Panorama Católico

Obispos depuestos por inconducta

El «quien es» de los obispos que han dimitido. Es decir, obligados por el Papa a abandonar su cargo por acciones inmorales, por faltas administrativas o por otras graves violaciones. Se cuentan por decenas. Sus nombras han sido retirados del Anuario Pontificio. Aquí los presentamos 

Diario Vaticano / El «quien es» de los obispos que han dimitido

Es decir, obligados por el Papa a abandonar su cargo por acciones inmorales, por faltas administrativas o por otras graves violaciones. Se cuentan por decenas. Sus nombras han sido retirados del Anuario Pontificio. Aquí los presentamos 


CIUDAD DEL VATICANO, 15 de junio de 2012 – Entre los miembros ancianos de la curia se recuerda la frase de un cardenal a quien le gustaba repetir: «Entre los apóstoles traicionó uno sobre doce, hoy entre los sucesores de los apóstoles el promedio no es por cierto mejor».

Hoy, sin contar las otras denominaciones cristianas, los obispos católicos herederos de los apóstoles son cerca de 5.200, y entonces, aplicando a ellos esta proporción “evangélica”, los émulos de Judas Iscariote en la Iglesia de Roma deberían ser más de 400. Una cifra quizás demasiado optimista a los ojos de los lefebvristas o, desde una perspectiva opuesta, de la galaxia eclesial progresista, pero por cierto mucho más alta que el número de los obispos que han sido castigados de diversas maneras, en los últimos años, por el único que tiene esta potestad, es decir, el Papa.

No existen estadísticas completas al respecto, también porque más allá de los casos más llamativos, sucede normalmente que el obispo invitado a dejar el gobierno de una diócesis por motivos doctrinales, morales, o por mal gobierno eclesiástico o administrativo, es convencido de entregar su renuncia al Papa antes de cumplir la edad jubilatoria de 75 años, sobre la base del conocido parágrafo 2 del canon 401 del Código de Derecho Canónico, el cual dice: «se ruega encarecidamente al Obispo diocesano que presente la renuncia de su oficio si por enfermedad u otra causa grave quedase disminuida su capacidad para desempeñarlo». El Papa acepta su dimisión muy rápidamente.

Normalmente, este parágrafo 2 del canon 401 se aplica a eclesiásticos golpeados precisamente por una «enfermedad» física o psíquica, pero no faltan los casos de «otra causa grave». 

Así, recientemente, el 7 de junio se registraron las dimisiones anticipadas del obispo auxiliar de Camberra (Australia), Patrick Percival Power, de 70 años de edad, conocido por sus posturas progresistas.

Mientras que el 4 de enero fueron anunciadas las del auxiliar de Los Ángeles, Gabino Zavala, de 61 años de edad, porque era padre de dos hijos. No se sabe si el próximo año el nombre de éste último se mantendrá todavía en el Anuario Pontificio.

En efecto, en el pasado los nombres de los obispos que abandonaron su cargo para casarse han sido más o menos rápidamente eliminados del gran libro rojo que todos los años informa todo el organigrama de la Iglesia Católica.

Sin agitar los casos del argentino Jerónimo Podestá y del estadounidense James Patrick Shannon, que remiten al pontificado de Pablo VI, se pueden recordar algunos casos relativamente más recientes, como los del obispo irlandés de Galway, Eamon Casey, renunciado en 1992 a los 65 años de edad y retirado del Anuario en 1997; del obispo suizo de Basilea, Hansjoerg Vogel, renunciado a los 44 años de edad en 1995 y retirado del Anuario en 1997; del obispo escocés de Argill, Roderick Wright, renunciado en 1996 a los 56 años de edad y retirado del Anuario también en 1997; del obispo canadiense de Gaspé, Raymond Dumais, renunciado en el 2001 a los 51 años de edad y retirado del Anuario desde el 2003. 

Del Anuario Pontificio de este año ha desaparecido además el nombre del obispo de Pointe-Noire, en el Congo, Jean-Claude Makaya Loembe, a quien el Papa ha «relevado» del cargo el 31 de marzo de 2011.

En efecto, en el caso que un obispo, al que se le ha solicitado la dimisión, no acepte presentarla, es el Papa mismo quien lo «releva» del cargo. Lo cual sucede más bien muy raras veces. Pero sucede.

El pasado 19 de mayo, por ejemplo, ha sido «relevado» el obispo italiano de Trapani, Francesco Micciché, de 69 años de edad, por problemas administrativos.

Mientras que el 2 de mayo de 2011, por motivos doctrinales, fue «relevado» el obispo australiano de Toowoomba, William M. Morris.

Por el contrario, en 1995, el obispo francés de Evreux, Jacques Gaillot, de 60 años de edad, también por motivos doctrinales, no fue «relevado» sino transferido de oficio a la sede titular de Partenia. 

Morris y Gaillot han sido removidos porque eran desenfrenadamente progresistas. Pero no faltan ejemplos en el otro frente.

