Panorama Católico

Misa In Coena Dómini, de institución de la Eucaristía

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

Tradicionalmente, la Iglesia pide al celebrante de la Misa del Jueves Santo que dirija una corta instrucción. En efecto, en la vigilia de su Pasión y muerte, Nuestro Señor nos dejó su Testamento, sus últimas voluntades.

Es el Testamento de Jesucristo, el Amor crucificado.

  • Este Testamento es Alguien que está vivo, es Jesús mismo: su Cuerpo, su Sangre – la Sangre del nuevo Testamento, derramada por muchos –, su alma, su Divinidad. Es la Santísima Eucaristía, consagrada en el Sacrificio de la Misa, y distribuida en la comunión.

  • Este Testamento, es también el poder dado a los hombres escogidos por la misericordia de Dios para preparar, consagrar y ofrecer Jesús Sacramentado; pues, sin sacerdotes, la Santa Misa no podría ser celebrada y el Santísimo Sacramento no existiría. Entonces, Nuestro Señor instituyó el sacramento del Orden, diciendo a sus Apóstoles: “Haced esto en memoria mía”.

  • En fin, en su Testamento, Jesús nos trasmitió un gran mandamiento: “Un nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros; que del modo que yo os he amado, así también os améis recíprocamente. Si yo que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, debéis también vosotros lavaros los pies uno al otro; Os he dado el ejemplo para que, así como yo he hecho con vosotros, así lo hagáis vosotros también. Por aquí conocerán todos que sois mis discípulos si os améis unos a otros”.

La Santa Eucaristía, el sacerdocio, la caridad fraterna.

Tal es el Testamento de Nuestro Salvador,

que podemos resumir con una sola palabra; una palabra que define a Nuestro Señor, que define a los sacramentos que instituyó en el Jueves Santo, y que define los frutos de estos sacramentos:

la caridad.

Es la virtud que nos hace amar a Dios con el Amor mismo de Dios, y considerar y tratar a nuestro prójimo como Dios mismo lo considera y lo trata.

Y, ¿como Dios nos considera y trata a nosotros, sacerdotes y futuros sacerdotes? Como sus amigos, a quienes revela sus secretos y comunica sus poderes para dar Dios a las almas y las almas a Dios. Es un ideal que no deja ningún lugar al orgullo, al egoísmo y a las mezquindades, sino a un inmensa caridad, la de los santos Apóstoles, la del Padre Pío, crucificado en el altar, del Santo Cura de Ars, mártir del confesionario, de San Vicente de Paúl, que remaba con sus hijos espirituales, los condenados a las galeras, de San Damián, párroco de 800 leprosos, y tantos sacerdotes mártires…: Ellos se transformaron en otros Cristos, identificados con Él no solamente sacramentalmente, en el día de su ordenación, sino también por toda su vida. Por eso, su vida sacerdotal fue coherente y fructuosa, santa y ejemplar.

Y, ¿cómo Dios los considera y trata a ustedes, queridos fieles? Con el deseo de que participen íntimamente a su divinidad; por eso, se hizo Hostia, tan humilde y vulnerable, para que comulguen con su vida divina, preludio de la verdadera y eterna felicidad. Es el ideal cristiano, que no deja ningún lugar al egoísmo de la carne, a los caprichos del orgullo y a las mentiras de este mundo, sino a una gran generosidad y amor para con Dios y su prójimo. El cielo es una comunión eterna, y en el cielo, no hay egoísmo, permanece y reina la Caridad.

Si los hombres de hoy mirasen al Sagrario o al Ostensorio con la misma atención con que miran su televisión o la pantalla de su computadora, el mundo no sería lo que es actualmente: una antecámara del infierno.

El sol de la Santísima Eucaristía fue diabólicamente eclipsado por las luces falsas de la glorificación del hombre: no hay que extrañarse de que las tinieblas invadiesen la Iglesia y la sociedad, y que el fuego de la caridad esté apagándose en tantos lugares…

El hombre no quiere arrodillarse ya más delante de Jesucristo, que, sin embargo, se arrodilló para lavarle los pies, antes de morir por él en la Cruz: Es el gran pecado del mundo actual. Los ejemplos no faltan: Así, hace poco tiempo, como por casualidad antes de la Semana Santa, el diario “La Nación” publicó el año pasado unas afirmaciones según las cuales ¡“Judas habría sido el mejor amigo de Jesús” y que Nuestro Señor habría escrito cartas a una corte judía diciendo que “no era el Hijo de Dios Este año, lo de la “tumba de Jesús”. ”! ¡Impresionante! ¡Que mentiras! ¡Que blasfemias!

Queridos hermanos, que la Sagrada Hostia sea nuestra luz, nuestra fuerza, nuestra consolación, el centro de nuestra vida, el objeto de nuestra adoración, de nuestra gratitud.

Guardemos el Testamento de Nuestro Señor, Sacerdote y Víctima, el Testamento del Jueves Santo; pidamos y guardemos la verdadera Caridad para amar a Dios y a nuestro prójimo, como Jesucristo amó a su Padre y a nosotros hasta la muerte en la Cruz, y no por una vana filantropía.

Nuestro Señor Jesucristo, en el Santísimo Sacramento, está en agonía hasta el fin del mundo, no debemos dormir durante este tiempo”.

Ave María Purísima.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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