Panorama Católico

Los Protestantes contra la Biblia

Definidos como "comunidades eclesiales" y no como iglesias, los protestantes falsean las Sagradas Escrituras y demuestren los errores de su doctrina dividiéndose permanentemente.

Definidos como "comunidades eclesiales" y no como iglesias, los protestantes falsean las Sagradas Escrituras y demuestren los errores de su doctrina dividiéndose permanentemente.

Desde los comienzos de la reforma los protestantes buscaron en la Biblia argumentos a su favor. En nuestros días en particular, los propagandistas evangélicos o testigos de Jehova tienen su pequeño arsenal de citas bíblicas, casi siempre las mismas, usando y abusando de ellas para tratar de convencer a los católicos desprevenidos. Vamos a ver cómo un conocimiento mínimo de las Sagradas Escrituras basta para contestarles.

Una Sola Iglesia

Lo que llamamos protestantismo consta de un gran número de asociaciones o sectas, las cuales se separaron del cuerpo de la Iglesia a partir del siglo XVI. No tienen un jefe visible ni unidad de gobierno y de culto. Están todos divididos entre sí, uniéndose solamente en su común repudio de la Iglesia Católica.

Y sin embargo… La Biblia afirma que Jesucristo fundó una sola Iglesia (Mt. 16,18; 18,17); que la fundó sobre esta roca firmísima que es Cristo, y Pedro (el papa) con Cristo: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt. 16,18 y Ef. 2,19). La Biblia afirma igualmente que la Iglesia es el Cuerpo (místico) de Cristo, del cual Él es la cabeza (Col. 1,18; ICor. 12,27); que es la Iglesia del Dios vivo (1Cor 3,15); que Cristo le prometió su asistencia especial "hasta el fin de los siglos" (Mt 28,20). Todo lo cual nos demuestra que la Iglesia no puede errar en sus enseñanzas definitivas y solemnes: es infalible y será siempre infalible hasta el fin de los tiempos. Están por lo tanto muy equivocados los que se separan de Ella: la Iglesia Católica es el único medio de salvación que Dios haya dado a los hombres (Cf. "Panorama Católico" mi. 7, 8 y 9: demostración y explicación del dogma "Fuera de la Iglesia no hay salvación").

La Mediación e Intercesión de los Santos

Los protestantes nos acusan de idolatría porque rezamos a los santos y veneramos a la Sma. Virgen, Madre de Jesucristo. ¿Acaso dicen ellos no es Jesucristo el único Salvador? (1Tim. 2,5) ¿Acaso no es Dios el autor y dador de todas las gracias?

Aquí hay un error profundo y de gravísimas consecuencias. Por supuesto que Dios es el Creador de todas las cosas y el dador de todas las gracias y beneficios. Pero no por eso deja de valerse de las creaturas como intermediarios. Es Dios quien nos ha dado la vida, pero nos la ha dado por intermedio de nuestros padres y no directamente. De manera que cada uno de nosotros tiene en su padre terrestre como un representante e imagen del Padre celestial. También en el orden sobrenatural el perdón de los pecados y todas las demás gracias nos vienen de Dios, y sin embargo suele dárnoslas por medio de "intercesores" y "mediadores" humanos, sea aquellos que rezan por nosotros, sea los sacerdotes. ¿Acaso no prometió Jesús a sus apóstoles: "los pecados serán perdonados a quienes los perdonareis, y serán retenidos a quienes los retuviereis"? (Jn 20,23) ¿Acaso no hizo su primer milagro, cambiando el agua en vino, a petición de su Madre Santísima? (Jn 2,1 ?11) ¿Acaso no nos dice la Biblia que los santos del Cielo presentan a Cristo las oraciones de los que están en la tierra? (Ap 5,8). Y son muchos los lugares de la Biblia en los cuales vemos que los hombres santos veneraban a los ángeles, presentándoles sus súplicas (Gén. 19,17?21; 32,26; 48,16; 18,2; 19,1; Os. 12,5; Núm. 22,23; Jos. 5,13?15) ¿Por qué entonces pretenden los protestantes prohibirnos tener devoción a los santos y rezar a la Madre de Dios, como lo hicieron nuestros padres desde los primeros tiempos de la Iglesia? Dar culto a los santos no es deshonrar a Dios sino todo el contrario: es honrar a Dios en sus creaturas, y esforzarse en imitar la santidad de sus más destacados servidores.

Los Privilegios de la Ssma. Virgen

Los protestantes no temen presentar a María como a una mujer común y pecadora, deshonrando así al mismo Jesús, su hijo. Rechazan la devoción de los católicos a María y se esfuerzan en ridiculizarla en cuanto pueden.

