Panorama Católico

Los narcos declaran la guerra a los mexicanos

La maniobra entre el venezolano Hugo Chávez y el grupo terrorista
de las FARC para pulir sus deterioradas imágenes y desgastar a su
enemigo común, el presidente colombiano Álvaro Uribe culpándole de los
retrasos en la liberación de tres de los cientos de secuestrados y
exigiéndole que negocie con los terroristas, ha mostrado ante el mundo
la crueldad de los narcoguerrilleros. Sólo los ciegos y los sectarios
pueden negar ya la condición terrorista de los FARC.

La maniobra entre el venezolano Hugo Chávez y el grupo terrorista
de las FARC para pulir sus deterioradas imágenes y desgastar a su
enemigo común, el presidente colombiano Álvaro Uribe culpándole de los
retrasos en la liberación de tres de los cientos de secuestrados y
exigiéndole que negocie con los terroristas, ha mostrado ante el mundo
la crueldad de los narcoguerrilleros. Sólo los ciegos y los sectarios
pueden negar ya la condición terrorista de los FARC. Por desgracia, en
Occidente –salvo Estados Unidos por motivos de cercanía- no merece
tanta atención la ofensiva terrorista del narcotráfico para derrotar al
Estado mexicano.

Por Pedro Fernández Barbadillo

Hace un año, en diciembre de 2006, el presidente mexicano Felipe
Calderón (PAN) declaró la guerra a la delincuencia y el narcotráfico[1], y ordenó el despliegue de unidades de la Policía Federal y de las Fuerzas Armadas[2]
para hacer frente a la potencia de fuego de varios cárteles de la droga
y a su infiltración en las policías y administraciones locales. En
estos meses, se han librado auténticas batallas que, en algunos lugares
de México, como los estados de Sinaloa y Nuevo León y la ciudad de
Tijuana, recuerdan por su violencia a Somalia, Pakistán o Irak. Las
bandas de narcotraficantes llegan a sitiar comisarías, a irrumpir en
cárceles, a buscar a sus víctimas heridas en el interior de hospitales
para rematarlas, a robar los cadáveres de sus jefes y a emboscar
convoyes militares[3].
Además, la logística y la crueldad de los cárteles ha aumentado: son
capaces de secuestrar a rivales, policías y funcionarios, ocultarlos
durante días, torturarlos y matarlos. La última marca para asustar a
los mexicanos es el abandono de cadáveres decapitados –más de 40- o
descuartizados, como si sus asesinos fuesen partidas de hunos[4].

Uno de los principales periódicos mexicanos presenta así la situación[5]:

En su arrogancia, los narcotraficantes han declarado la guerra
al Estado y en el último año han demostrado que en su obsesión por
mantener intacto su negocio harán lo que sea: financiar campañas
políticas, costear marchas para repudiar la presencia del Ejército,
utilizar a menores de edad, secuestrar empresarios, cobrar derecho de
piso a comerciantes so pena de ser asesinados e incluso utilizar a
personas inocentes como escudos ante las balas.

Los datos de la delincuencia en México, un país de 104 millones de
habitantes y miembro de la OCDE, son aterradores. Tiene una las tasas
de homicidios más altas del mundo. De acuerdo con un informe[6] presentado por varios diputados a principios de enero:

Al cierre de 2007 el número de homicidios creció a 26 mil 769,
lo que equivale a 73 muertes diarias denunciadas; y las pérdidas
económicas ascienden a 50 mil millones de pesos (…). Tan sólo las
ejecuciones del narcotráfico y del crimen organizado, supera las 2 mil
muertes. En todo el país son alrededor de 170 mil presos, cuyo costo de
manutención equivale a más de 21 millones de pesos diarios. (…) Sólo
una de cada cinco víctimas denuncia el delito, y del total de delitos
cometidos sólo en un 14 por ciento se inicia averiguación previa.

Los asesinatos cometidos por narcos y sicarios, que en México se llaman ejecuciones,
fueron 8,3 diarios en 2007, lo que supone 3.000 muertos, producidos en
todo el país, salvo en los estados de Tolima, Tlaxcala y Baja
California. Las bajas mortales entre policías federales, estatales y
locales, marinos y militares fueron 197.

