Panorama Católico

Los obispos no saben para qué sirve la Iglesia

Si tiene un poco de paciencia, prometo ser moderado, creo que es un punto fácil de probar. Recordemos los mandatos que ha recibido la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, a saber: Enseñar, regir y santificar. (Munus docendi, regendi et sanctificandi).

Si tiene un poco de paciencia, prometo ser moderado, creo que es un punto fácil de probar. Recordemos los mandatos que ha recibido la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, a saber: Enseñar, regir y santificar. (Munus docendi, regendi et sanctificandi).

Escribe el Editor y Responsable

Este es consiguientemente sin duda alguna el deber de la Iglesia: conservar la doctrina de Cristo y propagarla íntegra e incorrupta…

Por tanto, la Iglesia es sociedad, por su origen, divina; por su fin y por los medios que próximamente se ordenan a ese fin, sobrenatural; mas en cuanto se compone de hombres, es una comunidad humana...

Carta encíclica Satis Cognitum, de S.S. León XIII

Cada vez que leemos una declaración de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina tenemos la impresión de que los obispos, o al menos los que imponen los textos, no tienen idea de qué función cumple la Iglesia.

Si tiene un poco de paciencia, prometo ser moderado, creo que es un punto fácil de probar. Recordemos los mandatos que ha recibido de Nuestro Señor Jesucristo, a saber: Enseñar, regir y santificar. (Munus docendi, regendi et sanctificandi).

Esto supone que la Iglesia tiene una autoridad sobrenatural, por encima de cualquiera de sus miembros, inclusive del Papa, que la compele, la urge, diría San Pablo a:

1) Enseñar: es decir, exponer su doctrina de un modo afirmativo, sin dudas ni cuestionamientos. El presupuesto básico de toda sana apologética es la convicción del apologista. Luego buscar un terreno común con aquel a quien se dirige. Algo que él acepte. Sobre esto se desarrolla la "pastoral", ejercicio de la caridad de decir la verdad de un modo amable. Que la verdad sea amable. Pero que sea verdad…

2) Regir: en cuestiones atingentes el orden sobrenatural y en lo que hace a las consecuencias personales y sociales de la doctrina de Cristo en el orden natural. La Iglesia debe dirigirse a las autoridades civiles para advertirles, increparlas y hasta amenazarlas con los castigos del infierno si van contra la ley de Dios. De nuevo, no por regir ha de ser áspera o antipática. Pero, si es necesario serlo… Porque la aspereza o antipatía son juzgados subjetivamente por los que se aferran al vicio o al pecado cuando sus oídos no escuchan palabras de aprobación sino de recriminación. Tampoco faltan los agrios, pero, es una comunidad humana… como define León XIII.

3) Santificar: Jesucristo ha constituido a su Iglesia en tesorera, administradora de sus gracias habituales u ordinarias. (Nada limita a Dios cuando decide dar gracias extraordinarias, por cierto). Ahora bien, estas gracias ordinarias nos vienen por los canales ordinarios de la gracia, valga el juego de palabras, que no es ocioso. Porque los canales de la gracia son los sacramentos, los sacramentales, las prédicas, las prácticas devotas… Si los curas no se ocupan de dispensar la gracia, están usurpando sus cargos y negándoles a los fieles los medios de salvación, a los que tienen pleno derecho por misericordia de Dios.

Veamos ahora tres frases de la última declaración de la CEA plenaria.

1.Enseñar: "nos dirigimos a los fieles cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, con el deseo de compartir algunas reflexiones que nos ayuden a fortalecer nuestra esperanza y a recorrer todos juntos, gobernantes y ciudadanos, el camino de la construcción del Bien Común".

Sin contar la concesión a la perspectiva de género (hombres y mujeres) que denota tara ideológica o falencia cultural, es evidente que no nos quieren enseñar, sino compartir reflexiones para fortalecer cierta esperanza que no parece sobrenatural a fin de recorrer juntos el camino (¿?) de la reconstrucción… O sea, ¡minga de magisterio! En el mejor de los casos, opinar calificadamente, y ni eso. Esto tiene tanto de cátedra episcopal como yo de talibán afgano.

2. Regir: El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que el Bien Común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social, y que la persona sola no puede encontrar realización en sí misma, prescindiendo de su ser «con» y «para» los demás. Por ello se hace necesario un amplio y sincero diálogo de toda la sociedad…

Es decir, por favor, no vayan a pensar que queremos decirles lo que tienen que hacer… ¡Dios nos libre y guarde! Nosotros solo dialogamos, no imponemos ni señalamos qué se debe hacer, (salvo dialogar, lo cual sí imponemos y señalamos). Más allá de la contradicción apuntada entre paréntesis, de neto cuño liberal, del munus regendi ni noticia. Esta "humildad", que cabría lícitamente a los miembros del episcopado como personas privadas, nunca como sacerdotes, pastores y menos aun reunidos en un cuerpo jurídico que representa a la Iglesia, esta falsa humildad no anda en la verdad, por eso es falsa. Teresa la Grande les daría vuelta y media a estos prelados de… tres al cuarto.

3. Santificar. Lo mas cercano que encontré es esto: "El compromiso de la Iglesia con el diálogo nace de la fe en Jesucristo y en la verdad del Evangelio. Esto nos obliga a priorizarlo en todos los órdenes de nuestra convivencia. Disposición que nos compromete en primer lugar a nosotros mismos como testigos de la fe que predicamos".

Cháchara beata progresista. El compromiso de la Iglesia es dar a los fieles los tesoros de las gracias de Jesucristo. ¡Ni siquiera una bendición nos dan nuestros obispos!, lo más cercano que tienen en una declaración para ejercer el munus sanctificandi. Ni prometen rezar misas por la Patria, por sus gobernantes (porque, aunque parezca mentira, hay que rezar por ellos) y por sus habitantes. Si hay peste nadie hace rogativas. Si hay sequía nadie sale con la Virgen en procesión. Si hay crímenes y ofensas morales, nadie va a bendecir las casas donde la gente comete esas ofensas morales ni lleva el Santísimo para purificar las calles donde se enseñorea el delito. Ni confiesan a nadie, y menos a los delincuentes, para ayudarlos a salir de sus pecados. Ni se acercan al pobre pueblo fiel para llevarles su bendición, que la gente sencilla tanto aprecia. No nos santifican. Comenten el delito de malversación de gracias, escamotéandolas y tratando de canjearlas por comedores escolares (lo cual es bueno pero no es nada si no va aparejada la santificación). Oro por baratijas. Oro recibieron del cielo, baratijas nos dan, como esta penosa declaración calcada de las otras penosísimas que venimos sufriendo desde hace décadas.

No, los obispos no saben para qué sirve la Iglesia. Ni para que sirven ellos.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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