Panorama Católico

Nueva temporada musical en el Vaticano. Y este es el programa.

El Papa Ratzinger
parece apurar los tiempos. La curia tendrá una oficina dotado de autoridad
en el campo de la música sacra. Y el coro de la Capilla Sixtina un
nuevo director.

Por Sandro Magister

El Papa Ratzinger
parece apurar los tiempos. La curia tendrá una oficina dotado de autoridad
en el campo de la música sacra. Y el coro de la Capilla Sixtina un
nuevo director.

Por Sandro Magister

ROMA, 18 de octubre
del 2007 – En el giro de pocos días se han sucedido en el Vaticano
y en Roma algunos hechos que, concatenados uno a otro, hacen presentir
nuevas medidas preventivas – queridas por el Papa – a favor del
renacimiento de la gran música sacra.

 

El primero de
estos hechos ocurrió el lunes 8 de octubre. Esa mañana Benedicto XVI
dio audiencia al capítulo de la basílica de San Pedro, es decir a
los obispos y a los sacerdotes que con el arcipreste de la basílica,
Angelo Comastri, celebran cada domingo la misa y las vísperas solemnes
en la más famosa iglesia de la cristiandad.

 

El Papa les recordó
que “es necesario que junto a la tumba de Pedro haya una comunidad
estable de oración, que garantice continuidad con la tradición”

 

Una tradición
que se remonta “a los tiempos de san Gregorio Magno”, el Papa del
que ha tomado nombre el canto litúrgico típico de la Iglesia latina,
el gregoriano.

 

En el capítulo
de San Pedro el Papa presentó como ejemplo las liturgias celebradas
en la abadía de Heiligenkreutz, el floreciente monasterio que visitó
pocas semanas atrás en Austria.

 

En efecto, desde
hace poco más de un año, el canto gregoriano ha vuelto a ser en la
basílica de San Pedro el canto príncipe de las misas y de las vísperas
solemnes.

 

El renacimiento
del canto gregoriano en San Pedro ha coincidido con el nombramiento
de un nuevo director del coro, decidido por el capítulo de la basílica
en febrero del 2006.

 

El nuevo director,
Pierre Paul, canadiense, oblato de María Virgen, ha hecho un cambio
neto respecto al uso extendido durante el pontificado de Juan Pablo
II – y secundado por el anterior director Pablo Colino – de hacer
cantar en las misas en San Pedro los coros más dispares provenientes
de todas partes del mundo, de calidades muy diferentes y frecuentemente
flojos.

 

El Padre Paul
ha vuelto a poner en mano de sus cantores el gradual y el antifonal,
y los ha reeducado a cantar en puro gregoriano la misa y las vísperas.
También los fieles tienen a disposición libretos con los apuntes gregorianos
de Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei, junto a la traducción
en italiano, inglés y español de los textos en latín. Los resultados
son unas celebraciones litúrgicas ejemplares, siempre más participadas
por un número creciente de fieles de muchas naciones.

 

Habría todavía
mucho que hacer para volver a dar vida en San Pedro a la que antiguamente
fue la Capilla Giulia – el coro propio de esta basílica – y a los
esplendores del estilo musical romano, un estilo en el cual la sacra
polifonía cuyo arquetipo fue Giovanni Pierluigi de Palestrina y un
gregoriano que también era cantado romanamente (viril y fuerte, no
según los modelos monacales inspirados pro Solesmes) se alternan y
recíprocamente se enriquecen.

 

Pero ha habido
un nuevo inicio. Y Benedicto XVI ha querido decir al capítulo que esta
es el camino correcto.

 

* * *

 

El segundo hecho
ocurrió el miércoles 10 de octubre, también en la basílica de San
Pedro. La orquesta y el coro de la Humboldt Universität de Berlín
dirigido por Constantin Alex ha ejecutado la misa “Tu es Petrus”
compuesta en honor de los 80 años del Papa Joseph Ratzinger por el
músico alemán Wolfgang Seifen, presente en el teclado del órgano.