En el año recién comenzado, la violencia criminal no ha decrecido.
A mediados de enero, una veintena de pistoleros se atrincheró en el
centro de la ciudad de Tijuana y mantuvo un tiroteo con fuerzas
policiales y militares[7]. A los delincuentes no les importó poner en peligro la vida de unas docenas de niños[8]
que estaban en una guardería cercana y que fueron evacuados por los
uniformados. Los pistoleros disponían de equipos de comunicación y “durante
el tiroteo, los sicarios tuvieron acceso a la frecuencia policíaca y
amenazaron a uniformados diciendo que eso les pasa por meterse con
ellos”
[9].

La explicación de una advertencia tan chocante hay que buscarla en
el pasado del país. Durante muchos años, la delincuencia organizada
convivió muy a gusto con el poder monolítico del PRI. Al comentar el
libro Almanaque 2008, de Sergio Aguayo[10], un profesor universitario escribió[11]:

El apartado “Narcotráfico y violencia” reconoce que ambos
crecieron por la pasividad de Fox, la fragmentación del poder y un
efecto no deseado de la democracia. Dicho tráfico nació dependiente del
poder político y por décadas respetó las reglas del Estado que le
vetaba participar en política, desviar drogas destinadas a EU al
mercado interno y respetar las decisiones del gobierno. Concluye: “La
alternancia en el poder y el aumento en el poder de los estados
destrozaron los acuerdos y hoy el crimen organizado trata con
funcionarios de los tres niveles de gobierno y promueve el consumo”. Es
decir, que hoy el narco trate con gobiernos estatales y municipales de
los tres principales partidos, y no sólo con uno, le ofrece mayor
autonomía de acción para regionalizar sus actividades, fortalecerse y
concentrarse o diseminarse frente a emergencias, participar en las
elecciones e imponer candidatos —como recién sucedió en Michoacán—,
generar una base de apoyo social estable y dispersa, incursionar en
otras actividades delictivas, todo ello aunado a la presencia de los
“nuevos virreyes”, algunos gobernadores que al amparo de la
descentralización política reclaman una sospechosa soberanía.

Un Estado criminal, como era el mexicano levantado por el PRI o también el soviético del comunismo[12] y el italiano de la partitocracia de posguerra[13],
carecía de acicate moral para combatir el delito común, ya que sus
dirigentes eran delincuentes políticos. Éstos preferían repartirse los
negocios con acuerdos entre caballeros: a cambio de dinero o
servicios, como la eliminación de oponentes, los delincuentes comunes
podían seguir operando. La situación se mantuvo hasta que las mafias
sobrevivieron a esos regímenes y se alimentaron de sus restos. Como
señala Aguayo en la entrevista citada, “la Dirección Federal de
Seguridad, en los años 70 y 80, sólo incluía como amenaza a la
seguridad nacional a aquéllos que se oponían al gobierno prisita”
y no a la delincuencia organizada; ésta, añadimos nosotros, o era parte del régimen o estaba comprada.

El modelo de Colombia: las FARC en México

Los narcotraficantes no sólo combaten contra los representantes de la ley, sino entre ellos. Por ejemplo[14],

Durante esos años, el Distrito Federal había sido un territorio
“neutral” en el cual podían operar todos los grupos delictivos sin
ningún roce entre ellos, no obstante, los últimos acontecimientos en
los que varias personas han sido mutiladas, se ve la disputa de un solo
grupo por controlar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México,
punto neurálgico para el acceso de la droga al país.

Pero todos los cárteles, el de Sinaloa, el del Golfo, el de Tijuana[15],
coinciden en demoler el Estado para hacerse con territorios francos y
repetir lo ocurrido en Colombia en los años 80. Las guerrillas y los
cárteles aliados expulsaron de amplias zonas del país sudamericano a
las autoridades nacionales y sometieron a las locales. Disponían de
cultivos de coca, laboratorios, pistas de aterrizaje de aviones y hasta
de submarinos[16];
los jefes de los cárteles obtuvieron cargos de elección popular; los
guerrilleros hallaron un medio de ingreso de dinero. Y ambos bandos se
prestaban apoyo en la lucha contra el enemigo común: el Estado. Se han
descubierto alianzas entre diversos cárteles mexicanos[17] y entre éstos y otros guatemaltecos[18] y colombianos, al igual que hacían las familias de la mafia en Estados Unidos.

