Panorama Católico

Mitos y Leyendas. El gauchito Gil.

        Los mitos y leyendas populares han existido y van a existir siempre. En ellos se expresa el trasfondo o el sedimento de las creencias de un pueblo y fundamentalmente un cierto paradigma de los sufrimientos que ese pueblo a experimentado en su historia. Observesé que no muy diferente es el tema del Martín Fierro, el gaucho que sufre el abuso de un poder que lo quiere hacer desaparecer y que se convierte en desertor y matrero. En este último, el personaje guiado por la pluma de un buen católico lleva el asunto hacia la redención y lo aleja de la idolatría, pero siguen en el fondo los temas fundamentales de nuestra historia y que resultan "descubribles" en el Gauchito Gil: el gaucho perseguido por el pituquismo masón, obligado a ser un nómada o un bandolero, en este caso el tema de la necesaria "abstinencia" federal frente a la injusta guerra contra el Paraguay que lo hace desertor frente a un gobierno ilegítimo. En el gauchito Gil (y otros como Bairoleto, etc) luego viene el "sacrificio" final, la muerte y el sufrimiento – que implican redención de las pasiones violentas-  y por último el culto al muerto, parte del misterio de la comunión de los santos, en los que la piedad popular encuentra reconocidos sus pesares, sus vicios y sus virtudes, y no es que lo canonice, sino que lo considera salvado en virtud de sus pesares y cercano a Dios en el purgatorio de sus culpas con capacidad para interceder por sus compatriotas. La leyenda de Manuel Carvallo es muy similar.

        Los mitos y leyendas populares han existido y van a existir siempre. En ellos se expresa el trasfondo o el sedimento de las creencias de un pueblo y fundamentalmente un cierto paradigma de los sufrimientos que ese pueblo a experimentado en su historia. Observesé que no muy diferente es el tema del Martín Fierro, el gaucho que sufre el abuso de un poder que lo quiere hacer desaparecer y que se convierte en desertor y matrero. En este último, el personaje guiado por la pluma de un buen católico lleva el asunto hacia la redención y lo aleja de la idolatría, pero siguen en el fondo los temas fundamentales de nuestra historia y que resultan "descubribles" en el Gauchito Gil: el gaucho perseguido por el pituquismo masón, obligado a ser un nómada o un bandolero, en este caso el tema de la necesaria "abstinencia" federal frente a la injusta guerra contra el Paraguay que lo hace desertor frente a un gobierno ilegítimo. En el gauchito Gil (y otros como Bairoleto, etc) luego viene el "sacrificio" final, la muerte y el sufrimiento – que implican redención de las pasiones violentas-  y por último el culto al muerto, parte del misterio de la comunión de los santos, en los que la piedad popular encuentra reconocidos sus pesares, sus vicios y sus virtudes, y no es que lo canonice, sino que lo considera salvado en virtud de sus pesares y cercano a Dios en el purgatorio de sus culpas con capacidad para interceder por sus compatriotas. La leyenda de Manuel Carvallo es muy similar.

      No puedo dejar de reconocer mi particular devoción por Dimas, el bandolero arrepentido, y deduzco que ese pequeño pasaje que lo trae en el Evangelio, hace suponer una existencia parecida a muchos de estos casos. Su actitud noble del final habla de un orígen hidalgo al que los avatares de una existencia azarosa, plagada de abusos explicables en la situación y por la calaña de quienes gobernaban la Palestina y a los que un temperamento orgulloso responde con la ira.

     La Iglesia, con sabiduría, siempre fue de la idea de rescatar estos mitos "cristianizándolos", destacando en ellos las virtudes que se celebran en la leyenda. La Difunta Correa es una leyenda muy bella, que por desgracia no ha encontrado una pluma que la realce, pero partiendo de que es un mito cristiano y federal, se encuentra en el mismo cantada la maternidad, el amor conyugal, la fidelidad heroica, el sacrificio de la vida y el milagro Divino que gratifica esas virtudes.

