Panorama Católico

Montecasino, la cuna de Europa

Los monasterios nacen por el deseo de “hombres que, movidos por el Espíritu, se internaban en el desierto adoptando vivir en comunidad como hermanos con el objeto de agradar a Dios, buscarlo y gozar por la oración y el contacto con la Sagrada Escritura de su compañía.” San Benito de Nurcia funda el Monasterio de Montecasino, Italia, y con él, aunque no fue su propósito, la orden monástica más importante de Occidente.<

Los monasterios nacen por el deseo de “hombres que, movidos por el Espíritu, se internaban en el desierto adoptando vivir en comunidad como hermanos con el objeto de agradar a Dios, buscarlo y gozar por la oración y el contacto con la Sagrada Escritura de su compañía.” San Benito de Nurcia funda el Monasterio de Montecasino, Italia, y con él, aunque no fue su propósito, la orden monástica más importante de Occidente.

Por el Dr. Horacio Boló

Hacia el año 480 de nuestra era nacía en Italia en la ciudad de Nursia, actualmente Norcia, en la Umbría quien iba a ser conocido con el nombre de Benito de Nurcia. Su familia pertenecía a la pequeña nobleza rural. Se dedicó a los estudios literarios en la ciudad de Roma hasta el 500, año en que deja su casa y sus estudios y abandona Roma para dedicar su vida a Dios. Vivió primero como ermitaño en Subiaco, en una gruta, pero era tal su fama de santidad que se le agregaron muchos discípulos e incluso muchos nobles le enviaban sus hijos para que los educara y llega a fundar en esa época doce monasterios en los que se encargaba personalmente de la formación de los que allí acudían. Sufrió la persecución de un sacerdote del lugar y abandonó Subiaco para dirigirse a la cumbre de Montecasino, una montaña de unos 500 metros de altura que se encuentra a mitad de camino entre Roma y Nápoles en cuya cima construye un monasterio y allí muere alrededor del año 560, sostenido por sus discípulos y orando con las manos levantadas al cielo. Le tocó vivir en un mundo convulsionado, asolado por las guerras y las invasiones de los bárbaros y había caído el Imperio Romano. Era un hombre culto que conocía perfectamente el arte de la retórica y tenía vastos conocimientos literarios.

Los monasterios nacen por el deseo de “hombres que, movidos por el Espíritu, se internaban en el desierto adoptando vivir en comunidad como hermanos con el objeto de agradar a Dios, buscarlo y gozar por la oración y el contacto con la Sagrada Escritura de su compañía.” La India los conoce desde tiempos inmemoriales. Los monasterios cristianos nacen en Egipto, Siria y Asia Menor, para extenderse luego al territorio de lo que hoy es Francia. San Benito de Nurcia funda el Monasterio de Montecasino, Italia, y con él, aunque no fue su propósito, la orden monástica más importante de Occidente. Rápidamente se fundan monasterios benedictinos en toda Europa, desde Escocia a Siria, desde el norte de Noruega hasta el sur de España, de Irlanda al Mar Báltico. Redacta las normas bajo las cuales deberá vivir el monje, la famosa Regla de San Benito, una obra maestra de sabiduría y espiritualidad, que iluminó e ilumina hoy no sólo a los monjes sino también a muchos laicos.

Pronto los monasterios de la orden benedictina se convirtieron en centros alrededor de los cuales vivía mucha gente que acudía en busca de tranquilidad cuando Europa estaba asolada. Buscaban la protección, la estabilidad y la seguridad y, algo raro en esa época, el respeto por el trabajo y la persona del trabajador. Fueron los monasterios los que enseñaron a los pobladores el cultivo de la tierra, de los viñedos y la cría del ganado e incluso muchos de ellos tenían estanques dedicados a criar peces. Conservaron los conocimientos agrícolas de la antigüedad y se preocuparon de trasmitir sus experiencias, muchas de ellas basadas en verdaderas investigaciones científicas Realizaron estudios del suelo, del clima, de las plantas y perfeccionaron las herramientas del cultivo y de la cosecha. Fueron los principales proveedores de lana en Inglaterra a lo largo de toda la Edad Media. En Alemania se distinguieron por la cría de caballos. Desmontaron bosques y selvas y secaron pantanos para tener tierras cultivables. Crearon el sistema de terrazas en las montañas para las viñas y otros cultivos e hicieron las primeras obras de regadío. Incluso en la zona de los Países Bajos ganaron tierras al mar. Es notable el cuidado de los bosques y los sistemas de reforestación que ponían en práctica e incluso existe un reglamento del año 1144 que regula el uso de los mismos.

Se dedicaron a la explotación de la turba, de las canteras de mármol (el mármol usado en la tumba de Napoleón provenía de una Abadía benedictina de Bélgica), de las minas de plata y de oro y a la extracción y comercialización del carbón. En Escocia una abadía benedictina tenía 170 barcos dedicados a la exportación del carbón. También algunos monasterios tenían minas de hierro, como el de Orval y de la Cartuja de Grenoble, y sus trabajos en herrería fueron famosos en toda Europa. Repararon caminos e hicieron nuevas rutas y puentes.

Fueron los creadores de los molinos de viento e hicieron una inteligente aprovechamiento de los molinos de agua.

Fueron maestros en la elaboración de los productos de la tierra y todos los progresos en la tecnología en alimentos de esos siglos se debió a los monasterios. Es más, hasta no hace mucho, los mejores restaurantes de Europa incluían una receta originaria de algún monasterio en su menú. Sus licores y cervezas aún hoy son insuperables.

En los monasterios se conservaron todas las grandes obras de la literatura y la filosofía de Grecia y Roma: sin ellos todo esta riqueza se hubiera perdido. Muchas de estas obras conservadas en sus bibliotecas fueron destruidas por el odio: sólo en la Abadía de Cluny los calvinistas quemaron 1800 manuscritos y la Revolución Francesa destruyó numerosos monasterios. Su labor educativa ha sido y es invaluable, como veremos en un próximo artículo.

Crearon los primeros hospitales, tema sobre el que volveremos a hablar, e incluso casas de retiro para los inválidos, heridos de guerra y ancianos.

En todos los ámbitos de la cultura su obra ha sido importantísima, baste mencionar que la notación musical que hoy usamos fue creada por Guido d’Arezzo en una abadía benedictina. Y como si todo esto fuera poco, construyeron las Catedrales que hoy nos admiran.

Por todo esto la Iglesia lo ha nombrado a San Benito patrono de Europa porque la orden que él fundara, sin proponérselo, en Montecasino, creó Europa.

Cuesta imaginar como piensan los que se negaron a incluir en la Constitución europea las raíces cristianas de Europa, porque Europa nació en los monasterios.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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