Panorama Católico

Ni motu ni propio: el poder del papa está acotado

Así definió el Superior General de la FSSPX, Mons. Bernard Fellay, al documento que se espera sobre la Misa Tridentina. Aludiendo a las repeditas postergaciones, afirmó que el papa tiene un espacio de poder muy limitado en medio de una curia hostil y episcopados en rebeldía.

Así definió el Superior General de la FSSPX, Mons. Bernard Fellay, al documento que se espera sobre la Misa Tridentina. Aludiendo a las repeditas postergaciones, afirmó que el papa tiene un espacio de poder muy limitado en medio de una curia hostil y episcopados en rebeldía.

Escribe el Editor y Responsable.

Mons. Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, reelecto por 12 años más en julio último, viene visitando la Argentina desde hace casi dos décadas, al menos una vez al año. A su larga experiencia como Superior suma el hecho de haberse formado desde su adolescencia en estrecho contacto con Mons. Lefebvre, puesto que vivía muy cerca del Seminario de Ecóne, al que ingresó apenas tuvo la edad canónica. Podría decirse que es un lefebvrista del más rancio abolengo.

Tranquilo y cordial, como buen suizo, Mons. Fellay mide cada una de las palabras de su castellano algo trabajoso, mezclado con términos en italiano y en portugues. Aún así habló dos horas y media en una conferencia pública sobre “El Estado Actual de la Iglesia". De ellas resumimos algunos conceptos principales.

El Papa sufre una gran resistencia por parte de los sectores progresistas del Vaticano. Particularmente están muy procupados por la posibilidad de que el Motu Proprio de liberación de la Misa amplíe el ámbito de influencia de la liturgia tradicional. Por eso ahora no hablan de la antigua liturgia como de un tema de “nostalgia” o “sensibilidad” de algunos, sino como una seria amenaza a la teología conciliar. Es decir, reconocen que la antigua misa se fundamente en otra teología.

La idea de esta liberación tiene varios años y ha sido conducida a la práctica por el entonces Card. Ratzinger. Busca solucionar un problema interno, que en su empeño ecuménico resulta un contrasentido: admitir con buena voluntad a todos y cerrarse a los católicos tradicionales. Por otra parte, considera que la prohibición fáctica de la misa tridentina es una injusticia y un grave error.

Según Mons. Fellay, el papa no concibe un retroceso en las formulaciones novedosas del Concilio Vaticano II: libertad religiosa, laicidad del Estado, ecumenismo, diálogo con el judaísmo. Quiere frenar a quienes están más allá, pidiendo un Vaticano III, pero está convencido de que estos puntos son una legítima “redefinición” de la doctrina de la Iglesia, depurada de los elementos históricos contingentes que dieron origen al Syllabus. Esto es algo que el tradicionalismo no acepta y pide se discuta en comisiones teológicas una vez que se hayan cumplido los dos “prealables” o gestos de buena voluntad de Vaticano: liberación de la Misa y anulación de la excomuniones a los obispos.

Mons. Fellay considera que tarde o temprano el Motu Propio saldrá, no solo con la liberación de la misa sino con “algo más” de lo que fue informado sin mayores detalles. Esto sería una propuesta de estatuto canónico, algo que oscilaría entre la prelatura personal y la jurisdicción extraterritorial. Algo novedoso, que está siendo estudiado por los organismos de interpretación de los textos jurídicos de la Santa Sede.

Sin embargo, dice el Superior de los tradicionalistas, el apuro del Papa por darle esta solución de “compromiso” no es compartido por la FSSPX. Ellos creen que antes deben discutirse los “dubia” o dudas sobre ciertos postulados conciliares. Particularmente los que el Papa considera “redefiniciones”. Ninguna relación duradera podría asentarse en un mero “acuerdo político” que no contemple las diferencias doctrinales del magisterio tradicional con el posconciliar, dicen los tradicionalistas.

