Panorama Católico

Mandamientos Olvidados

En lugar de las exhortaciones para que la educación sea “una verdadera
política de Estado”: ¿No sería del caso insistir sobre los fueros de
la familia, reforzados con la enseñanza –tan olvidada incluso en los
templos- de los Mandamientos de la Ley de Dios?

Escribe Juan Olmedo Alba Posse

En lugar de las exhortaciones para que la educación sea “una verdadera
política de Estado”: ¿No sería del caso insistir sobre los fueros de
la familia, reforzados con la enseñanza –tan olvidada incluso en los
templos- de los Mandamientos de la Ley de Dios?

Escribe Juan Olmedo Alba Posse


Lacras colectivas En una nota aparecida en el diario La Nación (19.2.08) bajo el título “Más que buenas escuelas”, el obispo de San Isidro monseñor Jorge Casaretto, celebra la “convicción colectiva” de que la sociedad encontrará un “camino de realización” solamente desde la dimensión educativa. Lamentablemente el escrito no ha explicado en qué consistiría aquel sumo bien de la “realización”; lo que seguramente echaría luz sobre el particular y tantas cosas olvidadas.

Paralelamente el artículo trasunta una preocupación, proveniente de la errónea delegación de funciones que exceden la misión específica de los maestros. Lo cual los convierte en padres, psicólogos, animadores socioculturales, etc. Pero no es ésta la cuestión clave que desea abordar –dice el autor- quien ante todo insiste en alegrarse “por el progreso de nuestra conciencia colectiva de priorizar la educación”. Aunque se regocija sin dejar de “mostrar una dimensión fuertemente contradictoria de esa conciencia”. Refiriéndose en esto, a “tres presencias fuertemente deshumanizantes que se han instalado en la vida de la sociedad y que lamentablemente, cuentan con cierto consentimiento o aceptación social…: la cultura del alcohol, la del juego y la de la droga”.

Alegría sorprendente A esta altura cabría intercalar un interrogante muy sintético sobre la alegría del prelado. Porque el progreso de la “conciencia colectiva” ha cristalizado –sin el menor obstáculo- en la Ley Nacional de Educación. Lo cual sólo pudo agradar a las mentalidades recalcitrantes, por sus objetivos materialistas sin concesiones al fin trascendente del hombre ni, por lo tanto, a su relación con Dios. Nada aparente que pudiera tranquilizar en algo a un pastor. Al contrario y peor aún, todo acompañando los temas dirigidos a la exacerbación de los placeres “sin riesgos”; como los programas de salud sexual y procreación responsable. Un ancho campo abierto a las temidas diversiones de “la cultura del alcohol y de la droga”.

Ya en tono más patético, Monseñor Casaretto comenta que “casi todos los fines de semana asistimos a degradantes amaneceres de sábados y domingos, con chicos que deambulan borrachos por nuestros barrios”. Se trata pues de una experiencia personal espeluznante, en medio de silencios y pasividades no menos escalofriantes.


También cabría preguntar entonces, si acaso ha existido una prédica suficiente, que incluso a los ojos de espíritus quisquillosos, despegue claramente a los ámbitos eclesiásticos de la “aceptación social de las presencias deshumanizantes”. Concretamente, por ejemplo, qué acciones se han desplegado desde el púlpito y por todos los medios, contra la proliferación de los “boliches” y demás locales viciosos que infestan la República. Resulta imposible olvidar que la tragedia de “Cromagnon” solamente se tradujo en quejas y homenajes a las víctimas. Sin la más remota alusión ejemplarizadora, sobre cuanto comprometen el destino eterno de las almas los tugurios de aquella especie. Peor aún, permitiendo y utilizando un “santuario” conmemorativo instalado a la vera del antro incendiado…


Refuerzo El escrito comentado incluye una genérica denuncia contra los poderes políticos y sus alianzas o presiones a favor del juego “destructor de vidas y ruina de una enorme cantidad de familias”. Y no se puede negar que en toda su extensión ha logrado pintar con elocuencia un cuadro social muy aflictivo. Concluyendo que tomar en serio la cuestión educativa implica mucho más que tener buenas escuelas. Alguien podría preguntar cuántas hay; pero quizás quepa más una respetuosa sugerencia. En lugar de las exhortaciones para que la educación sea “una verdadera política de Estado”: ¿No sería del caso insistir sobre los fueros de la familia, reforzados con la enseñanza –tan olvidada incluso en los templos- de los Mandamientos de la Ley de Dios?

Febrero de 2008

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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