Panorama Católico

Los Pasos del Padre Marcó

Enredo En su nota "¿Modernizarse o volver atrás?" (LN. 30.5.07), tal vez sin advertirlo el presbítero Guillermo Marcó ha recorrido los cuatro pasos del accionar ideológico en plena ejecución. Reduccionismo, dialectización, emocionalismo y cifras apabullantes. A los cuales cabría agregar en este caso, el disimulo.

Enredo En su nota "¿Modernizarse o volver atrás?" (LN. 30.5.07), tal vez sin advertirlo el presbítero Guillermo Marcó ha recorrido los cuatro pasos del accionar ideológico en plena ejecución. Reduccionismo, dialectización, emocionalismo y cifras apabullantes. A los cuales cabría agregar en este caso, el disimulo.

El primer paso -reduccionismo- queda configurado en su interrogación fundamental: ¿Debe la Iglesia aggiornarse o, por el contrario, debe volver atrás? Falso dilema que, al reducir a un aspecto adjetivo la tremenda crisis eclesiástica, encubre el ataque que sobrelleva la nave de Pedro, desde afuera y desde adentro.

En segundo lugar -dialectización- el P. Marcó enfrenta, poniéndolas a la par, la doctrina tradicional ("férrea y cerrada") con la herejía progresista (comprometida con los pobres, sojuzgados por "las estructuras opresivas").

El emocionalismo, se apoya en la figura inolvidable de Juan Pablo II. Recordándolo como un ex actor juvenil, que en innumerables viajes -incluso a la Cuba de Fidel Castro- "asumió el rol de peregrino y (ello) le dio resultado: la gente lo amó". En este punto, tan cercano a las exigencias de la sospechada Logia "Santo Súbito", los huesos del venerable pontífice deben haberse conmovido. ¡Que el resultado de sus fervorosos reclamos de amor a Cristo concluyera en el amor a su propia persona!

En fin, las cifras apabullantes envuelven el recuerdo de multitudes colmando la plaza de San Pedro y la multiplicación de la presencia del Papa fuera de Roma. En cuanto al disimulo, quinto paso apuntado al principio, es notable el elogio encubierto al progresismo, al resaltar que "suele ser más comprensivo con la debilidad y el pecado del otro". Por supuesto -es obvio inferirlo- al revés de la dureza implacable de la doctrina tradicional.

Frutos relativos Precisamente, con relación a las asambleas multitudinarias, el P. Marcó parece ignorar que no siempre dieron los frutos apetecidos. Una investigación realizada en Roma acerca de las celebraciones de esa índole al inaugurarse allí el siglo actual, llevó a concluir que una preponderante cantidad de jóvenes partícipes de las masivas concentraciones, no practicaba la religión debidamente; vale decir celebraron al Papa pero orillaban la Fe y los Mandamientos. También desconocerá el antiguo vocero del Cardenal, los terribles momentos que pasó aquí Su Santidad Juan Pablo II en ocasión de su segunda visita. Fue para el multitudinario Congreso de la Juventud en la Argentina (1987). En la ocasión se desarrolló en la avenida 9 de Julio un show, dicen que montado por monseñor Jorge Casaretto y el rockero León Giecco. Hubo una especie de ballet -con piruetas rayanas en la procacidad- de jóvenes de ambos sexos audazmente vestidos, que por momentos montaban unos sobre otros componiendo una coreografía insólita. Vale decir, todo del modo más atrevido para un acto en presencia del Santo Padre. El cual, dolorido y estupefacto, pasaba las manos por su rostro y rotaba la mirada de un lado al otro, soportando el interminable sufrimiento. Y al final, alguien tuvo la audacia de preguntarle si le había gustado… Se recuerda que el Sumo Pontífice respondió musitando con un gesto -amortiguado por la caridad- que traducía perplejidad y cansancio.

Estos recuerdos sobre la relatividad de ciertos encuentros con el mundo, sobre todo a su estilo, acaso vengan también a cuento, por lo que continúa diciendo el Padre Marcó: "¿Por qué seguimos insistiendo en sentarnos en nuestros templos a esperar que la gente venga a solicitar nuestros servicios?"… En lugar de "salir al encuentro del mundo: del saber, del deporte, del arte, de las letras, la política, los trabajadores etc." Esto configura un erróneo dilema, que empieza por ignorar que es muy raro encontrar sacerdotes en su apropiado lugar -el templo- esperando en los confesionarios a los fieles penitentes. Y a la vez desconoce, que no vistiéndose los clérigos como es debido y está ordenado, difícilmente el pobre mundo pueda advertir su presencia cuando se lancen tan disimuladamente a evangelizarlo.

Contradicción Corresponde reconocer que tras una peligroso paralelo entre la riqueza del mensaje evangelizador y un creativo director de orquesta capaz de adaptar alguna parte de la obra a su parecer, el P. Marcó -contradictoriamente pero acertando, por suerte- ajusta la mira, para afirmar que nos toca la posibilidad de interpretar el mensaje católico, sin alterarlo.

Junio de 2007

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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