Panorama Católico

Los sermones de mi amigo el Cura

Septuagésima y Lourdes: tiempos de penitencia

Penitencia, penitencia, penitencia. Este llamado estremecedor de la visión conocida del Tercer Secreto de Fátima no ha dejado de repetirse en todas la apariciones de la Santísima Virgen. Penitencia. Oración. Santo Rosario.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

Septuagésima y Lourdes: tiempos de penitencia

Penitencia, penitencia, penitencia. Este llamado estremecedor de la visión conocida del Tercer Secreto de Fátima no ha dejado de repetirse en todas la apariciones de la Santísima Virgen. Penitencia. Oración. Santo Rosario.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

Hemos festejado Nuestra Señora de Lourdes. Una pastorcita, en 1858, tuvo la felicidad de contemplar, ya en la tierra, la Santísima Virgen María. Bernardita oyó a la celestial visión decirle: “Soy la Inmaculada Concepción”. El párroco, cuando escuchó a Bernardita repetirle estas palabras, se quedó muy impresionado y emocionado: La Virgen María, “Inmaculada Concepción”, fue lo que el Papa Pío IX había definido solemnemente en Roma, como dogma de fe, 4 años antes. ¡Esta Bella Señora, pensó el párroco, era realmente Nuestra Señora, que vino a confirmar la enseñanza de la Iglesia!

¿Y que pidió Nuestra Señora de Lourdes, que curó tantas enfermedades del alma y del cuerpo?

Dos cosas, muy importantes, aún más que importantes, necesarias si queremos salvar nuestra alma:

ORACIÓN Y PENITENCIA

“Recemos y hagamos penitencia”

En Fátima, Nuestra Señora repitió lo mismo: “Rezad el santo Rosario y haced sacrificios para que las almas de los pobres pecadores se salven”.

Es también lo que la Iglesia nos pide en este domingo de Septuagésima: Oración.

– “Desde lo más profundo de mi corazón, he clamado a ti, Señor” (tracto).

– “En mi angustia, invoqué al Señor” (introito).

– “Te rogamos, Señor, que escuches clemente las súplicas de tu pueblo” (colecta).

¡Sí! Es necesario que recemos, por la mañana, por la noche, en las tentaciones, que recemos una corona del rosario todos los días. “Quien reza, se salvará; quien no reza se condenará”. ¡Los tiempos son malos, hermanos!

También, “justamente afligidos por nuestros pecados” (colecta), hemos de hacer penitencia, por lo menos cumpliendo bien nuestro deber de estado, y alejándonos de los peligros de este mundo. Es lo que dice San Pablo en la epístola de hoy: “El atleta que lucha en la arena se impone mil privaciones, para recibir una corona corruptible, una medalla, un copa; nosotros, para recibir la corona eterna del Cielo, hemos de luchar, de castigar nuestro cuerpo, de mortificar los malos deseos, de combatir las tentaciones. No hay victoria sin combate. No seremos recompensados si no luchamos.

Muchos sufren terriblemente en el infierno porque, es una terrible paradoja, ¡no quisieron sufrir en la tierra!

Sí, queridos hermanos, rezar y luchar, tal es el programa de la vida cristiana, un programa realista, pues tal es la condición humana desde el pecado de Adán, y sobrenatural, eso es un programa de imitación de Nuestro Señor, que tanto sufrió en la Cruz por nosotros.

Entonces, la alegría de una buena consciencia llenará nuestros corazones y escucharemos un día estas divinas palabras: “Está bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor, entra en mi Felicidad eterna”.

Ave María Purísima.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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