En el 2003, por ejemplo, fue aceptada la renuncia del obispo tailandés de Ratchaburi, John Bosco Manat Chuabsamai, de 67 años de edad, luego que se hubiera acercado quizás demasiado al mundo lefebvrista.

Mientras que en marzo del 2009 el Papa «ha dispensado» a monseñor Gerhard Wagner de aceptar el cargo de obispo auxiliar de Linz al que había sido nombrado a fines de enero. En Austria, Wagner había sido sometido a un formidable fuego de artillería por parte de los progresistas, por sus posturas tradicionalistas.

Otros obispos que han sido eliminados del Anuario Pontificio son también los que han sido reducidos al estado laical. Por decisión de autoridad como en el caso del célebre Emmanuel Milingo en el año 2009, o a pedido del interesado, como ha sucedido en el 2008 con el presidente electo del Paraguay y ex obispo de San Pedro, Fernando Lugo.

Se prevé que desaparecerá también del Anuario el nombre del obispo canadiense emérito de Antigonish, Raymond Lahey, separado del estado clerical hace un mes, luego de una condena civil por posesión de material pedófilo-pornográfico.

Indudablemente, la mayor parte de los «graves motivos» que llevan a la dimisión anticipada de los obispos se refieren a cuestiones morales.

La lista es demasiado larga. Además de los casos señalados se recuerdan los de los arzobispos estadounidenses de Atlanta en 1990 y de Santa Fe en 1993, del arzobispo de La Serena (Chile) en 1997, de los dos obispos de Palm Beach (en Estados Unidos) en 1998 y en el 2002, del obispo de Santa Rosa (Estados Unidos) en 1999, del arzobispo polaco de Poznan en el 2002, del arzobispo de Milwaukee (Estados Unidos) en el 2002, el de Lexington (también en Estados Unidos) en el 2002, del arzobispo argentino de Santa Fe en el 2002, del obispo filipino de Novaliches en el 2003, del obispo argentino de Santiago del Estero en el 2005, del obispo de Zamora (México) en el 2006, del ordinario militar húngaro en el 2007, de los obispos centroafricanos de Bangui y Bossangoa en el 2009, del obispo brasileño de Minas en el 2009, del obispo holandés de Ngong (Kenia) en el 2009, del obispo irlandés de Benin City (en Nigeria) en el 2010.

Una especial cobertura mediática han tenido también los casos del obispo belga de Brujas en el 2010 y del obispo prelado, de nacionalidad alemana, de Trondheim (en Noruega) en el 2009. El cardenal de Vienna, Hans Hermann Groer, acusado de acosos sexuales, renunció al cargo luego de haber cumplido 75 años de edad y sin haber admitido jamás su culpa. 

Diferente es el caso de los obispos que han debido renunciar anticipadamente no por haber realizado acciones gravemente inmorales, sino por la acusación de haber ocultado las responsabilidades de sus propios sacerdotes. 

El caso más llamativo es el del cardenal de Boston, Bernard Francis Law, quien renunció en diciembre del 2007, a los 71 años de edad. Pero están también los casos de los obispos irlandeses de Ferns en el 2002, de Limerick en el 2009, y de un auxiliar de Dublin en el 2010, y también el del ordinario de Maitland-Newcastle en Australia, en el 2011.

Pero entre los «graves motivos» que pueden llevar a la dimisión de un obispo no están solamente las cuestiones de moral sexual. Puede ser haber dejado de brindar auxilio en un accidente (el obispo de Phoenix, en Estados Unidos, en el 2003), la embriaguez (el obispo polaco de Elblag en el 2003), la adopción de una niña (el obispo indio de Cochin en el año 2009), la incapacidad para gestionar (el obispo de Koudougou, en Burkina Faso, en el 2011).

Por último, son especiales los casos de los obispos lefebvristas y chinos.

A los primeros les ha sido levantada la excomunión, pero serán reinsertados en el Anuario Pontificio sólo si entran en plena comunión con Roma y en el momento que lo hagan.

Los segundos están por el momento totalmente ausentes en el Anuario Pontificio, aun cuando están reconocidos por la Santa Sede por caminos no convencionales. Sus nombramientos sólo podrán ser insertados cuando sea posible para la Santa Sede relacionarse con ellos según las reglas válidas para toda la Iglesia.

Por el contrario, permanece inscrito en el Anuario Pontificio el nombre del obispo de Pyongyang, en Corea del Norte. Se trata de Francis Hong Yong-ho, quien hoy tendría cerca de 106 años, y que en realidad ha fallecido hace décadas, víctima del régimen comunista.

Obviamente, la Santa sede lo sabe, pero continúa impertérrita insertando su nombre en el Anuario, considerándolo un “desaparecido”.

Fuente: Chiesa
Comentario Druídico: Podríamos sugerirle a la Santa Sede los nombres de algunos obispos argentinos, en especial dos auxiliares de la Arquidiócesis primada, que merecen,  por razones de inconducta moral, una buena patada en al báculo. 

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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