Un periodista mexicano resume así las similitudes y diferencias entre México y Colombia[19]:

Lo que está ocurriendo en México recuerda a la Colombia de la
década de 1980, cuando los cárteles de Medellín y Cali tenían más poder
que el Gobierno en algunas zonas del país. México no ha llegado a ese
nivel. No existe manera de que el jefe de un cartel de la droga
mexicano gane una banca en el parlamento, como lo hizo Pablo Escobar,
del Cartel de Medellín, o presentarse a las elecciones al Senado, como
hizo Carlos Lehder, del Cartel de Cali. Pero hay algunos paralelismos.
“La violencia que se genera en México alrededor del narcotráfico es
comparable con la nuestra en los años 80”, dijo el año pasado en una
entrevista con Reuters el general Oscar Naranjo, jefe de la policía de
Colombia. “México está experimentando lo que uno puede llamar la
segunda generación de narcotraficantes (…) que pretenden desarrollar
control territorial de unas áreas, que pretenden asegurar el monopolio
del tráfico”, añadió.

A las FARC y a los narcotraficantes, como a Hugo Chávez, les
interesa que la desestabilización arraigue en toda Iberoamérica, porque
es buena para los negocios y para su estrategia política. Por ello, el
grupo narcoterrorista colombiano, del que ahora se ha revelado como
protector el caudillo venezolano[20], se ha establecido en México.

Respecto al narcotráfico, el titular de la Procuraduría General de
la República mexicana, Eduardo Medina Mora, y el vicepresidente de la
República de Colombia, Francisco Santos Calderón, afirmaron en octubre
de 2007 que las FARC venden en torno a la mitad de la cocaína que
producen a los cárteles mexicanos[21].
Respecto a la política, Santos reveló que el frente internacional de
las FARC distribuye una media de un millón de dólares al año a sus
redes de apoyo en México[22],
constituidas por profesores universitarios, estudiantes y militantes de
extrema izquierda. Los miembros de estas redes se encargan de reclutar
guerrilleros y colaboradores, de recoger información y de organizar
actos contra los gobiernos de Colombia, Estados Unidos y México.

Según el vicepresidente Santos, el 78% de los ingresos de las FARC
proviene del narcotráfico y el resto de extorsiones, rescates por
secuestrados y aportaciones internacionales. En consecuencia, de ese
millón de dólares, más de tres cuartos tiene su origen en la cocaína. A
los receptores de ese dinero la derrota de los narcos mexicanos tampoco
les conviene.

Las enormes cantidades de dinero en metálico que atesoran los
narcos les permiten penetrar en todos los ámbitos del Estado. En 2003,
el Ejército mexicano irrumpió en 11 sedes estatales de la Fiscalía
Antidroga para detener a varios funcionarios corruptos y apoderarse de
pruebas de su implicación en el narcotráfico. Esta Fiscalía se fundó en
1997 para sustituir al Instituto Nacional de Combate a la Droga, cuyo
jefe, el general Gutiérrez Rebollo, fue detenido y condenado como
protector del cartel de Juárez. Como contaba el corresponsal del diario
español El País, “cuando los cuerpos locales de policía son
corrompidos, llegan los policías federales para poner orden, y cuando
estos sucumben, interviene el Ejército, acechado también por las
millonadas manejadas por los carteles”
[23].

También se han detectado apoyos financieros del narcotráfico a algunos políticos[24].
Y, al igual que las mafias del Este de Europa y de la droga
sudamericana, los cárteles mexicanos disponen de un numeroso y
preparado ejército formado por militares y policías renegados. Entre
1994 y 2006, 237.000 efectivos militares desertaron. ¿Cuántos de ellos
se han puesto al servicio de los narcos, con sus conocimientos sobre
combate, técnicas y organización militares, espionaje, contraespionaje
y comunicaciones? Los servicios de información de Estados Unidos y
Colombia advirtieron a mediados de 2007 que varios sicarios ex miembros
del Ejército colombiano y antiguos ejecutores a sueldo de los cárteles
de Cali y Medellín se habían trasladado a México para seguir ejerciendo
su trabajo: matar y entrenar gatilleros[25].

En esta guerra, México cuenta con un aliado: Estados Unidos. A fin
de reducir la entrada de droga en su territorio, evitar el surgimiento
de un narco-Estado y frenar la expansión de las mafias[26],
Washington lleva presionando o colaborando con los distintos Gobiernos
mexicanos desde hace décadas. Por ejemplo, en 1969 cerró la frontera
común para obligar a la erradicación de las plantaciones de marihuana y
amapola.

