Panorama Católico

Manguerama

Queridos amigos,

Hemos recibido algunas quejas respecto a nuestra costumbre de pedir ayuda para el sostenimiento de Panorama. Un par de groserías de desocupados o resentidos no ameritan un artículo, pero sí cierto fastidio que han manifestado otros lectores. Por eso sentimos la necesidad de justificar nuestra pedigüeñez con este artículo que denominamos “Manguerama”.

Escribe el Editor y Responsable

Queridos amigos,

Hemos recibido algunas quejas respecto a nuestra costumbre de pedir ayuda para el sostenimiento de Panorama. Un par de groserías de desocupados o resentidos no ameritan un artículo, pero sí cierto fastidio que han manifestado otros lectores. Por eso sentimos la necesidad de justificar nuestra pedigüeñez con este artículo que denominamos “Manguerama”.

Escribe el Editor y Responsable

Lo hemos repetido varias veces: el nuestro es un proyecto mendicante. Es decir, vivimos de pedir, por caridad, hacia nosotros pero más particularmente hacia los beneficiarios (sabe Dios en qué medida) de esta publicación.

El que pide se arriesga principalmente a estos tres peligros:

1) que no le den.
2) que lo humillen.
3) que lo consideren un vividor.

Los asumimos sin reservas menos uno.

La mayoría no da (exentos desde ya los que no pueden o tienen su esfuerzo puesto en otra obra y, naturalmente, los que dan). Algunos aún pudiendo y aprovechando lo que se le ofrece, tampoco dan. De entre ellos -los que no dan pudiendo hacerlo- distinguimos unos pocos que creen necesario castigarnos doblemente: negarnos su ayuda y humillarnos con sus desdenes.

Hasta aquí nada que no podamos sobrellevar y que en definitiva –a pesar de ellos mismos- no sea una forma de donación: nos donan su tiempo recordándonos nuestras miserias, un ejercicio necesario en esta profesión, sobre todo si se alcanza cierta presencia, alguna autoridad, por menguada que sea, entre los que leen. De alguna manera nos dicen: recuerda que no eres nadie ni nada. No te damos ni consideramos que merezcas que se te dé. Vale…

Hace poco, en un polémica privada un lector nos recordaba nuestra ignorancia en materia teológica. ¿Podemos no considerarlo un servicio? Hombre culto y bien formado en estos temas, poco menos que nos dijo “burros”. Y tiene razón. Aprovecharemos de sus señalamientos para desburrarnos. Aún así, en el caso en disputa, pese a nuestras burradas, él no tiene razón. Lo sabemos por instinto de burros… Ya le hemos agradecido en privado, lo hacemos ahora en público. Nos iba a donar, pero luego no lo hizo, por… ¿burros? No importa, quedamos hechos con sus objeciones y si testimonia que no canjeamos convicciones por ayuda.

Somos burros que relinchan cuando muchos sabios callan o mastican interminablemente el sapo que deben tragar para no ser religiosamente incorrectos. Y por eso pedimos el pienso, ganado por sobrellevar la carga del oficio y por alertar a relincho puro. Vale también.

Pero NO, podemos aceptar que nos consideren “vividores”. Eso es lo contrario de lo que somos. El vividor con algo de talento encuentra conchabo con los poderosos. Eso es lo que NO queremos hacer ni hacemos. Hemos renunciado a eso a edad temprana, quizás sin plena conciencia, pero con buen instinto. Pues esto de “vividores” NO vale.

¡Peseteros! nos ha llamado un sedicente discípulo de José Antonio en nombre de no entendimos bien qué agravio. (Querido amigo, José Antonio era un caballero, no hablaba canallescamente, y no por lo de “peseteros” sino por lo otro, que no hago público).

Imaginamos que en el habla popular española esto de “pesetero” debe ser una expresión menospreciativa, algo así como en el habla argentina “manguero”. Sin ser expertos en filología lunfarda, no obstante, sabemos que “manguear” o “mangar” es hacer aquello que los niños hacen cuando quieren algo de sus padres. Les tironean las mangas… al menos antes, cuando eran educados y no pedían las cosas a grito pelado. Y cuando sus padres usaban mangas. Quizás de allí venga la también rioplatentese palabra “mango”, que no es la fruta tropical, sino la unidad monetaria en curso.

“¿Donde hay un mango, viejo Gómez?
Que lo han gastao con piedra pomes”,

Dice la letra de un tango que alude a la escacez de “cash flow” en la Argentina de los años ‘30. Mi padre, apenas un niño de 10 años en aquellos tiempos siempre recuerda lo asombroso que era ver “dinero”, sobre todo en el campo, donde él vivía, y donde el “hambre” no se conocía más que en el sentido grato de sensación que precede la hora del almuerzo y estímulo para dar cuenta de él. Pero “mangos”, dinero, pesos, pesetas, duros, money, eso casi no se conocía. Beatus ille!

Volvamos al tema: si peseteros es mangueros, lo somos. Mangueamos, es decir, pedimos. Ergo somos una empresa mendicante. El autor de estas líneas, que reflejan el sentir institucional, se autodefine, “editor mendicante”, no sin una nota de orgullo masticado con el pan de la amargura, porque es un pobre pecador, pero agradeciendo a Dios el haberlo apartado de la desgracia de ser un rico pecador.

Y esto porque considera que más vale masticar un poco de tierra en este mundo que hacerse "a fuego lento” (otro tango) en el venidero, a causa de cerrar tratos con los amigos de Mammón, por donde uno llega a rico pecador, cosa ya mala aunque no irreversible, pasando luego de a pasos a ser apóstata y enemigo de la Fe. Algo normalmente irreversible, en especial cuando se logra sirviendo a algún obispo amistado con Mammón y otros siete demonios peores que él (que Mammón). El mejor servicio que se les puede hacer a estos es patear sus episcopales tobillos recordándoles que no se puede servir a Dios y al antedicho.

Resumiendo: ¿por qué pedimos? Porque en caso contrario, no podemos patear tobillos ni decir cosas que se pudren en las gargantas de algunos, demasiado blandos para vomitarlas y demasiado decentes para tragarlas. Y para dar alguna explicación a los católicos perplejos.

Cierta vez un sacerdote lúcido nos habló de un “carisma profético” que veía en nuestro trabajo. De no saberlo un hombre de Dios, lo hubiésemos puesto en el anecdotario de locuras que nos han atribuido (mensajes del cielo dirigidos a nosotros, revelaciones de secretísimos escatológicos, acusaciones de pertenencia a conspiraciones tan oscuras que ni los acusadores podían dar cuenta de ellas… y por cierto tampoco los miembros). No, este buen cura nos decía algo bien llano y sabio: si dices la verdad te llenarán de cascotes. Él, todo aporreado y lleno de cardenales (valga) bien lo sabe por experiencia propia.

Pues sí, chaval, somos peseteros. Sí chico, somos pedigüeños. Sí, chabón, somos mangueros o lo que quieras. Si te va lo que lees aquí, pon un duro o dos mangos cada tanto. O no pongas nada.

Si no te va, lee otra cosa. Pero no leas y te quejes a un tiempo. Ten la dignidad de espiar a hurtadillas lo que no pagas por ver, y no hagas más pesada la carga del burro que rebuzna por su pienso porque sin pienso no puede rebuznar.

Vale. Vale.

Posdata: Dios bendiga a los que ponen del alma o del bolsillo. O de ambos.

Vale también.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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