Panorama Católico

Los Kikos en el candelero

Pronto nuestra osadía se vio recompensada. Un sacerdote, suponíamos, se inclinó sobre el altar, o mesa, oficiando algo que no adivinábamos qué sería. Mujeres y hombres que habían llegado de la Sacristía se colocaron en torno al altar, o mesa, y empezaron a cantar. Momentos más tarde se inició un baile, especie de sardana. El «conductor» decía cosas en voz baja… Luego, todos se sentaron en unas sillas, previamente dispuestas mirando hacia la nave y de espaldas al altar… o mesa.

En el año 1984 vivía con mi familia en una histórica ciudad castellana cuna de grandes santos. Su iglesia principal es la catedral, por supuesto. Pero una de de las más visitadas era la que presidía su plaza principal.

Al anochecer de un día de otoño salíamos del Casino en compañía de unos amigos y pasamos por delante del portalón principal que para nuestra extrañeza estaba entornado. Qué raro, tan tarde, pues serían cerca de las diez de la noche de un día laborable. Curiosos nos detuvimos – «Entramos»-«No entramos» – … Una de nuestras mujeres empujó la puerta interna del atrio. Todo estaba muy oscuro, pero del interior se filtraban algunas voces en sordina.

La iglesia es una reliquia del románico tardío de unos ochenta metros de largo con altares votivos en los laterales. Planta en cruz latina y la nave central, dividida en dos por sendas filas de aproximadamente veinte o treinta bancos con sus reclinatorios. Al fondo un modesto retablo presidido por su santo patrón.

Lo primero que vimos fue, allá al fondo, una iluminación muy fuerte que destacaba por la oscuridad del resto de la nave. Procurando pasar inadvertidos nos sentamos prudentemente a unos veinte metros del altar, o mesa. La curiosidad subió cuando vimos que un hombre y dos mujeres estaban disponiendo ciertos utensilios en la mesa – o altar – cubierta ya con los paños habituales.

Pronto nuestra osadía se vio recompensada. Un sacerdote, suponíamos, se inclinó sobre el altar, o mesa, oficiando algo que no adivinábamos qué sería. Mujeres y hombres que habían llegado de la Sacristía se colocaron en torno al altar, o mesa, y empezaron a cantar. Momentos más tarde se inició un baile, especie de sardana. El «conductor» decía cosas en voz baja… Luego, todos se sentaron en unas sillas, previamente dispuestas mirando hacia la nave y de espaldas al altar… o mesa.

No vimos ceremonial ninguno que se pareciera a nuestras misas… o eucaristías. Ni un gesto, digamos canónico, de consagración. Uno de los hombres tomó una hogaza de pan, que estaba bien visible encima del altar-mesa y la llevó a la fila de los sentados que le pellizcaban una porción y se la comían. Poco después de los asistentes uno acercaba el perol a los otros, que bebían de él a discreción lo que supusimos sería vino.

Uno de nosotros dijo: «-No sé qué hacemos aquí. Mejor vayámonos a nuestras casas.» Despacio, nos levantamos y nos dimos vuelta para atrás. Andábamos de espaldas a la luz y de cara a la oscuridad cuando vimos en el aire, a la altura de los bancos, unos ojos rojos, oblicuos, solitarios que el reflejo de la luz hacía brillar como si flotaran en la negrura del pasillo… ¡Qué impresión! Aquel perro callejero fue lo que nos faltaba para apresurar la salida.

A la mañana siguiente las mujeres fueron a ver al párroco. Entraron en la iglesia. Una limpiadora estaba trabajando y a ella le comentaron: «- Anoche nos extrañó una gente que estuvo aquí, entre las nueve y las diez.» «-¡Ah! Sí. Son amigos de Don Equis, el coadjutor.» «-¿Protestantes…?» – propuso una. «-¡Nooo! Creo que son «neo-no-sé-qué… De esos que comulgan con pan corriente.» Y se volvió a su tarea murmurando: «-¡Bonito han dejado de migas el suelo…!»