El actual presidente, George Bush, ha solicitado al Congreso la
aprobación de un plan antidroga de ayuda a México valorado en 1.400
millones de dólares y que incluye equipos militares y de alta
tecnología, unidades caninas y asesoría y capacitación técnica para
fortalecer el sistema judicial mexicano[27].
El Gobierno federal de EEUU también se ha comprometido a transmitir
información al mexicano y a controlar el tráfico de armas. Según
quienes conocen este mundo, los narcotraficantes envían a EEUU
vehículos con droga a través de una frontera abierta debido al Tratado
de Libre Comercio, que en el viaje de regreso vuelven cargados con
armas de alta potencia y con sacos de dinero.

Sin embargo, Estados Unidos tiene sus propios intereses, que a veces pueden no coincidir con los de México. Como dice Aguayo,

Para Estados Unidos lo importante es evitar que lleguen drogas
a su territorio (…). Y desde entonces, hace casi cuatro décadas de
esa política, está orientada a erradicar plantíos y frenar el tráfico
de narcóticos hacia Estados Unidos. Hace casi diez años vengo
insistiendo que hay un error fundamental porque el consumo ha estado
desatendido. Y si uno observa las cantidades que dedica el gobierno
mexicano para frenar el tráfico o la producción de droga para el
consumo es ridículo. En el 2000 aproximadamente el gobierno mexicano
dedicaba 850 millones de dólares para combatir producción y tráfico y
sólo 26 millones de dólares a combatir el consumo. En Estados Unidos
aproximadamente la mitad de los recursos se destina a combatir consumo
y la otra a combatir tráfico y algo de producción que tiene. Estas
cifras duras muestran que el Estado mexicano ha identificado
correctamente a la droga como amenaza a la seguridad nacional pero ha
errado en poner el acento en buscar una política más equilibrada.

En resumen, la persecución militar, policial y judicial de los narcotraficantes no debe ser la única política.

El combate en la oscuridad

La campaña de Calderón, ¿es innecesaria?, ¿desproporcionada?,
¿viola los derechos fundamentales? En opinión de organizaciones bien
conocidas por su dedicación a deslegitimar a los Estados y orillar los
verdaderos delincuentes como Amnistía Internacional[28],
la implicación de las Fuerzas Armadas supone un riesgo para los
derechos humanos. Sin embargo, ¿de qué otra manera podría combatir el
Estado a semejantes enemigos? Una de las consecuencias negativas de la
globalización ha sido el reforzamiento de las mafias y del terrorismo:
nuevos negocios, acceso a más armamento[29]
y reclutas, dispersión de sus centros de mando. Mientras las
organizaciones de delincuentes y terroristas se han adaptado al nuevo
mundo de la flexibilidad y las redes, los Estados mantienen estructuras
rígidas y muchos de sus funcionarios se mueven con conceptos de la
Guerra Fría.

El narcotráfico, la corrupción y la delincuencia han crecido en
las últimas décadas en México. Ahora Calderón trata de derrotarlas
antes de que su país conozca el destino de Colombia o de las barriadas
de las grandes ciudades brasileñas. Cuanto más tardase el Estado
mexicano en combatir a los cárteles, mayor sería la potencia de éstos.
Sin embargo, después de un año de lucha en campo abierto, los
gobernantes[30] y analistas[31]
mexicanos se han dado cuenta de que la respuesta armada no es la única.
Tal como ha ocurrido en España en la lucha contra ETA, no bastaba con
que la Guardia Civil y los demás cuerpos policiales detuvieran docenas
de comandos, reales o supuestos, entrenados o bisoños, operativos o de
distracción; la verdadera manera de ahogar a ETA y a todo el llamado
MLNV ha sido mediante otras medidas como la expulsión del brazo
político de las instituciones, una campaña internacional para demostrar
el verdadero carácter de los terroristas, el cierre de los banderines
de reclutamiento de etarras, el cumplimiento íntegro de las penas de
cárcel… Y si se hubiera contado con la colaboración de los
nacionalistas y del PSOE, la ETA habría sido derrotada hace ya unos
años.

Junto con el ejemplo español, puede aducirse el italiano[32]:

El combate contra la mafia que encabezó [el juez Giovanni]
Falcone se inició cuando el clan de Corleone, encabezado por Totò Riina
había impuesto su dictadura en la organización, tras haber
desencadenado contra sus rivales una guerra civil de un ferocidad sin
precedentes. Frente a la amenaza del Estado, Riina respondió también
con una violencia atípica, que constituyó probablemente su error fatal.
La mafia siempre procuró imponer su reinado del terror sin que se
hablara mucho de ella, pero en los años ochenta lanzó una ofensiva
terrorista contra las autoridades, de la que terminarían por ser
víctimas, entre otros, los jueces Falcone y Borsellino. La guerra, sin
embargo, la ganó el Estado.

