Panorama Católico

Obispos Dormidos en el Lodo

Los santos hablan fuerte. En este caso, un texto de Santo Tomás Moro en vísperas de su martirio, reflexionando sobre la apostasía masiva del episcopado inglés casi sin excepción.

Los santos hablan fuerte. En este caso, un texto de Santo Tomás Moro en vísperas de su martirio, reflexionando sobre la apostasía masiva del episcopado inglés casi sin excepción.

“Vuelve Cristo por tercera vez adonde están sus Apóstoles, y allí los encuentra sepultados en el sueño, a pesar del mandato que les había dado de vigilar y rezar ante el peligro que se cernía. Al mismo tiempo, Judas, el traidor, se mantenía bien despierto, y tan concentrado en traicionar a su Señor que ni siquiera la idea de dormirse se le pasó por la cabeza. ¿No es este contraste entre el traidor y los Apóstoles como una imagen especular, y no menos clara que triste y terrible, de lo que ha ocurrido a través de los siglos, desde aquellos tiempos hasta nuestros días? ¿Por qué no contemplan los obispos, en esta escena, su propia somnolencia? Han sucedido a los Apóstoles en el cargo, ¡ojalá reprodujeran sus virtudes con la misma gana y deseo con que abrazan su autoridad! ¡Ojalá les imitaran en lo otro con la fidelidad con que imitan su somnolencia¡ (…)

Aunque esta comparación con los Apóstoles dormidos se aplica muy acertadamente a aquellos obispos que se duermen mientras la fe y la moral están en peligro, no conviene, sin embargo, a todos los prelados ni en todos los aspectos.

Desgraciadamente, algunos de ellos (muchos más de los que uno podría sospechar) no se duermen “a causa de la tristeza”, como era el caso con los Apóstoles. No. Están, más bien, amodorrados y aletargados en perniciosos afectos, y ebrios con el mosto del demonio, del mundo y de la carne, duermen como cerdos revolcándose en el lodo. (…)

Otra clase de tristeza, peor si cabe, es la de aquellos que no están deprimidos por la tristeza ante los peligros que otros corren, sino por los males que ellos mismos pueden recibir… temor tanto más perverso cuanto su causa es más despreciable, es decir, cuando no es ya cuestión de vida o muerte, sino de dinero. Cristo mandó tener por nada la pérdida de nuestro cuerpo por su causa. “No temáis a quienes matan el cuerpo, y no pueden hacer más. Yo os mostraré a quién debéis temer: Temed al que después de quitar la vida, puede mandar también el alma al infierno. A ése, os repito, habéis de temer”. Para todos, sin excepción, dijo estas palabras, caso de que hayan sido encarcelados y no haya escapatoria posible. Pero añade algo más para aquellos que llevan el peso y la responsabilidad episcopal: no permite que se preocupen sólo de sus propias almas, ni tampoco que se contenten refugiándose en el silencio, hasta que sean arrastrados y forzados a escoger entre una abierta profesión de fe o una engañosa simulación. No. Quiso que dieran la cara si ven que la grey a ellos confiada está en peligro, y que lo hicieran frente al peligro con su propio riesgo, por el bien de su rebaño…

No, estimados amigos, no son estas duras palabras el producto de la pluma de Panorama Católico Internacional. Son las de un laico que estaba a punto de ser ejecutado por su fidelidad a la Iglesia cuando casi todos, casi todos los obispos de su patria defeccionaban y se volvían cismáticos. En la celda contigua a la suya esperaba la muerte el único obispo que no traicionó: San Juan Fisher. En ésta, reflexionaba escribiendo penosamente con un carboncillo, casi en penumbras, para dejar su testimonio a la Iglesia universal, Santo Tomás Moro.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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