Panorama Católico

Meras Coincidencias o Simple Casualidad

El 26 de diciembre ocurrió un fenómeno extraordinario: el tsunami. Otro 26 de diciembre, en 1999, en Francia, se produjo un tornado, tan inusitado como el maremoto que recordamos, con fatales consecuencias para muchos, además de la destrucción habitual en tales fenómenos. ¿Qué tiene de especial el 26 de Diciembre? ¿Será que Dios quiere recordarnos algo? El 26 de diciembre de 1957, sor Lucía de Fátima advirtió al P. Fuentes que la Sma. Virgen estaba muy triste. Los hombres no hemos hecho caso de su mensaje y continuamos nuestra vida de pecado: “Dios va a castigar al mundo y será de una manera terrible”.

Escribe Juan Carlos Ossandón Valdés

Desde hace mucho tiempo que me he sentido algo molesto con esas personas que ven castigos de Dios con demasiada facilidad. Un terremoto desoló una ciudad, un tifón destruyó un pueblo, un maremoto barrió una playa. De inmediato se ponen a comentar cuán pecadora era esa ciudad, ese pueblo, esos veraneantes. Esta actitud estaba muy difundida entre nuestros antepasados. Pero hoy nos hemos pasado al extremo contrario. Dios no castiga, he oído decir con demasiada frecuencia… porque si tal aserción fuera verdadera, parecería que el Evangelio contendría errores y ¡para qué decir! el Antiguo Testamento.

Creo difícil sostener la mentalidad de castigo cuando observamos que hay zonas sísmicas en el mundo y otras azotadas todos los veranos por tifones, tornados, etc. ¿Habrá que sostener que la costa del Pacífico de EE.UU. es una zona pecadora mientras la costa atlántica no lo es? Si bien es cierto que toda calamidad, pública o privada, se debe, en última instancia, al pecado original, por lo que tiene razón de castigo, no pretendamos conocer los arcanos de la divina providencia. Es preferible pensar que se trata de meras coincidencias, simple casualidad, y dejemos al Altísimo que nos revele su voluntad misteriosa cuando lo tenga a bien.

A pesar de todo lo dicho hay ciertos hechos que nos llaman a reflexionar.

Todos sabemos que en Asís, en 1985, se reunieron representantes de todas las religiones a orar por la paz mundial. La única excluida fue la Sma. Virgen de Fátima… la que, si bien se hizo presente a hombres de campesinos, vio impedido su ingreso a la magna cita. El dato es importante porque es ella la que nos promete “un cierto tiempo de paz”, una vez que el Sumo Pontífice le consagre Rusia. Después de la cita ocurrieron dos cosas: las guerras y matanzas han continuado igual que antes y un terremoto daño gravemente a esa ciudad… muy en especial a la iglesia profanada por los budistas, con la debida autorización, por supuesto.

¿Simple casualidad, mera coincidencia?

Frá¨re Bruno de Jesús nos expone otro caso[1]. El 26 de diciembre último, un maremoto absolutamente increíble barrió las costas de África, India, Sri Lanka, Tailandia, etc. Y digo “absolutamente increíble” porque no es zona sísmica, no hay memoria de un terremoto de la violencia necesaria para producir tal efecto. Hasta el extremo que no se pudo avisar a la población ya que no había medio de hacerlo por no contarse con ninguna preparación previa. La población misma reaccionó mal por su ignorancia y halló trágica muerte. Es decir, nadie estaba preparado para la catástrofe por la muy sencilla razón de que tales cosas allá no pasaban. Se dice que es la catástrofe natural más vasta de que haya memoria en el mundo entero.

El país más “castigado” fue Sri Lanka, antiguo Ceilán: más de 800 Km. de costa barridos por el maremoto cuyas aguas penetraron hasta dos kilómetros tierra adentro en algunos lugares. Algo realmente nunca visto. Nos recuerda Fr. Bruno que, después de haber sido conquistada pacíficamente por los portugueses, en 1619, la Reina de los Cielos, en una aparición producida en Tondaimamar, al norte de la isla, declaró: “Esta isla me pertenece, porque yo soy su guardiana y protectora”. Los milagros se multiplicaron y hoy cuenta con 150 iglesias grandes y bellas, además de capillas, santuarios, etc. Es la zona donde más católicos hay en el subcontinente indio. El 20 de febrero de 1627, por ejemplo, invocada por un capitán portugués, detuvo una tempestad que amenazaba con olas gigantescas barrer a los pobladores que vivían junto al santuario de Nuestra Señora de los Milagros. ¿Por qué los japoneses no llegaron a la isla durante la segunda guerra mundial? En agradecimiento por haber sido preservada de tanto sufrimiento, la isla fue consagrada al Corazón Inmaculado de María en 1948.

¿Ha cambiado algo en la isla protegida por María? En 1971, Pablo VI, de visita en Sri Lanka, alababa la política de “frente popular” &#8211… vejatoria de la Iglesia – del país y recibía el saludo de los monjes budistas a los que respondía mediante los mismos gestos que recibía: inclinándose profundamente y juntando sus manos. Parecía haber olvidado completamente que la Biblia declara que los ídolos son disfraces de Satanás y todo lo que los misioneros católicos han revelado de tales monjes. El ecumenismo, pues, se apoderó de la Iglesia en aquellas lejanas tierras llegándose a un verdadero sincretismo: procesiones que salen del templo católico, terminan en el hindú. Hoy la guerra civil desangra la otrora pacífica isla.

También en 26 de diciembre ocurrió un fenómeno extraordinario, nos recuerda Fr. Bruno. En Francia, en 1999, se produjo un tornado, tan inusitado como el maremoto que recordamos, con fatales consecuencias para muchos, además de la destrucción habitual en tales fenómenos. ¿Qué tiene de especial el 26 de Diciembre? ¿Será que Dios quiere recordarnos algo?

El 26 de diciembre de 1957, sor Lucía de Fátima advirtió al P. Fuentes que la Sma. Virgen estaba muy triste. Los hombres no hemos hecho caso de su mensaje y continuamos nuestra vida de pecado: “Dios va a castigar al mundo y será de una manera terrible”.

¿Mera coincidencia, simple casualidad?

Sor Lucía agregaba en esa ocasión: “Cuando Dios va a castigar al mundo, agota primero todos los otros recursos. Cuando ha visto que el mundo no le hace caso, entonces, como diríamos en nuestro modo imperfecto de hablar, nos ofrece, con algún temor, el último recurso de salvación: su Santísima Madre. Porque, si despreciamos y rechazamos este último medio, ya no tendremos perdón del Cielo, porque habremos cometido el pecado que el Evangelio llama “el pecado contra el Espíritu Santo” que consiste en rechazar abiertamente, con pleno conocimiento y voluntad, la salvación que nos ofrece”.

Mas vale poner las barbas en remojo, como decían nuestros antepasados y ¡que Dios nos pille confesados!

[1] Il est ressuscité! N º 30, Janvier 2005.

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