Con pequeños errores, propios de la memoria, el relato creo que señala el impacto que sufrimos con aquella experiencia, la cual recuerdo ahora por la actualidad de los Kikos que parecen llamados a gran protagonismo en la historia moderna de la Iglesia. Un millón setecientos mil miembros no son una bagatela. Más, si sabemos que pueden reunir óbolos de muchos millones de euros anuales. Lo que está más que bien.

Pero surgen preguntas. Por ejemplo, por qué la Iglesia del Japón le ha pedido al Papa que les eche del país y que no vuelvan hasta pasados cinco años. O qué significa eso de que su catecismo – atención: «su» – sea tan «controvertido» para ciertos obispos. De la primera pregunta, probablemente haya notas en Internet que lo expliquen. De la segunda puedo informar que el Catecismo Secreto de Kiko, acompañado de lo que se conoce por sus «mamotretos», tiene estridencias imposibles de admitir. Veamos una selección de ‘artículos de fe’ neocatecumenales:


* El verdadero Sacramento de la Penitencia es el Bautismo, lo demás sobra. [Lo cual les hermana con el luteranismo.]

* Nadie peca realmente, pues el hombre no puede evitar el pecado. [Esto ya nos lo ‘enseñó’ don Marciano Vidal.]

* Jesús no ha realizado ninguna redención, ni ha sido víctima propiciatoria en la cruz. Jesús ha salvado al mundo con su resurrección. [Claro, la resurrección de Cristo es más fácil de admitir que el hecho de que en Él se confirmen todas las profecías mesiánicas.]

* En virtud de la misericordia de Dios, al final todo el mundo se salva. [Principalísimo dogma de la ONU.]

* La presencia real de Cristo en la Eucaristía no puede aceptarse porque no es creíble el ‘supuesto’ prodigio de la transustanciación. [Tesis protestante: «Por más que lo miremos, el pan es sólo pan, y el vino es sólo vino.»]

* En el altar – o mesa – no se ofrece sacrificio alguno. [Naturalmente, si el pan no es cuerpo de Cristo, si el vino no es su sangre…]

* La Iglesia Católica no es una sociedad jerárquica sino carismática. [Arrivederci San Pedro.]

* No existe Eucaristía sin asamblea que la proclame; es de la asamblea de donde surge la Eucaristía. [Protestantismo preparatorio al judaísmo, a su sinagoga y a sus rituales.]

Fuente: Chiesa Viva, nº 430, p. 44. (Los paréntesis son del artículo.)

Es de suponer que el Papa sepa de los Kikos rectificaciones, yo mejor diré conversiones, que no se han hecho públicas todavía. Así lo podemos suponer del especial afecto que demuestra a sus líderes. Debemos, por tanto, confiar y esperar una oportuna declaración en el sentido de que el «Controvertido» haya sido al fin desechado y la fe católica, de la que los Kikos tanto han nutrido su rebaño, sea al fin proclamada por todos sus miembros.

Porque se está extendiendo la sospecha de que las congregaciones – y las religiones – parecen más razonables, competentes y defendibles según el número de afiliados y el poder económico que detenten. Más en estos momentos de penuria y quiebra técnica a que se ha llegado en la Roma Eterna. Quizás hayamos de hacer de tripas corazón y pase con los robos de la fe como en aquella clasificación de  La Codorniz



, según sea el dinero que haya de por medio.



Aquel semanario humorístico decía algo así como que cuando se trata de, pongamos hoy, €100,00, el delito es de robo con escalo. Si son €1.000,00, estafa; si €50.000,00, disposición indebida; si €100.000,00, baile de números… Cuando se llega a un millón, entonces es Contabilidad Creativa; para diez millones, se aplica el título Operación Financiera y si se pasa de cien millones es ya un Rescate Monetario.

En el símil, el lector puede colocar lo que le parezca graduando desde la excomunión hasta la aureola.

Fuente: Periodista Digital





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cabezadetortugamacho@gmail.com

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