Panorama Católico

Otra nota doctrinal de la CDF

Solo conocemos hasta ahora una versión sintetizada en italiano e inglés. La Congregación para la Doctrina de la Fe nos recuerda el “id y predicad a todas las naciones” (se omite generalmente “bautizándolas en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El que crea se salvará. El que no crea se condenará”). Y dice que esto significa buscar la conversión de los otros a la Fe Católica. ¡Pues vaya novedad!

Solo conocemos hasta ahora una versión sintetizada en italiano e inglés. La Congregación para la Doctrina de la Fe nos recuerda el “id y predicad a todas las naciones” (se omite generalmente “bautizándolas en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El que crea se salvará. El que no crea se condenará”). Y dice que esto significa buscar la conversión de los otros a la Fe Católica. ¡Pues vaya novedad!

Escribe Agustín Moreno Wester

Por cierto, no deja de ser auspicioso que desde las más altas instancias de la Iglesia se preocupen por aclarar estos temas, que desde el tradicionalismo hemos apuntado constantemente durante décadas.

Habiendo primado una ideología ecumenista, la redacción de los textos conciliares ha caminado sobre la vaguedad en puntos de esencial importancia. Uno de ellos es la ahora llamada “libertad religiosa”, expresión adoptada del lenguaje liberal.

Antes la Iglesia pedía a Dios le concediera libertad para desarrollar su misión salvífica. Luego pasamos a equiparar la libertad (derecho a no ser obligado por la fuerza) a aceptar o rechazar la Fe de los no católicos con un cierto “derecho” a practicar sin culpa cualquier religión o ninguna. A la vez la Iglesia adoptó la causa de la “libertad religiosa” como un “derecho humano”, tras los pasos de los diversos hitos masónicos mundialistas que han señalado el mundo moderno. Esto se llamó aggiornamento.

En toda esta terminología hay dos problemas esenciales: uno es la falta de claridad en los conceptos. Otro, un designio ideológico perfectamente movilizado desde sectores heterodoxos de la Iglesia para constituirla en otra colateral de la religión universal neomasónica. Quien quiera ver paso a paso este proceso puede llegar a morir aplastado por la evidencia bibliográfica, empezando por un buen golpe de Pascendi, de San Pío X, tan poco leída y promovida en este año de su centenario. Si nadie quiere estudiar es otro problema.

Y ahí volvemos al problema de estas notas doctrinales, que no resultan ni chicha ni limonada. Nos alegra que se afirme ser bueno que la gente se convierta a la Fe Católica. Pero nos entristece el como.


Por ejemplo, el párrafo final del punto IV dice: “Conectado con esto, es necesario también recordar que si un no-católico, por razones de conciencia y habiéndose convencido de la Iglesia Católica, solicita ingresar a la comunión plena de la Iglesia Católica, esto ha de ser respetado como obra del Espíritu Santo y expresión de la libertad de conciencia y de religión. En tal caso, no podría ser propuesta una cuestión de proselitismo en el sentido negativo que se le ha atribuido al término”.

Las salvedades del párrafo previo, la aceptación de un giro tan ambiguo como el de “expresión de su libertad de conciencia y de religión” y la poco clara acepción negativa del término “proselitismo” (que parece blasfemo en los tiempos posconciliares) devalúan la fuerza aclaratoria del párrafo casi a cero. Solo lo entenderán bien quienes ya lo entendían bien. Para el resto será un texto de chicle.

En general, viendo con los mejores ojos, podemos rescatar el deseo de salvar estas verdades de la Fe. Por otro lado, la falta de renuncia al lenguaje y al innecesario y pernicioso sustento conciliar (referencia obligadísima de todo lo que se dice desde hace 40 años) nos sube a la calesita eterna del decir de modo tal que lo que ya sabíamos antes del Vaticano II es lo que entendemos, y el resto no lo entendemos sino interpretándolo a la luz de la doctrina tradicional, y esto no sin gran esfuerzo.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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