La ganó porque no cedió, porque los gobernantes y los ciudadanos de esos años no aceptaron rendirse.

Por tanto, los siguientes pasos a dar por el Gobierno mexicano
deben centrarse en las áreas que no se ven, que no producen efectos en
poco tiempo, pero que aíslan a los delincuentes: la información, el
consumo de drogas, el reclutamiento de peones por parte de los
cárteles, las reformas legales que erradiquen la impunidad, el
ofrecimiento de alternativas a las personas dedicadas al menudeo, la
expulsión de la política y de la Administración de los corruptos, la
financiación y el blanqueo de fondos, etcétera. En esta lucha hay que
romper el tópico tan querido a la izquierda y a los corresponsales de
prensa extranjeros de que los delincuentes medran gracias a la pobreza
de la gente; más bien a las mafias les interesa mantener la miseria,
para así disponer de soldados para sus ejércitos.

Al menos la sociedad mexicana ya ha comprendido que la narco-violencia es un enemigo mortal, al que no se puede aplacar con tributos de las cien doncellas.

Y tengamos presente que los tentáculos de esas mafias llegan a
España, que es uno de los principales mercados del mundo para la cocaína[33] y de los centros de blanqueo de los narcodólares.

Notas


[1] http://www.gees.org/articulo/3451/59.

[2] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=343038.

[3] http://www.correo-gto.com.mx/notas.asp?id=8316.

[4] http://www.oem.com.mx/laprensa/notas/n542836.htm.

[5] http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/39514.html.

[6] http://www.diariolarazon.com.mx/portal/article.php?story=20071227184327272.

[7] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=342855.

[8] http://www.elperiodicodemexico.com/nota.php?sec=Nacional-Seguridad&id=155267.

[9] http://fotos.eluniversal.com.mx/fotogaleria/wfg.html?gal=4363.

[10] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=228530.

[11] http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/39519.html.

[12] http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/140.

[13]
http://www.elmundo.es/papel/2006/11/11/opinion/2048851.html y
http://www.elmundo.es/papel/2004/11/23/mundo/1723144_impresora.html

[14] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=342890.

[15] La lista de los mayores cárteles aquí: http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=218320.

[16] http://www.elperiodicodemexico.com/nota.php?sec=Internacional-Seguridad&id=149705.

[17] http://www.noticias-oax.com.mx/articulos.php?id_sec=7&id_art=26120.

[18] http://www.contralinea.com.mx/archivo/2006/marzo/htm/Alianza_Carteles_MexGuat.htm.

[19] http://www.elperiodicodemexico.com/nota.php?sec=Nacional-Politica&id=155201.

[20]
http://www.europapress.es/00069/20080118083125/parlamento-venezolano-respalda-propuesta-chavez-reconocer-beligerancia-farc-eln.html.

[21] http://www.el-universal.com.mx/notas/452299.html.

[22] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/150855.html.

[23]
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Ejercito/mexicano/desmantela/policia/antidroga/corrupcion/elpepiint/20030118elpepiint_12/Tes.

[24] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=343150.

[25] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/151278.html.

[26]
http://pan.starmedia.com/noticias/hispanos/pandillas_106722.html y
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Desarticulada/celula/Cartel/Golfo/operaba/frontera/EE/UU/elpepuint/20070418elpepuint_5/Tes

[27] http://www.lostiempos.com/noticias/23-10-07/23_10_07_inter6.php.

[28]
Ésta asociación califica en su página web a las FARC y al ELN de
“grupos armados de oposición”, con lo que desoye la postura de EEUU y
la Unión Europea, que los trata de “terroristas”.

[29] Una muestra del armamento de que disponen los narcos mexicanos: http://www.cronica.com.mx/galeria/details.php?image_id=2041

[30] http://www.eluniversal.com.mx/notas/475471.html.

[31]
http://www.hoyinternet.com/noticias/nacionmundo/mundo/latinoamerica/hoy-mxicojan16,0,7524435.story?page=2&coll=hoy-latamerica-heds-top.

[32] http://www.elcultural.es/HTML/20060622/LETRAS/LETRAS17993.asp.

[33] http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070626/51366642757.html.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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