    Bairoleto (el personaje es real) sufre el abuso de un comisario que se ha enamorado de una mujer que lo quiere a él (era muy buenmoso) y con excusas lo mete preso y lo tortura. El gaucho, (que en realidad era un italiano rubio de ojos azules) con toda razón pega la vuelta y lo mata. Transcurre un período de bandolero favoreciendo a los que lo ocultan y pasado ese lapso, se va haciendo viejo en su rancho de General Alvear. El hermano del comisario, que era policía en La Pampa, inventa un caso y extralimitado en su jurisdicción y cumplida toda prescripción de la primera muerte, organiza una partida que rodea el rancho, sabido que por temperamento libre, el hombre se hará matar antes que ir preso o sufrir la humillación. (En la realidad, cuando se ve cercado se suicida). Mucho más bella es la historia (ya no leyenda) de los Pincheira, (sur de Mendoza) familia de monárquicos que se levantan contra los jacobinos chilenos de la revolución libertadora y junto con los indios que los siguen, arman una guerrilla bandolera que se refugia en cuevas naturales de una hermosura increíble y que aún existen en Malargue (los Castillos de Pincheira).

   Estas leyendas no hacen otra cosa que resaltar la injusticia cometida por aquella argentina masona y pituca que asesinó después de Caseros a la Argentina Gaucha, y todos los elementos que las componen son eminentemente cristianos; no se tratan de vidas ejemplares de santos, sino de vidas de pecadores en las que se celebran la hidalguía y el coraje junto al espíritu rebelde y apasionado frente a la injusticia, pero de alguna manera siempre aparece el sacrificio redentor que hace que para los católicos, toda persona que ha sufrido emula de alguna manera al Cristo; y toda ese capital de sufrimiento sirve como fuente de gracias que por su intermedio  reparte el Altísimo.

  Por supuesto que muy otra cosa es la versión zurda de todos estos mitos.  Las montoneras federales, expresión acabada de un pueblo católico que se alza contra los enemigos de la Patria y la Religión,  terminaron confundidas con las guerrillas marxistas, ateas y al servicio de poderes extranjeros. El mismo Cristo ha sido confundido con un guerrillero o con un hippie. Pero esto a nosotros no nos confunde.

   Los mitos de bandoleros argentinos que tienen una cierta antiguedad hablan de nuestra historia y poseen todos un trasfondo cristiano y federal que podría y debería ser resaltado por buenas plumas. Todos se resumen en el Martín Fierro, que no al cuete es nuestra cumbre literaria, y sin ninguna duda expresan un talante colectivo formado – o deformado- por un poder ilegítimo y abusivo que hasta hoy define nuestros gobiernos y que en aquellas épocas concitaba una rebeldía hidalga – a la que nadie niega su condición de pecado- y que se pagaba con el pellejo tras enormes sufrimientos que aparecían como redentores de las pasiones. Igualmente ellos hacen de contrapunto de aquellas "virtudes liberales" sacadas de las máximas de un Benjamín Franklin o un Sarmiento, que no son otra cosa que la esencia misma del egoísmo, la usura, la avaricia, el snobismo y el ateísmo, y aunque en el contrapunto existe una exageración de los contrarios (recuerden el Niño Bueno y el Niño Malo de Twain) no por eso dejan de ser una parodia válida .  Muchos de ellos han sido manipulados por tipos más vivos que nosotros y que los han usado para sus inmundos intereses y hoy se encuentran mezclados por los nuevos mitos suburbanos de cantantes, donde el bandolerismo se cambia por la proeza sexual, ya sin exigencias de "vicios nobles" (mi hermano el Cura tiene sus reparos con esta designación un  tanto calderoniana) como el coraje, la temeridad, el desinterés de la vida y del dinero y el enfrentamiento estoico del infortunio. Sin embargo no dejen de observar que aún estos últimos festejan algo degradado pero parecido; el despilfarro, el cinismo, ciertas condiciones exepcionales naturales, cierto caudillismo y por fin.. el infortunio .. ,  la desgracia, el final infeliz…, tan típicamente católico y tan contrario a la mentalidad exitista protestante.

   En suma, creo que el Gauchito Gil, desertor de una guerra infame, contraria a los verdaderos intereses de la Patria, rebelde frente a una autoridad ilegítima, bandolero por reacción frente al tratamiento injusto, encarnando muchas de las virtudes tradicionales argentinas, merecería ser traducido en esta clave y no abandonado a una interpretación clasista o idolátrica. Podría ser repensado como un Dimas, y con esto no quiero decir solamente que deberíamos falsificarlo, sino que esta versión es la que fielmente refleja el espíritu de la leyenda. DARDO JUAN CALDERÓN.      

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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