Panorama Católico

Obispos Preservativos

Como todos los lectores interesados en el tema habrán podido leer, reiteradamente obispos y algunos de ellos de rango cardenalicio, han hecho la apología del preservativo, en abierta contradicción con la moral católica y particularmente, para enmendarle la plana al Santo Padre, con motivo de la descalificación que El ha reiterado sobre el uso de dicho adminículo como preventivo de las enfermedades del culto a Venus.

Escribe el Editor y Responsable

Como todos los lectores interesados en el tema habrán podido leer, reiteradamente obispos y algunos de ellos de rango cardenalicio, han hecho la apología del preservativo, en abierta contradicción con la moral católica y particularmente, para enmendarle la plana al Santo Padre, con motivo de la descalificación que El ha reiterado sobre el uso de dicho adminículo como preventivo de las enfermedades del culto a Venus.

Escribe el Editor y Responsable

Como la expresión lo indica, se trata de una forma de idolatría, que como tal lleva aparejado el ejercicio de la impureza y (en ese fandango se va de cascada en cascada) los vicios nefandos.

Si bien el Santo Padre no puso particular énfasis en la intrínseca inmoralidad del uso de estos condonados accesorios, he allí el fondo del problema. Concurre a la discusión el tema sobre la efectividad de dichas cosas para evitar el mal que se quiere evitar. Y la concurrencia  ha sido tan numerosa que se ha quedado con el protagonismo, desplazando del centro que le corresponde, porque es el fundamento de todo, el tema de la moralidad o inmoralidad de los actos realizados viciando el fin propio del aparejamiento humano, cual es la procreación.

Huelga descartar todo aparejamiento del mismo sexo, que por razones al alcance de cualquiera –al menos esa esperanza tenemos- no siguen los caminos de la naturaleza en orden a la reproducción humana (y en ningún orden). Luego, deberíamos acotar el tema a las parejas aparejadas (o amancebadas, como decíase en castizo español), ya de un modo sacramentalmente redimible, cuanto de uno irredimible salvo deceso de alguien, o bien de matrimonios que han recibido la bendición nupcial aunque no saben muy bien por qué.

Pero como lo más supone lo menos, si aún en los casos de los esposos legítimos vician lo que es su derecho y deber, al evitar la prole, (dejemos de lado otras situaciones por razones de buen gusto) cuanto más graves serán aquellos casos en que no hay ni legitimidad, ni deber, ni derecho, ni siquiera a veces orden natural respetado.

Así pues, los obispos de marras, apelando a razones de –presunta- caridad o a otras de –presunta- salubridad social, o inclusive dando por sentado que no solo es inevitable que haya pecadores, en lo cual llevan razón, sino que es inútil predicar contra el pecado –en lo cual llevan comodidad y hasta un poquitín de complicidad, digámoslo de una santa vez- en esta maraña de intereses, complicidades y comodidades, nos quieren preservar a todos.

Nos quieren condonar la carga de servir el orden natural, y de respetar la ley de Dios. Nos quieren condonar el peso de la prole, la firmeza de la fidelidad, los rigores de la castidad. Así de caritativos son estos obispos.

Nos preservan de los mandamientos de la ley, confirmados por Nuestro Señor Jesucristo en persona y textualmente en su predicación evangélica. Nos preservan tanto de las bienaventuranzas de los puros, como de las amenazas para con los adúlteros. También nos preservan de esa hipérbole exaltada de San Pablo cuando amenazaba “los perros no entrarán en el reino de los cielos”. Y no es que padeciera fobia a los canes, porque todos sabemos que por tal dura expresión se refiere a los homosexuales.

Porque hay leyes antidiscriminatorias; nuestros obispos nos preservan. Nos condonan los rigores de enfrentar a los organismos competentes. Nos vuelven más comprensivos para con ellos, que tienen sus propias condonaciones preservativas.

En definitiva, como dice un gran teólogo de estos tiempos, le dan un rostro humano a la Iglesia. Y si la humanidad es pecadora ¿por qué vamos a andar buscando situaciones antipáticas de tensión, amonestaciones inútiles y vergonzantes para nosotros. O acaso, ¿no es más fácil que un virus de Sida pase por el poro de un preservativo que uno solo de estos rigoristas medievales sea aceptado por la feligresía? Teniendo la pendiente a favor, y del lado más atractivo, ¡qué andar repitiendo tonteras! Y de paso preservamos a la Iglesia de las que dice este Papa… Así piensan estos obispos que hablaron y muchos otros que no hablaron públicamente.

Gracias, pues, al menos en las intenciones, tan sabias y santas, a nuestros obispos.

Son unos verdaderos preservativos. ¡Que Dios los condone!

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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