 

Cuidado: no se
trató de un concierto, sino de una verdadera misa. Exactamente como
el 19 de noviembre de hace un año, cuando en San Pedro los Wiener Philarmoniker
acompañaron musicalmente la liturgia eucarística celebrada por el
cardenal Christoph Schönborn con la Krönungsmesse K 317 de Wolfgang
Amadeus Mozart.

 

En ambos casos,
las dos misas ennoblecidas por esta música fueron celebradas en el
marco del Festival Internacional de Música y Arte Sacra, que cada otoño,
en Roma, hace resonar en las grandes basílicas papales repletas de
una muchedumbre – o sea en su lugar natural y no en las aulas de concierto
– las obras maestras de la música sacra cristiana, con orquestas,
directores y cantantes de fama mundial.

 

Este año las
ejecuciones que marcaron el punto culminante han sido dos: la Misa de
Réquiem de Giuseppe Verdi con los Wiener Philarmoniker dirigidos por
Daniele Gatti; y la Misa en si menor BWV 232 de Johann Sebastian Bach
con la Amsterdam Baroque Orchestra & Choir dirigida por Ton Koopman.

 

Pero desde el
punto de vista litúrgico el momento más alto del Festival ha sido
precisamente la misa celebrada el 10 de octubre en San Pedro.

 

No es un misterio
que el enriquecimiento reciproco entre liturgia católica y gran música
sacra sea particularmente querida por Benedicto XVI.

 

El Papa ha dado
a entender, con particular fuerza, en el curso de su reciente viaje
a Austria, con la misa celebrada por él el domingo 9 de setiembre en
la catedral de Viena, acompañada por la estupenda Mariazeller Messe
de Franz Joseph Haydn y por una antífona de comunión y por un salmo
en puro canto gregoriano.

 

* * *

 

El tercer hecho
es la visita de Benedicto XVI al Pontificio Instituto de Música Sacra,
la mañana del sábado 13 de octubre.

 

A los profesores
y a los alumnos de este instituto – que es el “conservatorio”
litúrgico-musical de la Santa Sede, el que forma a los músicos de
la Iglesia de todo el mundo – el Papa ha citado el Concilio Vaticano
II, en la parte que dice que “el canto sacro, unido a las palabras,
es parte necesaria e inteligente de la liturgia solemne” (Sacrosanctum
Concilium, 112).

 

Ha confirmado
que “tres características distinguen a la música sacra litúrgica:
la santidad, el arte verdadera, la universalidad, o sea la posibilidad
de ser propuesta a cualquier pueblo o tipo de asamblea”.

 

Y continuó así:

 

“Precisamente
en viste de ello, la autoridad eclesiástica debe comprometerse a orientar
sabiamente el desarrollo de una género tan exigente de música, no
congelando su tesoro, sino buscando insertar en la herencia del pasado
la novedad válida del presente, para llegar a una síntesis digna de
la alta misión reservada para ella en el servicio divino. Estoy seguro
que el Pontificio Instituto de Música Sacra, en armónica sintonía
con la congregación para el culto divino, no dejará de ofrecer su
contribución para un ‘aggiornamento’ adaptado a nuestros tiempos
de las preciosas tradiciones de las que la música sacra es rica”.

 

A este deseo podría
seguir pronto la institución en la curia romana de una oficina dotada
de autoridad en materia de música sacra. Se sabe que, de cardenal,
Ratzinger consideraba la institución de tal oficina como una necesidad.

 

Pero Benedicto
XVI también ha dado a entender sus preferencias sobre el tipo de música
sacra que se ha de promover.

 

En el discurso
al Pontificio Instituto de Música Sacra el Papa ha mencionado el nombre
de un solo “maestro” vivo de la gran música sacra: Domenico Bartolucci,
91 años, que estaba sentado en primera fila y al que después saludo
calurosamente.

 

Bartolucci fue
excluido de director del coro papal de la Capilla Sixtina en el 1997.
Y su despido – querido por el entonces maestro de las ceremonias pontificias,
Piero Marini – marcó el general abandono en las liturgias papales
del estilo romano hecho de gran música polifónica y de canto gregoriano,
del que Bartolucci es gran intérprete

 

Sólo la Capilla
Liberiana de la basílica de Santa María Mayor, dirigida desde 1970
por Valentino Miserachs Grau, sucedido en este rol por el mismo Bartolucci,
siguió mantiendo vivo este estilo en las basílicas papales de Roma

 

Monseñor Miserachs
es también presidente del Pontificio Instituto de Música Sacra al
que el Papa ha confiado la tarea de “orientar sabiamente el desarrollo
de un género de música tan exigente”

 

Bartolucci e Miserachs:
es este el binomio de referencia de Benedicto XVI, en Roma, en el campo
de la música litúrgica.

 

* * *

 

El cuarto hecho,
que antecede en poco a los tres primeros, es la sustitución, el 1 de
octubre, del maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias.

 

En el lugar de
Piero Marini – que va a presidir el pontificio comité para los congresos
eucarísticos internacionales – ha sido llamado de Génova Guido Marini,
cercano al predecesor en el nombre, pero al Papa en la sustancia.

 

El alejamiento
de Piero Marini pone al descubierto al hombre que él había llevado
en 1997 a la dirección de la Capilla Sixtina después de la salida
de Bartolucci: Giuseppe Liberto.

 

Como director
del coro que acompaña las liturgias papales, monseñor Liberto no es
el hombre ideal para el actual Papa. Basta leer qué ha escrito de él
la autorizada ”Revista Internacional de Música Sacra”, en la pluma
de un experto en la materia, el húngaro Dobszay László, comentando
la misa inaugural del pontificado de Benedicto XVI:

 

“La elección
del Papa Benedicto XVI ha dado esperanza y alegría a cuantos aman la
verdadera liturgia y música litúrgica. Siguiendo en TV la misa inaugural
nos ha impresionado profundamente la celebración y la homilía del
Santo Padre.

 

“Pero en el
discurrir de la misa, nos hemos encontrado cada vez más incómodos
con su acompañamiento musical. La mayor parte de lo que era cantado
era música de verdad mediocre; el canto gregoriano era sólo un pretexto
para permitir al compositor de casa exhibirse a sí mismo. La única
cosa de la que el coro podía sentirse orgulloso era la aureola de su
pasado. Los cantores gritaban uno sobre el otro, desentonaban, no estaban
juntos, la dirección estaba privada de médula artística, el órgano
y la ejecución en el órgano eran los de una parroquia rural.

 

“La mediocre
calidad de la música era consecuencia de otro defecto: la incorrecta
y arbitraria composición ('de Marini?) de un texto litúrgico del propio
de dicha misa, que prácticamente excluía el ‘precioso tesoro de
la música de la Iglesia’ (cf. Sacrosanctum Concilium). Un formulario
de la misa retomado del propio de la liturgia romana habría tenido
un influjo positivo también sobre la música. Pero alguien quiso seguir
por el camino de la vanagloria y ceder a la tentación del voluntarismo.
Nuestra felicidad nos fue robada”

 

El director de
la “Revista Internacional de Música Sacra”, editada en cuatro idiomas,
es Giacomo Baroffio, gran estudioso del canto gregoriano y penúltimo
presidente del Pontificio Instituto de Música Sacra, antes que Miserachs.

 

* * *

 

A los hechos
precedentes se suma finalmente otro que le hace de fondo a todos. Y
es el motu proprio “Summorum Pontificum” con el cual Benedicto XVI
ha liberalizado el rito antiguo de la misa.

 

Cada vez es más
evidente que con esta decisión el Papa Ratzinger ha querido hacer que
las liturgias modernas vuelvan a encontrar lo que corren el riesgo de
perder de la riqueza del rito antiguo: riqueza teológica, textual y
musical.

 

No es una casualidad
que la primera palabra dirigida por el maestro Bartolucci al Papa, en
el breve diálogo privado del sábado 13 de octubre haya sido un “gracias”
por la promulgación del motu proprio.

 

La institución
en el Vaticano de una oficina dotada de autoridad en el campo de la
música sacra y el nombramiento de un director de la Capilla Sixtina
a la altura de su gran tradición son dos actos en perfecta coherencia
con esta línea fundamental del pontificado de Benedicto XVI.

 

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/171962?sp=y

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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