, volvernos HIJOS ADOPTIVOS DE DIOS, conforme lo enseña el Apóstol San Juan en el Cap. 1° de su Evangelio.

Dios pudo limitarse a tener con nosotros la sola relación de Creador a criatura como la que tiene con los vegetales y los animales, y habernos hecho simples seres provistos de razón, lo cual no es poco.
Pero inimaginablemente quiso ser nuestro PADRE ADOPTIVO y que fuéramos miembros del CUERPO MISTICO de su Hijo Jesucristo, con derecho – por pura gracia –
a participar de la visión beatífica, lo que excede infinitamente los límites de nuestra humana  naturaleza.

Agosto de 2013,
Para Panorama Católico Digital.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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