Panorama Católico

Moderador, modérate a tí mismo…

Con motivo de la línea  editorial que elegí sobre el tema de la probable regularización canónica de la FSSPX, en particular después  del penoso episodio de las “Fratileaks”, algunos comentaristas pueden sentirse decepcionados porque sus comentarios no  se publican. Creo necesario volver a insistir sobre los motivos. Antes, algunos  casos (síntesis de situaciones repetidas) que ayudarán a comprenderlos.


A propósito de la publicación de comentarios

Con motivo de la línea  editorial que elegí sobre el tema de la probable regularización canónica de la FSSPX, en particular después  del penoso episodio de las “Fratileaks”, algunos comentaristas pueden sentirse decepcionados porque sus comentarios no  se publican. Creo necesario volver a insistir sobre los motivos. Antes, algunos  casos (síntesis de situaciones repetidas) que ayudarán a comprenderlos.

Estos que refiero a  continuación ejemplifican la razonabilidad un criterio riguroso, según lo veo.

       

  1. Se me propone como comentario un documento, un sermón  o una declaración de tal o cual personaje: fuente, ninguna; traducción: Google… etc.  Habitualmente adornada de conclusiones que muchas veces no son las que surgen del propio texto que se envía ni  haciendo el mayor esfuerzo interpretativo… Me parece perjudicial, que es peor  que inútil: armar una bulla de la que no saldrá nada de claridad y sí mayor confusión.
  2. Algunas personas, pocas hasta ahora, tratan de disfrazarse  para filtrar opiniones sobre hechos hipotéticos. Fingen pedir información,  referencias sobre tal o cual texto, y luego van enredando las cosas para  calentar la polémica y tomar al Moderador distraído o molesto y con ganas de  responder, pasando por encima del criterio de moderación que se ha impuesto. Es  fácil engañar, sobre todo porque casi nadie firma, lo cual es penoso, ya que tanto compromiso tenemos con esta causa.
  3. Personas me dicen: después de haber leído y releído  tales y cuales fuentes, rezado y meditado llego a la conclusión de que es  evidente que… y dan su conclusión. Bien, la virtual “evidencia” de sus  conclusiones no resulta tan evidente: podrá servir para su consuelo o  desconsuelo. No veo, sin embargo, motivo para darlas a conocer. No bajo el  formato de “certeza moral mía”.

Ruego que se me entienda: no  pretendo descalificar las convicciones de nadie, ni burlarme (¡Dios me libre!)  de las angustias o inquietudes de nadie. Pretendo evitar que este modesto medio termine siendo vehículo de las  subjetividades de cada uno, en materias  graves y con tratamientos potencialmente dañinos para la verdad y para la paz.

4) Hoy mismo veo publicaciones  dando por ciertos hechos que no se han confirmado, cuyos detalles no se conocen  en caso de ser reales, por un lado condenando y por otro celebrando…

En nuestro medio existe, entre  muchos, una contradicción muy llamativa entre lo que se predica y lo que se obra en materia de opiniones. Mientras se  desprecia el democratismo opinológico de la prensa, a la vez muchos se sienten  autorizados a opinar, como si fuesen expertos calificados en todas las materias. Nadie tiene derecho a opinar, salvo yo y  mis amigos, parece ser la consigna.

Bien, las opiniones pueden ser  lícitas según la materia y la calificación del opinador, y en la medida en que  están reguladas por el buen sentido.

Para que haya buen sentido,  debe haber una cierta humildad en el opinador. Uno opina, o debe opinar, como  pidiendo disculpas. Tardo para hablar, y atento para oír.

La   Fe entra por el oído, y se pervierte con frecuencia, por la lengua. La  ligereza para emitir juicios es dañina para la comprensión de la verdad.

¿Existen opiniones de más  jerarquía que otras? Naturalmente. En materia delicada, sin embargo, es  preferible solo publicar aquellas que tengan un prestigio ganado, si es  necesario publicarlas acaso.

La curiosidad es un desorden,  pero también es una realidad. A veces es bueno dar a conocer ciertas cosas para  que el desorden de los curiosos (todos nosotros) no sea mayor por la  intervención de la fantasía o la malicia.

Cómo se regula esta cantidad  de variables para hacer un aporte bueno y no lo contrario. Dios ayuda cuando  quien lo hace tiene la obligación de hacerlo. Como persona obligada por razón  de estado, o profesión, asume una responsabilidad moral mucho más grave. Lo hace  con algún grado de acierto y otro de desacierto.

Apechugar, así es la cosa. Y  asume cierta autoridad moral junto con esa responsabilidad. Si merecida o  inmerecida, Dios dirá. Pero que va a dar cuenta de ella, no tengan dudas.

Por eso, según mi leal saber  profesional y con la atención fija en un bien mayor, por ahora seguiré  moderando de esta manera, así Dios me ayude. 

Y con mis disculpas a todos.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *