Panorama Católico

Los Roldán, una Familia Estilo

Un profundo error propio de nuestros tiempos es denostar la hipocresía frente a una pretendida autenticidad. Silenciar el mal y manifestar el bien, en algunas ocasiones es hipocresía, pero en otras es prudencia… pero aún cuando se trate del primer caso, conviene recordar, con La Rochefoucault, que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, porque aún el vicioso sabe que su actuar es incorrecto e intenta entonces ocultarlo. Por otro lado, no cabría la hipocresía si no quedara algún bien en la naturaleza, explica Tomás de Aquino.

Un profundo error propio de nuestros tiempos es denostar la hipocresía frente a una pretendida autenticidad. Silenciar el mal y manifestar el bien, en algunas ocasiones es hipocresía, pero en otras es prudencia… pero aún cuando se trate del primer caso, conviene recordar, con La Rochefoucault, que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, porque aún el vicioso sabe que su actuar es incorrecto e intenta entonces ocultarlo. Por otro lado, no cabría la hipocresía si no quedara algún bien en la naturaleza, explica Tomás de Aquino. Lo contrario de la hipocresía y de la prudencia, la manifestación ostentosa del mal y el correlativo silenciamiento del bien, es decir, la victoria sobre la hipocresía, es lo que, en su sentido propio, recibe el nombre de cinismo.

Escribe Matías Fort

Más allá de rechazo que provoca instintivamente la afamada comedia “Los Roldán” a los buenos católicos, no podemos negar de que se trata de un triste y aclamado espectáculo, exitoso en nuestro país, si tenemos en cuenta los altísimos niveles de audiencia y los varios millones de pesos que maneja.

Ya en numerosas ocasiones se ha criticado el peor y más evidente de los defectos de la tira: la presencia de un travesti que es parte integrante de una familia, situación presentada como absolutamente normal, lo que probaría el alto y encomiable grado de tolerancia de los Roldán hacia los “diferentes”. Sin embargo, no es este el único de los graves problemas morales que expande esta sucia producción argentina y que diariamente seguirá infectando las mentes de los bobos televidentes. Mi propuesta es presentar un rápido análisis del mensaje más o menos consciente que la comedia lleva implícito.

El argumento gira en torno a un conflicto entre dos familias, los Roldán y los Uriarte, separadas por profundas diferencias sociales y aúnadas sorpresivamente por cuestiones laborales. Emilio Uriarte de la Casa es un exitoso empresario, descendiente de ilustres familias criollas con un glorioso pasado en las guerras de la independencia, educado en un prestigioso colegio católico y poseedor de una cultura privilegiada. Pero, por otro lado, es deshonesto en sus negocios, ocasionalmente infiel a su esposa y preocupado solamente por acrecentar su fortuna. Su esposa comparte con él el abolengo y la cultura… en los inicios de la tira, se la presenta como fiel a su esposo, a pesar de las traiciones de éste, y envuelta en todas las frivolidades propias de su clase. Facundo, el hijo, es el típico “cheto” de zona norte.

La familia Roldán, por su parte, presenta la faceta opuesta. Un viudo, dueño de un puesto de verduras en el mercado central, que se encuentra millonario de un día para otro fruto de una buena acción. Vive junto a su abnegada cuñada, su hermano travesti, cuatro hijos, y siempre rodeado de sobrinos y amigos. Tito Roldán es honesto, buen amigo, trabajador y amante de los suyos, lo cual los convierte en una familia ejemplar para todo el país, tal como es declamado continuamente por la tira y como es percibido por buena parte de la población argentina, al decir de los sociólogos.

Sin embargo, la ejemplar familia Roldán tiene sus defectos, los que son presentados igualmente como virtudes a imitar. El jefe de familia mantiene una relación sentimental con una colega de la empresa con quien tendrá un hijo… la cuñada convive ocasionalmente con su novio… el hermano travesti está enamorado de Emilio Uriarte, los hijos, varones y mujeres, mantienen relaciones íntimas con sus respectivas novias y novios como lo más natural y propio de esta condición, el sobrino seduce y mantiene relaciones con una mujer casada, mayor que él, esposa de Uriarte… la sobrina es una total desprejuiciada sexual… el amigo deja embarazada a la mucama de los vecinos, y así sucesivamente.

