Panorama Católico

Los que deben pedir perdón a los católicos…

Los que deben pedir perdón a los católicos

Los que deben pedir perdón a los católicos

La apertura de el archivo Vaticano en lo que hace referencia a los documentos del periodo de la Guerra Civil española, demuestra algo que de hecho ya se sabía, pero que partes interesadas intentaban mantener en la confusión cuando no eran negadas de manera absoluta.

La cuestión es la siguiente: La Iglesia, el Vaticano, no sólo asumió la República sino que se esforzó para que los católicos mantuvieran una actitud de aceptación del nuevo régimen. De hecho, cuando empezó la guerra, la Santa Sede siguió reconociendo la República durante dos años.

Unas fechas son más demostrativas que mil argumentos. La Guerra Civil se inicia en julio de 1936, inmediatamente después empiezan los asesinatos de obispos, sacerdotes, religiosos, incluso monjas. Más de 4.000, a los que se debería añadir los laicos “paseados” y liquidados en cualquier cuneta o tapia de cementerio, por el simple hecho de pertenecer a una organización católica.

Los mártires de la Federació de Cristians de Catalunya, para situar un ejemplo, nada sospechosos de ser proclives al alzamiento, lo constatan. Solo hasta un año después, julio de 1937, la Iglesia española no se pronuncia en su famosa carta colectiva. Es decir, rompe con la República y se alinea con el golpe militar después de doce meses de masacre.

Pero es que además, el Vaticano, sigue manteniendo el reconocimiento de la República como gobierno legítimo de España hasta mayo de 1938. Es decir casi un año después del pronunciamiento de los obispos. Fue el gobierno republicano quien, con escasas excepciones, con su sectarismo y su ceguera, atió la persecución y, desde ella, el enfrentamiento.

Fue incapaz de aprovechar las reservas que tenía el Vaticano hacia el proyecto de régimen de Franco por la presencia de la Falange a la que consideraba demasiado influida por el paganismo nazi. Cuando las cosas llegaban a su final, la República intentó enmendar la plana de todos sus desafueros restableciendo el culto. Fue un gesto insustancial porque nunca tuvo eficacia real, y además resultó tardío.

Con Azaña y la proclamación republicana, empezó una persecución religiosa, una de las tres más sangrientas del S. XX junto con la bolchevique y la mexicana, que empezó con normas y leyes represivas, y terminó en un baño de sangre.

Lo interesante de todo esto es que quienes se declaran herederos de los valores republicanos y los ensalza ahora no se han tomado la molestia de presentar las más mínimas excusas por la persecución, la violencia y los asesinatos cometidos contra el pueblo católico.

Fuente

Comentario Druídico: Curioso artículo. Esencialmente correcto en los datos históricos, pero interpretándolos exactamente al revés. No que los rojos no deban pedir perdón. Pero en este penoso asunto, así como en el de la Action Française o los Cristeros, el primero que debe pedir perdón es Pío XI. De hecho Pío XII lo hizo por él.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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