Panorama Católico

No a la teología narcisista, dice Francisco

"Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales"

El jueves 7 de marzo finalmente tomó la palabra y habló tan solo por tres minutos y medio, son llegar a usar los 5 minutos de tiempo establecidos para cada cardenal. Jorge Mario Bergoglio habló de la necesidad de que la Iglesia saliera de sí misma y de que alcanzara las periferias geográficas y existenciales. Dijo que la Iglesia no tiene luz propia, sino que refleja, como la luna, una luz que proviene de fuera, la de Jesús. También aludió a los cambios y reformas necesarias y que deben tener como único fin la «salvación de las almas». «Habló con el corazón», comentaron muchos de los cardenales presentes en las Congregaciones generales antes del Cónclave.

Ahora, el texto de ese pequeño discurso, determinante en la decisión del Cónclave que lo habría elegido Papa el 13 de marzo, fue publicado. Bergoglio había hablado improvisando, sin leer, pero el cardenal de La Habana, Jaime Ortega y Alamino, le pidió el texto. Al día siguiente, el futuro Papa le entregó una transcripción en la que trataba de reproducir exactamente lo que había dicho ante los cardenales electores.

El sábado pasado, cuando acababa de regresar a Cuba, el arzobispo de La Habana publicó el texto en la revista diocesana «Palabra Nueva», que dirige Orlando Márquez.

? ?Bergoglio comenzó haciendo referencia a la evengelización: «“La dulce y confortadora alegría de evangelizar» (Pablo VI). – Es el mismo Jesucristo quien, desde dentro, nos impulsa». Después hay cuatro puntos que reflexionan sobre el futuro Papa:

1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.

2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar… Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.

3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual (Según De Lubac, el peor mal que puede sobrevenir a la Iglesia). Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí; la Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas.

4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de «la dulce y confortadora alegría de la evangelizar».

Fuente: Vatican Insider, nota de Andrea Tornielli.

 

Comentario Druídico: Las expresiones subrayadas no las entiendo. Recurro a la Mystici Corporis a ver si encuentro algo de claridad.

 

Todos los miembros de su Cuerpo místico y, sobre todo, los más importantes reciben del Salvador dones constantes de consejo, fortaleza, temor y piedad, a fin de que todo el cuerpo aumente cada día más en integridad y en santidad de vida. Y cuando los Sacramentos de la Iglesia se administran con rito externo, El es quien produce el efecto interior en las almas. Y, asimismo, El es quien, alimentando a los redimidos con su propia carne y sangre, apacigua los desordenados y turbulentos movimientos del alma; El es el que aumenta las gracias y prepara la gloria a las almas y a los cuerpos. Y estos tesoros de su divina bondad los distribuye a los miembros de su Cuerpo místico, no sólo por el hecho de que los implora como hostia eucarística en la tierra y glorificada en el Cielo, mostrando sus llagas y elevando oraciones al Eterno Padre, sino también porque escoge, determina y distribuye para cada uno las gracias peculiares, según la medida de la donación de Cristo. De donde se sigue que, recibiendo fuerza del Divino Redentor, como de manantial primario, todo el cuerpo trabajo y concertado entre sí recibe por todos los vasos y conductos de comunicación, según la medida correspondiente a cada miembro, el aumento propio del cuerpo, para su perfección, mediante la caridad.

Como sutil y agudamente advierte Belarmino, tal denominación Cuerpo de Cristo no solamente proviene de que Cristo debe ser considerado Cabeza de su Cuerpo místico, sino también de que de tal modo sustenta a su Iglesia, y en cierta manera vive en ella, que ésta subsiste casi como un segundo Cristo. Y así lo afirma el Doctor de las Gentes escribiendo a los Corintios, cuando sin más aditamento llama Cristo a la Iglesia, imitando en ello al Divino Maestro que a él mismo, cuando perseguía a la Iglesia, le habló de esta manera:Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?. Más aún, si creemos al Niseno, el Apóstol con frecuencia llama Cristo a la Iglesia; y no ignoráis, Venerables Hermanos, aquella frase de San Agustín: Cristo predica a Cristo..

Y si en la Iglesia se descubre algo que arguye la debilidad de nuestra condición humana, ello no debe atribuirse a su constitución jurídica, sino más bien a la deplorable inclinación de los individuos al mal; inclinación, que su Divino Fundador permite aun en los más altos miembros del Cuerpo místico, para que se pruebe la virtud de las ovejas y de los Pastores y para que en todos aumenten los méritos de la fe cristiana. Porque Cristo, como dijimos arriba, no quiso excluir a los pecadores de la sociedad por El formada; si, por lo tanto, algunos miembros están aquejados de enfermedades espirituales, no por ello hay razón para disminuir nuestro amor a la Iglesia, sino más bien para aumentar nuestra compasión hacia sus miembros.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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