Por otro lado, y a fin de obtener la venia y la audiencia de las clases populares, los Roldán son una familia soberanamente grosera y mal educada en su forma de vestir, de hablar, de comer, de dirigirse unos a otros. Poseen una cultura paupérrima, cuya máxima expresión es la bailanta. Además, adolecen del más elemental sentido de la belleza y, así, pueden mezclar en la sala de su casa muebles de maderas finas, una alfombra persa, una reposera de playa y las insignias de un club de fútbol.

El mensaje que se esconde detrás de la tira pretende ser moralizador, en cuanto se presenta a un empresario honesto, Roldán, frente a otro deshonesto, Uriarte. Los valores que se rescatan son sólo aquellos que tienen que ver con el manejo limpio del dinero, con la tolerancia frente a la diversidad, en este caso sexual representada por el travesti, y el de la libre expresión de la afectividad, aún en el plano sexual, sin referencia alguna al vínculo matrimonial. Desde un punto de vista cristiano, sólo el primer caso se nos presenta como verdadera virtud… el resto no son más que un muestrario de los falsos valores impuestos por la posmodernidad democrática.

Concomitantemente, es presentado el mensaje opuesto. Junto a la deshonestidad económica de Uriarte, se hunden con él el pasado heroico de la aristocracia criolla y de los sobrevivientes de la clase dirigente argentina, asimilados todos en el imaginario popular, a la frivolidad, el materialismo y la corrupción. Además, esta familia es presentada como el prototipo de la hipocresía en tanto mantienen una fachada de normalidad cuando en realidad son infieles entre ellos, en oposición a la autenticidad de los Roldán. Es este otro profundo error propio de nuestros tiempos: denostar la hipocresía frente a una pretendida autenticidad. Silenciar el mal y manifestar el bien, en algunas ocasiones es hipocresía, pero en otras es prudencia… pero aún cuando se trate del primer caso, conviene recordar, con La Rochefoucault, que la hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud, porque aún el vicioso sabe que su actuar es incorrecto e intenta entonces ocultarlo. Por otro lado, no cabría la hipocresía si no quedara algún bien en la naturaleza, explica Tomás de Aquino. Lo contrario de la hipocresía y de la prudencia, la manifestación ostentosa del mal y el correlativo silenciamiento del bien, es decir, la victoria sobre la hipocresía, es lo que, en su sentido propio, recibe el nombre de cinismo.

Este cinismo, llamado modernamente “autenticidad”, es la actitud “roldanesca” de mofarse de las costumbres sanas que tradicionalmente había mantenido la sociedad. Ya no importa cuidar la buena fama e integridad de las hijas y hermanas, se hace caso omiso a las convenciones sociales en cuanto a los modos de vestir y así pantalón corto y la musculosa todo el día porque es más cómodo y “yo me visto como me gusta”… se desprecian los modales en la mesa donde puedo eructar, cantar y hablar a los gritos, y tantos ejemplos más de las groserías que integran el catálogo de los Roldán.

¿No son entonces los Roldán la típica familia “K”? Por una parte, son “K” por su condición kitsch, es decir, ostentadores del aquel estilo caracterizado por la falta de mínimo gusto y orden, lo que en otras palabras podría ser definido como el estilo “grasa”. Y este modo, ciertamente, condice a la perfección con el otro estilo “K” ostentado por la patota zoológica que habita la Casa Rosada, acorde al cual se dejan plantados a los invitados, se llega tarde a todas partes, jamás se prende el saco y se firma el acta de asunción presidencial con una “Bic” trazo grueso.

Esta situación explica, en parte, el agudo deterioro en el que se encuentra la sociedad argentina. Y lo más grave es que no se vislumbra solución en lo inmediato: los Roldán seguirán en la pantalla en el 2005 y los “K” enquistados en el poder.

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