Respecto a la situación personal del Papa, Mons. Fellay afirmó que su capacidad de maniobra está extremadamente acotada. Así lo ha declarado su secretario personal, haciendo un gesto elocuente de pequeñez. “El poder del Papa es así”, ha dicho, formando un pequeño rectángulo con sus manos.

Se sabe con certeza, afirmó Mons. Fellay, que hay entre los cardenales conservadores dos líneas. Una que favorece dar a la FSSPX una solución jurídica y convertirla en la columna vertebral de una suerte de “contrarreforma” conservadora. El líder de este grupo sería el Card. Castrillón Hoyos. La otra línea, liderada por el chileno Medina Estévez, quiere asignarle esta función a la Fraternidad San Pedro, creada en 1988 por el Motu Proprio Ecclesia Dei Afflicta. Pero los obispos franceses, alemanes y americanos, anticipándose a esta medida que, por un lado u otro restringiría su poder, han preferido cooptar a los más “liberales” dentro del tradicionalismo, los llamados “birritualistas”. Son sacerdotes que no objetan el Novus Ordo y lo celebran junto con la misa tradicional. Un numeroso grupo de ellos forma parte de la Fraternidad San Pedro.

Por eso el Papa va demorando sus decisiones, en busca de consenso, a medida que logra recambiar a los funcionarios de la Curia romana, tarea que resulta ardua. Por ejemplo, Mons. Marini, Ceremoniero papal e inspirador de las más originales piezas iitúrgicas, tiene su suerte echada hace más de un año. Pero rechaza los cargos que le ofrecen una salida elegante, permaneciendo en el suyo por la vía de los hechos. El caso más notable es el del Card. Sodano, quien no ha dejado aún las oficinas de la Secretaría de Estado (cesó el 15 de septiembre) mientras que su sucesor, el Card. Bertone ha debido improvisar su cuartel en una torre anexa a uno de los jardines vaticanos. En tanto, Sodano solicita el nombramiento de cinco “asistentes” personales…

Por eso el Motu proprio no es ni motu (porque no se mueve) ni propio porque está sujeto a toda suerte de presiones. El arma que maneja el Papa Benedicto para navegar en esta aguas es el “secreto pontificio” y los “hombres de confianza”. “Nadie sabe nada”, dice Mons. Fellay. Y lo poco que se filtra tiende a generar reacciones en contra del Papa. La última fecha fijada para el motu proprio era el 11 de noviembre… Tal vez por eso el común denominador de los nombramientos realizados en la Curia no ha sido la linea doctrinal sino el grado de confianza personal del Papa en los nombrados. Designa solo gente en la que puede apoyarse con absoluta confianza, gente a la que conoce personalmente.

Finalmente, el documento sobre el “pro multis” fue redactado contra la opinión de la mayoría de los espiscopados. Solo tres de ellos coincidieron con la decisión papal traduciendo la fórmula consagratoria del vino como “por muchos”. Inclusive el Card. Arinze estaba en contra. Quizás por eso, habiendo sido enviado el 17 de octubre a los presidentes de las conferencias episcopales, nadie diga palabra sobre tema ni se haya publicado oficialmente todavía.

Para concluir esta breve reseña, Mons. Fellay estimó que los dos millones y medio de rosarios rezados por las liberación de la misa entre septiembre y noviembre tuvieron su efecto, pues fue durante esa fecha que el Papa tomó esta decisión prácticamente contra la opinión de todos. Por eso invita a los católicos a rezar por el Papa, para que tenga la fuerza y la luz para decidir de un modo correcto en tantos temas que aún quedan pendientes.

A lo largo de la conferecia se mencionaron varios otros temas, que sería largo resumir aquí. Quienes deseen oírla pueden descargar la grabación desde cualquiera de estos vínculos u oirla on line.

Servidor de PCI
Sitio Web del Distrito de Sudamérica de la FSSPX

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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