Panorama Católico

Oremus pro damnatione iudaeorum?

Los judíos, o al menos las instituciones que los representan, no quieren que la Iglesia rece por ellos. Todos los cambios introducidos les parecen poco. Desde el tan manoseado “pérfidos” hasta la simple alusión a su conversión.

Escribe Marcelo González

Los judíos, o al menos las instituciones que los representan, no quieren que la Iglesia rece por ellos. Todos los cambios introducidos les parecen poco. Desde el tan manoseado “pérfidos” hasta la simple alusión a su conversión.

Escribe Marcelo González

Hemos recibido con verdadera tristeza el cambio ordenado por la Santa Sede de la oración por los judíos en la solemne liturgia del Viernes Santo, en el Rito Tradicional, ahora llamado “extraordinario”.

¡Pérfidos!

Ya el papa Juan XXIII cedió a la presión al eliminar el adjetivo “pérfidos” de dicha oración. El lobby judío se encargó de resaltar el “insulto”, tanto más insultante cuando ahora el pueblo judío tiene una “dignidad especial”: la de haber sido víctima de matanzas masivas, el famoso “holocausto”. No ha sido ni la única matanza ni la mayor que un pueblo haya sufrido, pero esta goza de un privilegio muy particular.

Pues bien, el pueblo judío gozaba y goza para la Iglesia de una dignidad especial -con o sin matanza- Pero de un orden muy distinto: la de haber sido el depositario de la promesa.

Como se trata de un texto litúrgico y no de un bolero de Armando Manzanero, cualquier persona mínimamente seria habría explicado y sostenido el correcto sentido de las palabras de ser necesario. No se trata de una injuria sino de una verdad teológica. Pero nuestros prelados iban con el mundo, y el lobby judío ya había inoculado entre ellos la fantástica teoría de la “doble promesa”, según la cual, la Redención que nos legó el sacrificio de Cristo no les compete religiosamente a los judíos. Ellos tienen su propia “alianza” que ha subsistido -subsistit- al que nosotros creíamos fin de la Sinagoga y comienzo de la Iglesia. De allí el ambiguo pedido de la liturgia del Nuevo Rito. “Que sean fieles a la Alianza”. ¿Qué alianza? ¿Una propia de ellos, ajena a los efectos salvíficos del Sacrificio del Gólgota?

El efecto “bolero”

A pesar de que la buena teología nos enseña que el Israel de la promesa es, desde el Gólgota y la Resurrección, desde Pentecostés, la mismísima Iglesia Católica, que fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo para llevar la salvación a todas la naciones, lo cual, naturalmente incluye a los judíos, muchos prelados católicos han caído en la trampa de convertirlos automáticamente en “hermanos mayores en la Fe”. Como si pudiera haber continuidad entre los que han rechazado al Salvador y sus sucesores, los que han despreciado a quien "vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”.

Porque la Fe de Abraham perfeccionada por Cristo no proviene de la voluntad de la carne ni de la voluntad de la sangre, ni de la voluntad del hombre… sino de Dios. A aquellos que lo recibieron, dedit potestatem filios Dei fieri (les dio la potestad de ser hijos de Dios). A los otros, a los que no lo recibieron, no.

A ver si queda claro: los católicos somos hijos de Abraham, nuestro padre en la Fe. Somos fieles a las esperanzas -ya cumplidas- de los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento. Somos el verdadero Israel. Los judíos que no se han convertido a la Fe católica, no lo son. Ya no son hijos de Abraham. Se han desviado de la verdadera Fe, son pérfidos…

Profecía paulina mediante, cuando caiga el velo que cubre sus ojos, el Israel carnal reconocerá a Cristo como el esperado de las Naciones, y este será un signo tan grande que nos anticipará la Parusía…

Ínterín, el principal problema religioso de los judíos es su perfidia, a saber, el descaminamiento de su fe. Descaminamiento que no se limita a negar a Cristo, sino muchas veces a combatirlo con activa pertinacia. Eso significa ”pérfido”. Pero, “efecto bolero” mediante, las autoridades eclesiásticas competentes creyeron mejor suprimir tan atinado calificativo teológico.

¡Ciegos!

Pero el bolero continúa. Ahora se quejan, con coro a segunda voz de los progresistas católicos, de que se los llama “ciegos” o “de ojos velados”. Y también “obcecados”, es decir, de dura cerviz. Todos adjetivos que los propios judíos encontrarán en sus textos sagrados, aplicados a sí mismos por Jehová y los profetas. ¿Censurarán la Torah y la Mishná?

El cumplimiento de las profecías es tan obvio para quienes las han leído y venerado, que solo estando ciegos, (lo afirma San Pablo y sobre ese texto se redactó la oración cuestionada) es posible negar a Cristo como Mesías. Lo dice alguien con autoridad, puesto que fue el principal perseguidor de la Iglesia a causa de esa ceguera. Por eso a los judíos San Pablo les cae grueso. Y a los progresistas católicos también.

Así pues llegamos a la nueva fórmula aprobada para su uso a partir del próximo Viernes Santo. No se aleja tanto de la “conversión” como la del Novus Ordo, pero calla mucho de este misterio fundamental de la Fe.

¡Obcecados!

Lo curioso es que tampoco están contentos los judíos, o al menos sus representantes. Dicen que hay un llamado a la conversión… Han suspendido el “diálogo interreligioso”…


Bueno, ¡que tanto!,
estamos tentados de decir. Suprimamos la oración y ya. No recemos más por los judíos. Que se condenen y listo. Ellos se lo buscaron. Nada les viene bien.

Pues no, esto no es católico. No podemos dejar de rezar por su conversión ni de esperar que caiga el velo. Porque hay para con ellos un deber de caridad particular que nos obliga a decirles la verdad: “pérfidos, ciegos, obcecados” y a rezar y mortificarnos para que se conviertan.

El pueblo judío es un misterio en la historia. La causa de este misterio es teológica. No es negando las verdades de la Fe como les hacemos un bien.

Oremos por los pérfidos judíos, para que Dios nuestro Señor quite el velo de sus corazones a fin de que también ellos reconozcan a Jesucristo nuestro Señor.

Nota: para ver más detalles sobre la historia de estos cambios.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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