Sin embargo la Biblia afirma que la Virgen es verdaderamente Madre de Dios, siendo madre de un hijo que es Dios: Madre de Nuestro Señor (Le. 1,4), Madre de¡ Hijo de¡ Altísimo (Le. 1,32) y Madre de¡ Hijo de Dios (Le. 1,36). Y siglos antes ya anunciaba el profeta Isaías que el Mesías nacería milagrosamente de una Virgen, siendo su nombre "Emanuel", es decir "Dios con nosotros". También María es "Llena de gracia" (Le. 1,28) y ya en los albores de¡ mundo anunció Dios que aquella mujer privilegiada entre todas las mújeres aplastaría la cabeza de la serpiente, o sea de¡ demonio (Gén. 3,15). De allí el odio víscera¡ que le tiene el demonio y todos los que imitan el orgullo y la rebeldía de¡ demonio. ¡Procuremos nosotros amar a María e imitar su pureza y humildad!

Las Imágenes y Esculturas

Los protestantes no aceptan las imágenes de Dios o de los santos, y pretenden que el culto que les rinden los católicos es pura idolatría.

Se olvidan de que Dios mismo prescribió hacer imágenes de ángeles para colocarlas en el Templo, y en el lugar más santo de¡ templo (Gén. 25,18; 25,22; He. 9,17; Rom. 6,23?29). A todos nos gusta tener en nuestras casas las fotos de personas queridas: ¿por qué no podríamos tener las de los santos? Cuando ponemos flores y velas a la imagen de María, y cuando rezamos nuestro rosario delante de ella, sabemos bien que la Virgen no es Dios, pero sabemos también que es Madre de Dios, que Ella presentará nuestras oraciones delante de su trono, y que a Jesús le gusta que honremos a su Madre. El que no quiere tener a María como Madre y tratarla como tal, no tendrá a Jesús como hermano.

La Oración por los Muertos

Los protestantes la rechazan, con el pretexto de que no se encuentra en la Biblia la palabra "purgatorio".

No importa el nombre: la Biblia enseña que existe un lugar de purificación después de la muerte (lCor. 3,11?15; Mt. 12,32; 5,25) y que es bueno y saludable rezar por los muertos (2Mac. 12,43?46; 2Tim. 1,15?18; 4,19)

La Necesidad de las Buenas Obras

Los protestantes afirman que la fe salva sin necesidad de buenas obras.

La Biblia nos enseña, al contrario, que Dios dará a cada uno según sus obras (Mt. 16,27), y que la fe sin las obras es muerta, es decir insuficiente para la salvación (Sant. 2,7 ; 2,14).

La Santísima Eucaristía

Los protestantes niegan la presencia¡ real de Jesucristo en la Eucaristía afirmada sin embargo con toda claridad por la Biblia: Jesucristo nos advirtió que el que no comiese su Carne y no bebiese su Sangre no tendría la vida eterna (Jn. 6,54). Y por eso antes de sufrir su Pasión dejó a sus apóstoles el precioso tesoro de la Eucaristía: "Esto es mi Cuerpo, éste es el caliz de mi Sangre, haced esto en memoria mía."(lCor. 11,24; Mt. 26,26; Me. 14,22 ; Le. 22,19).

Muchas cosas más se podrían decir sobre este tema, pero pensamos que lo anterior es ampliamente suficiente para demostrar nuestra tesis: la pretendida fidelidad a la Biblia que pregonan los protestantes es falsa: quien lee la Biblia sin prejuicios y con un poco de sentido común llegará infaliblemente a esta conclusión: ¡La Biblia es católica y no protestante! Leámosla y meditémosla con fe y devoción, con cuidado de no alejarnos de la interpretación tradicional de la Iglesia: encontraremos en ella una fuente de los más puros consuelos y alegrías.

¿Debemos Dialogar con los Protestantes?

Toda la conducta de un cristiano debe, a imitación de Jesucristo, nacer de la caridad, y lo que debe animar siempre es un profundo amor de Dios y el deseo ardiente de llevar a las almas a su Salvador. Pero esto no significa que debamos abrir nuestra casa a todos los propagandistas del error y dialogar imprudentemente con ellos. Nuestra primera obligación no es dialogar sino afirmar claramente nuestra fe, y esto para el bien mismo de nuestros interlocutores. Un diálogo imprudente llevó a muchos católicos insuficientemente preparados a perder su fe o a caer poco a poco en la indiferencia. Es por lo tanto muy de alabar la costumbre de poner alguna imagen de María sobre la puerta de la casa, como para advertir a los transeúntes: "Aquí amamos a María, el que no la ame, ¡pase de largo!". La fe es nuestro tesoro más precioso y sin ella es imposible agradar a Dios (He 11,6): ¡guardémosla como la niña del ojo!

 

 

Este artículo está inspirado de una excelente publicación brasileña: "Folhetos Católicos".

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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