Panorama Católico

Los progres se declaran en emergencia

Al leer el breve saludo-editorial de Golias a sus lectores para el año 2009 no podemos menos que sorprendernos. El pesimismo, apenas atenuado bajo un llamado a la resistencia (meramente humana, ajena a todo referencia sobrenatural) marca el tono de proclama de un ejército derrotado que apenas si puede creer que se bate en retirada. O simplemente se retira sin batirse.

Escribe Marcelo González

Al leer el breve saludo-editorial de Golias a sus lectores para el año 2009 no podemos menos que sorprendernos. El pesimismo, apenas atenuado bajo un llamado a la resistencia (meramente humana, ajena a todo referencia sobrenatural) marca el tono de proclama de un ejército derrotado que apenas si puede creer que se bate en retirada. O simplemente se retira sin batirse.

Escribe Marcelo González

Al leer el breve saludo-editorial de Golias a sus lectores para el año 2009 no podemos menos que sorprendernos. El pesimismo, apenas atenuado bajo un llamado a la resistencia (meramente humana, ajena a todo referencia sobrenatural) marca el tono de proclama de un ejército derrotado que apenas si puede creer que se bate en retirada. O simplemente se retira sin batirse.

Escribe Marcelo González

Habiendo leído sobre batallas y generales no podemos pasar por alto un punto que es táctica y estratégicamente esencial: la moral del enemigo. Naturalmente no entendemos aquí por moral su sistema de convicciones éticas o de virtudes prácticas, sino el estado de ánimo frente al futuro de su campaña.  “Moral” en el sentido militar del término.

Una de las cosas que derrumba la moral de un ejército es el desengaño, después de creerse ganador antes de definida la  batalla. Sobre todo si el engaño ha durado mucho tiempo. Otra es ver que la tropa y hasta la oficialidad ya no tiene la convicción de la pelea, y considera todas las posibilidades, desde el armisticio a la rendición o el abandono del campo y de la causa, menos el combate.

Esto es lo que trasunta la breve nota de Golias: “La situación eclesial apenas es más sólida. La restauración emprendida y llevada a cabo paso a paso por Joseph Ratzinger / Benedicto XVI, prosigue, más decidido que nunca”.

Se declaran desautorizados por la jerarquía, tentados de desertar, sin tropa de refresco. No han podido transmitir sus convicciones. Lo que queda en pie de los logros progresistas son, paradójicamente, las ruinas.  Solo han sido capaces de desmantelar y en algunos casos de dinamitar la Iglesia en sus fundamentos. Cuarenta años después del “triunfo”, un triunfo que calcularon definitivo y arrollador, no sin cierto fundamento desde una perspectiva meramente humana, ya no tienen tropa de refresco, y si la tienen, no la valoran.

Los que quedan están dispuestos a negociar por sus prebendas. Otros, a escuchar esta novedad de la Tradición a ver como se les acomoda. A veces hay un verdadero deslumbramiento con la “Iglesia perdida”. Como dice la misma nota editorial, la confusión es superior a todo.

Tampoco se atreve el editorialista a poner sus esperanzas en la avanzada edad del pontífice. No menciona la posibilidad de que el partido progresista pueda imponer un pontífice en breve lapso, a la muerte incierta, pero normalmente no demasiado lejana del actual papa.

¿Saben algo del retiro de las excomuniones a la FSSPX? 

Parecen tener la convicción de que Benedicto hará algo “irreparable”. “A principios de este año, es una convicción que queremos compartir con todos nuestros amigos. Si la alternativa misma de apertura reniega, si multiplica las contorsiones para ser tolerada por una jerarquía cada vez más intolerante y más intransigente, si olvida su vocación para impedir el giro de las cosas y creer en círculo, [perspectiva] que se ofrece en sacrificio, en nombre del consenso blando, perderá su razón de ser y ya no mas será creíble”.  Es decir: hay que oponerse a todo movimiento en sentido tradicional, en caso contrario las banderas progresistas están perdidas.

El acto de traición sería aceptar la convivencia con los sectores tradicionales. No se puede ceder un ápice: “El irenismo es a menudo enemigo de la paz”. Curiosa vuelta a las verdades fundamentales. El irenismo es siempre enemigo de la paz.

***

Desde el otro lado del río, la tropa tradicional a veces combate como si no lograra advertir este estado de ánimo, o no lo apreciara cabalmente. Evalúa la situación en bloque, sin distinciones y no discrimina los detalles del frente enemigo. Algo que también es seriamente perjudicial para la moral… propia.

Y algo que ningún estratega serio aprobaría. Particularmente cuando se lucha con la certeza de que Dios está de su lado.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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