Panorama Católico

Murió Lucía, ¿y ahora…?

Las apariciones de Fátima pertenecen a la categoría de “revelación privada”, es decir, que no obliga al fiel católico a creer en ellas. Sin embargo, la Iglesia las ha honrado de manera extraordinaria, por medio de documentos, peregrinaciones papales, consagraciones para satisfacer los pedidos de la Virgen transmitidos por Lucía, y finalmente, la publicación -con 40 años de retraso- de la tercera parte del Secreto, con una solemnidad poco frecuente. Beatificó, asimismo a los dos pastorcitos muertos y Sor Lucía, la sobreviviente, fallecida el 13 de febrero, fue visitada y consultada por obispos, cardenales y papas. Debemos al menos aceptar que entre las revelaciones privadas, ésta tiene un carácter eminente e inusual.

El 13 de febrero murió Sor Lucía del Inmaculado Corazón, nacida Lucía Santos, tras 48 años de vida como religiosa carmelita descalza en el convento de Coimbra, Portugal. Siendo niña, junto con sus primos más pequeños, Jacinta y Francisco Marto (hoy beatos) recibió la visita del Angel de Portugal y luego la de la Santísima Virgen, por seis veces a partir del 13 de mayo de 1917, todos los 13 de cada mes, hasta octubre, fecha en que se produjo el gran milagro del sol, visto por una multitud de unas 100.000 personas y documentado por la prensa de la época.

Los más niños vivieron poco tiempo. Sus oraciones y mortificaciones heroicas les han valido la elevación al honor de “bienventurados”, un paso previo a la canonización. “Ellos se santificaron … por la tristeza en el rostro de la Virgen… y por la visión del infierno”, ha dicho Sor Lucía al P. Fuentes, sacerdote mexicano estudioso de Fátima. Su misión en la tierra fue corta pero intensa. La de Lucía, por el contrario, súmamente extensa, puesto que vivió casi 90 años más desde aquellos sucesos, pasó por varias casas religiosas y fue bendecida por otras apariciones y mensajes.

Fue la depositaria de la parte secreta de los anuncios de la Santísima Virgen y vio cumplidos &#8211…al menos una parte- de los castigos que allí se anuncian: la Segunda Guerra Mundial, (precedida por la aurora boreal que vio toda Europa poco antes del estallido bélico) la monstruosa carnicería que segó la vida de 50 millones de personas (el mismo 13, día de su muerte, se cumplieron los 60 años del bombardeo de Dresden por parte de los Aliados, que mató unas 130.000 personas en pocas horas, la mayoría civiles, sin razón militar alguna). “(Rusia) expandirá sus errores por el mundo… guerras y persecuciones contra la Iglesia… Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, numerosas naciones serán aniquiladas”. También vio Sor Lucía la espantosa crisis de la Iglesia, acelerada brutalmente por el Concilio y completamente descontrolada en el postconcilio, una verdadera pasión semejante a la de Cristo.

Tenemos la impresión de que la muerte de Sor Lucía dará comienzo a los momentos culminantes del gran castigo anunciado metafóricamente en la visión del Tercer Secreto. “Mi misión no es indicar al mundo los castigos que llegarán ciertamente, si antes el mundo no reza ni hace penitencia. No, mi misión es indicar a todos el inminente peligro en que nos hallamos de perder nuestra alma para siempre si seguimos obstinados en el pecado“, ha dicho al P. Fuentes en 1957.

¿Los últimos tiempos?

Y según el mismo testimonio: “Padre, la Santísima Virgen no me ha dicho que estemos en los últimos tiempos del mundo, pero Ella me lo ha hecho ver por tres motivos. En primer lugar, porque me ha dicho que el demonio está a punto de librar una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva es una batalla final en la que se verá de qué lado está la derrota. También desde ahora o estamos con Dios o estamos con el demonio… no hay términos medios.

“En segundo lugar, porque Ella ha dicho tanto a mis primos como a mí misma, que Dios concedió los dos últimos remedios al mundo: el Santo Rosario y la devoción al Corazón Inmaculado de María, y si esos son los dos últimos remedios, eso significa que no habrá otros.

“Y en tercer lugar, porque siempre en los planes de la Divina Providencia, cuando Dios va a castigar al mundo, agota todos los otros recursos. Ahora bien, cuando Dios ha visto que el mundo no ha hecho caso de ninguno, entonces como diríamos en nuestra imperfecta forma de hablar, nos ofrece con cierto temor, el último medio de salvación: Su Santísima Madre. Porque si nosotros rechazamos y despreciamos ese último medio ya no tendremos perdón del cielo (…) Tenemos como testimonio patente la historia de muchos siglos de la Iglesia en la que mediante ejemplos terribles se nos muestra como Nuestro Señor Jesucristo siempre ha asumido la defensa del honor de su Madre”.

Nos vienen a la mente las blasfemias contra Nuestra Señora, que en estos últimos años se han multiplicado, no ya simplemente como actos particulares sino sostenidos desde los Estados, con la fuerza pública a su servicio.

También recordamos aquella frase del extraordinario escritor colombiano, Nicolás Gómez Dávila: “El modernismo no será castigado: es el castigo”.

¿Que viene ahora, después de la muerte de Lucía? El fin de su misión en la tierra abre varias expectativas. Acontecimientos importantísimos y trágicos en la Iglesia, según se desprende de la visión llamada Tercer Secreto. Y la parte no cumplida, aunque conocida de antemano: “Al final, mi Corazón Inmaculado TRIUNFARA. El Santo Padre me consagrará Rusia que se convertirá y será dado al mundo un cierto tiempo de paz”.

Sin duda el cambio de pontífice -que parece un hecho muy cercano- tendrá estrecha relación con lo que falta. También la misteriosa “conversión” de Rusia y el “tiempo de paz”.

En la inminencia de estos acontecimientos, sigamos los consejos de Sor Lucía: rezo del Santo Rosario, mortificación, reparación al Corazón Inmaculado. Por la salvación de nuestras almas y la de todos aquellos próximos a nosotros. Por el clero, en especial por el Santo Padre y su sucesor. Son momentos de todo o nada. Pongámonos ya mismo en disposición de espíritu con una buena confesión, un buen propósito penitencial y la fidelidad a la Iglesia en su doctrina inmutable.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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