Panorama Católico

Más vale tener enemigos que amigos…

En este oficio más vale tener enemigos que amigos. Acabo de leer unas líneas que Dardo Calderón, un amigo, me dedica porque dice que yo le dedico otras. Pues yo no le dedico otras. De modo que estas me parece que no corresponderían. 

En este oficio más vale tener enemigos que amigos. 

Acabo de leer unas líneas que Dardo Calderón, un amigo, me dedica porque dice que yo le dedico otras. Pues yo no le dedico otras. De modo que estas me parece que no corresponderían. Pero al hacer pública tan inconsultamente su interpretación al menos tengo que aclarar un poco.

La cosa viene de alguien, que no se quién es, que me elogia cierto artículo bastante duro contra Francisco. Y me señala que entre los deberes del católico en las actuales y presuntamente apocalípticas circunstancias, está el de “denunciar” (a los falsos pastores, etc.). Yo le advierto que eso no es obligación de todos, sino solo de los vocacionalmente llamados. Y que asumir tal papel puede llevar a riesgos espirituales graves. 

Es curioso, ayer en misa escuché al cura decir lo mismo, un tal Álvaro… no se cuanto. Bueno, lo mío no es un llamado a callar, porque entraría en contradicción conmigo mismo, sino a evitar estos riesgos de los que Dios protege a quienes los asumen como deber de estado, no a los temerarios. Y cuando lo escribía pensaba principalmente en otra persona. En mí mismo. No porque no tenga la vocación, sino porque aún teniéndola… No sé si me entiende.

En lo personal, declaro y redeclaro que no pensé siquiera en Don Dardo. Ni creo que le quepa, hasta donde yo sé. No comparto su estilo, pero ha dado a la Iglesia, además de sus escritos, dos seminaristas ejemplares que es más de lo que yo pueda decir. Contra eso no hay argumento de estilo que valga.

Aclarado lo cual insisto, para comodidad del lector, repitiendo lo que me parece no debe ser acometido como un deber de Fe, esto de denunciar públicamente y por los medios que estén al alcance de uno, la situación de la Iglesia. Solo algunos tienen esa desgraciada e ingrata vocación, para la que se necesita tiempo, medios (o empobrecerse) y alguna formación. 

Aclaro que sí considero a Dardo llamado a esta vocación, por historia, cultura, temperamento, etc.

Vamos, Dardo, que habías sido susceptible.

Dije pues esto, y en particular lo que sigue:

Del mismo modo creo que la “denuncia” es algo que deben hacer algunos, los llamados vocacionalmente a hacerlo. Y le digo porqué. 

Es insalubre espiritual y físicamente. Tiene graves riesgos para el alma. Es fácil perder la calma, el equilibrio, la cordura y finalmente la razón, aunque no se termine, necesariamente, con prescripción de manicomio. 

Por eso no aliento a todos a “denunciar”, aunque sí a defender la FE, que es algo distinto. 

Ante una doctrina errónea exponer la verdadera o al menos alertar sobre la incorrecta. Un “ojo con esto que no es católico”. En donde se pueda, cuando la ocasión lo indique, con pureza de intención, sólo por el bien de las almas y no porque me guste “tener razón”, o discutir, o polemizar o “sacarme las ganas de decirles a estos tal por cual lo que son”… ¿Me entiende? 

Claro que esto es el ideal, siempre vamos a hacer las cosas de un modo imperfecto, aunque si buscamos la perfección, no hay por qué desanimarse.

Pero cuando uno acepta el papel de denunciador, acepta también una dinámica que se acelera imperceptiblemente. Más si “compite” (gravísimo error) con otros denunciadores. Y más aún si quiere tener y aumentar una audiencia a fuerza de más y más denuncias.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *