Panorama Católico

Oriana, la Incorregible

En su primera edición el semanario Perfil reprodujo una entrevista a Oriana Fallaci. Esta mujer inteligente y heterodoxa nos da que pensar. El Papa Benedicto la recibió en una entrevista privada. Esto nos da también que pensar. De sus largas declaraciones reproducimos unos párrafos, más que suficientes para meditar.

Curiosidad humana y política. ¿Le gustaría entrevistar a Bin Laden?

En su primera edición el semanario Perfil reprodujo una entrevista a Oriana Fallaci. Esta mujer inteligente y heterodoxa nos da que pensar. El Papa Benedicto la recibió en una entrevista privada. Esto nos da también que pensar. De sus largas declaraciones reproducimos unos párrafos, más que suficientes para meditar.

Curiosidad humana y política. ¿Le gustaría entrevistar a Bin Laden?

Sí. Es la única persona en el mundo por la que traicionaría mi promesa de romper por completo con el periodismo. Y estoy segura de que sería un encuentro, o incluso un encontronazo, inolvidable para él y para mi. Lástima que a él, en cambio, le guste la idea de mandarme matar. Lástima que detrás de las amenazas de muerte que penden sobre mi desde hace tres años está su imprimatur. En este sentido era más inteligente Jomeini, que se dejó entrevistar por mi durante más de seis horas y sin embargo no me tocó ni un pelo. Se limitó a decir, pobre viejecito, las estupideces que dijo despues de la entrevista grabando el video de Qom: el video con el que me acusaba de haberlo acusado, de cortar los pechos a las mujeres.

¿Qué le preguntaria a Bin Laden?

La voy a sorprender. Comenzaría interrogándolo sobre su infancia y su adolescencia. Sobre el hecho de que su padre fuese tan rico y tan cercano al rey Faysal, y sin embargo estuviese excluido de los fastos de la Corte saudita.

Estoy absolutamente convencida de que ahi reside la clave del personaje: dentro de su infancia y de su adolescencia. Debió haber pasado algo en la primera fase de su vida que puso fuego a la pólvora de su orgullo y de su megalomanía. Porque no creo que lo que lo mueve sea el resorte de la religión, de la fe en Alá. Es un tipo demasiado inteligente. Sospecho que el auténtico resorte es su necesidad de afirmarse como persona. Como en el caso de Napoleón y de todos los grandes lideres que nos ha dado la historia de la humanidad, excepto Jesucristo. Mire, para entenderlos no basta la época en la que viven o las circunstancias en las que se desarrolla su escalada al poder: se necesita la psicología. Le preguntaria, por ejemplo, por el dia en que, recién cumplidos los dieciséis anos, se acercó al palacio real para ver a su compañero de juegos, su amigo el príncipe. Y como el rev Faysal habia muerto, no lo dejaron entrar. Vete de aqui, vete de aqui, ahora que Su Majestad ha muerto tu padre ya no pinta nada.

Le preguntaría por su madre, que era siria, y creo que la segunda o tercera mujer, y que le tenia reservadas para él grandes ambiciones. Y después le preguntaría por la época en la que se vestía a la europea: saco, camisa y corbata comprados en Bond Street, y cuando frecuentaba los night clubs, bebía whisky y cerveza y se acostaba con bellas muchachas. Por último, le preguntaría por su avión personal, un lujosísimo jet para no se cuántos pasajeros, el jet que utilizaba para volar de Londres a Sudán cuando ya había creado Al Qaeda. ¿Sabe que creo haber visto una vez a Bin Laden?

¿Cuándo? ¿Dónde?

En los anos ochenta, en Beirut. Cuando en Beirut era Arafat el que mandaba en la zona oeste y los israelíes le disparaban desde la zona este. Quizá me equivoque pero…

¿Aquel jovencito increblemente alto y digno que, vestido con una cándida chilaba, caminaba lentamente por el salón del gran hotel al que nos acababan de transferir? ¿Aquél que dos o tres veces rodeo nuestro sofá, mirándonos mal, con una austera antipatia?

Ese mismo. De hecho nosotras pensamos: que tiene contra nosotras ese tipo? No tendrá algo contra nosotras por la entrevista a Jomeini y nos habrá reconocido gracias a la fotografía con Jomeini?

Después, víctimas de una extraña desazón, nos levantamos nos alejamos.

Uhm… Ahora que lo recuerdo, yo también lo creo. Pero pasemos al tercer líder que parió la segunda parte del novecientos: Wojtyla.

Dios mío, otra vez Wojtyla. Se hable de lo que se hable, siempre se acaba en Wojtyla… Es realmente cierto que todos los caminos conducen a Roma. No, Wojtyla, no. Porqué rompería mi promesa. Por lo demás, Wojtyla nunca quiso dejarse entrevistar por mí. Ni siquiera para resarcirme de la descortesia que cometió conmigo cuando era arzobispo de Cracovia, cuando en su revista mensual de Cracovia hizo traducir y publicar por capítulos mi libro Carta a un niño que nunca nació. Por eso le escribí que para traducir y publicar una obra de otra persona se necesita la autorización del autor y todo autor está protegido por el copyright, pero él me hizo responder por medio de su secretario que en Polonia el copyright no existía. Y digo que no lo entrevistaría porque, en su caso, la entrevista se transformaría en un llanto. En un desahogo. El fue y es responsable ante Occidente de demasiadas injusticias. La injusticia, sobre todo, de no pronunciar nunca una palabra contra nuestros enemigos. De no denunciar jamás de una forma clara e inequívoca sus iniquidades. De no condenar siquiera a los que degüellan y cortan cabezas. De no censurar siquiera a los que quitan el crucifijo de las escuelas o lo arrojan por las ventanas de los hospitales. En definitiva, el error de no defendernos y, en nombre del ecumenismo, del Dios Único, imitar el obsceno silencio de la ONU. Y al mismo tiempo predicar la acogida ilimitada y por lo tanto facilitar su expansionismo, su colonialismo, su racismo. Un racismo que nadie se atreve a definir como tal. Si la Europa de hoy es Eurabia, se lo debemos también a Wojtyla. Y a sus Caritas, a sus Comunidades de San Egidio, a sus prelados, a sus sacerdotes, a sus hermanos Combonianos: nuevos jenízaros con sotana y bufandas arco iris. ¿Es así como se defiende el cristianismo? A mi, atea cristiana, se me pone la piel de gallina cuando el cardenal Touran, ministro de Exteriores del Vaticano, comenta los atentados contra cuatro iglesias cristianas de Bagdad diciendo: “Tengo la impresión de que se trata de un globo sonda, que masas ignorantes y manipuladas son impulsadas por la propaganda a considerar a los cristianos como aliados de un Occidente visto como enemigo”. Y ni una alusión a los cristianos que, perseguidos, señalados con el término “chanchos”, huyen de Irak o de Siria o de Jordania (en dos semanas, más de cuarenta mil). Se me pone la piel de gallina cuando, con el consenso de la Curia, en la boda de una italiana católica y de un turco musulmán, el párroco de una ciudad piamontesa autoriza a un imán a subir al altar de su parroquia para leer el Corán. Y, una vez leído el Corán, desde aquel altar el imán grita sus alabanzas a Mahoma y sus “Allah akbar”, “Allah akbar”. Oh, si: aunque sea inconscientemente, Wojtyla ha hecho y hace un gran daño a Occidente. AI cristianismo, a Jesucristo, a la Virgen a la que le reza con tanto fervor Y no debe sorprenderse si el colaboracionismo de la Unión Europea hace una Constitución en la que se ignoran nuestras raíces cristianas.

Y sin embargo, yo sé que aprecia muchas de las cosas de Wojtyla.

Si, aprecio la gran contribución que ha dado al hundimiento de la Unión Soviética. Aprecio su obstinación, una obstinación que resiste incluso a su edad, e incluso en sus pésimas condiciones de salud, siga trabajando con tanto ahínco.

Escribiendo por ejemplo. Porque, físicamente, escribir es un oficio bastante fatigoso. Un oficio que debilita, que consume. Si lo es para mi, que soy más joven, figurémonos para él, que tiene ochenta y cuatro años cumplidos y una enfermedad que lo hace temblar como una hoja al viento… Si bien creo que su mostrarse a las multitudes oceánicas esconde una cierta nostalgia del poder temporal, aprecio también el hecho de que siga viajando. De hecho, me conmoví mucho cuando en Lourdes estaba a punto de desmayarse y con un hilo de voz pidió aquel vaso de agua. Lo sentí cercano, casi hermano, y aquel vaso de agua hubiese querido ofrecérselo yo.

Semanario Perfil, Año 1, N º 1.

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