Panorama Católico

¡Otra vez Cantalamesa…!

El predicador de la Casa Pontificia, nuevamente, nos llama la atención sobre un tema poco debatido pero que resuelve de manera muy confusa y equívoca. Ahora parece que los casados seguirán casados in aeternum… también en el cielo. Estamos contra el divorcio, pero a no exagerar.

 

 

Escribe Augusto del Río

El predicador de la Casa Pontificia, nuevamente, nos llama la atención sobre un tema poco debatido pero que resuelve de manera muy confusa y equívoca. Ahora parece que los casados seguirán casados in aeternum… también en el cielo. Estamos contra el divorcio, pero a no exagerar.

 

 

Escribe Augusto del Río

Puntualizo los ítems más importantes a tener en cuenta.

1. No hay duda de que en el cielo "se conservarán" por así decir, las relaciones especiales de amor que se han tenido aquí en la tierra. La naturaleza de esa conservación no está especificada. Pero sería ilógico creer que no habrá una relación especial con los hijos, amigos, los que nos han ayudado, nuestra esposa (o esposas, en el caso de los viudos) nuestros maestros, los que nos han ayudado a ser salvados sobrenaturalmente, etc.

Y marco algunas partes de la reflexión de Cantalamesa.

2. "La muerte del cónyuge, que marca el final legal de un matrimonio, ¿indica también el final total de toda comunión?". Creo temerario decir, sin embargo, como hace Cantalamesa que el matrimonio continúa. "No termina del todo". El matrimonio se disuelve con la muerte del cónyuge. Y eso no marca como dice erróneamente Cantalamesa solamente el final legal del matrimonio. Es el final del matrimonio ónticamente. Recuérdese que no imprime carácter. Por eso, precisamente, se puede contraer un nuevo matrimonio si en la tierra se enviuda. Es cierto que Cristo no quiso contestar directamente esto a los saduceos sino corregir su errónea negativa de la resurrección de los muertos al responderles sobre el caso de la viuda con siete maridos.

3. ». «La vida no termina, sino que se transforma» (prefacio de difuntos). También el matrimonio, que es parte de la vida, es transfigurado, no suprimido. Argumento muy débil. Precisamente el sexo es parte de la vida (¡y vaya si lo es, tanto que la transmite!) y justamente Cristo dice que no lo habrá en el cielo ("serán como ángeles en el cielo"). Fundar que el matrimonio continúa porque es parte de la vida, es un argumento muy débil.

4. "¿No es para ellos motivo de temor, en vez de consuelo, la idea de que el vínculo no se rompa ni con la muerte?" Noten cómo aquí Cantalemesa directamente dice que el vínculo NO SE ROMPE. Esto, si se lo toma en su literalidad, contradice la doctrina de la Iglesia de manera frontal. Si queremos ser benévolos, por lo menos es una expresión equívoca.

5. Creo que aquí hay tres temas soslayados por Cantalamesa que éste olvida al considerar lo de las relaciones en el Cielo.

5.1. Uno es la cuestión de los salvados y los condenados. ¿Qué pasa cuando uno de los cónyuges se salva y el otro se condena? ¿O vamos a creer que todos los casados se han salvado? De esto no dice nada. Con lo cual se puede llegar a dar la impresión de que todos vamos a ser salvados porque de alguna manera hemos amado en algún grado. Véase sino este texto de la reflexión: "El amor que les unió, tal vez hasta por poco tiempo, permanece; los defectos, las incomprensiones, los sufrimientos que se infligieron recíprocamente caen". En Dios todo se entenderá, todo se excusará, todo se perdonará. Nuevamente una expresión equívoca. ¿Cuándo es el tiempo del perdón y de la excusa? ¿Y el asunto de morir morir en estado de gracia para salvarse? ¿O será que el infierno está vacío como enseñan algunos teólogos hoy, contra lo que dice el Magisterio de la Iglesia? (*)

5.2. Otro tema es la cuestión del divorcio. Solo habla de los legítimamente casados. Me parece que tendría que haber alguna palabra sobre la situación de los que se han unido ilegalmente (e inmoralmente tendríamos que decir. Para Cristo es adulterio).

5.3. El tercer tema que está dando vueltas pero que en la intervención de Cantalmesa no aparece y su ausencia puede dar pie a confusión es la primacía del fin de la procreación y educación de la prole. Vemos cómo se obvia toda distinción entre el fin primario y secundario, cuya omisión ha sido uno de los más graves errores en la catequesis y predicación de las últimas décadas sobre el matrimonio. Al hacer del matrimonio una relación continua transformada en el cielo en donde solo existe el fin secundario de amor mutuo (todo lo transformado que se quiera) se da la sensación a los fieles de que es este fin secundario el que pasa a ser primario y no a la inversa como siempre lo ha enseñado el Magisterio. Porque, si justamente en el cielo que es el estado definitivo de todo, hay matrimonio (recuerden que Cantalamesa dice que "no se suprime" el matrimonio, "el vínculo no se rompe ni con la muerte") sin procreación, entonces ¿por qué va a ser principal este fin en la tierra si en el cielo no va a existir? Es decir, para Cantalamesa en el cielo parece que sigue habiendo matrimonio sin su fin principal y esencial por el cual fue constituido la matrimonio ("Creced y multiplicaos" etc, etc.). Sin afirmar que haya sido esa la intención del predicador (no corresponde decirlo), ¿no podría dar a entender esta intervención ­repito­ que la procreación y educación de los hijos no es lo principal?

Ojo con estas reflexiones. Dicen cosas "muy lindas" ¿pero son verdaderas y reales?

* Hoy día teorías teológicas erradas pretenden sostener que el infierno está vacío, lo cual en realidad es una manera más o menos sutil de negarlo lisa y llanamente. Piensan que no hay condenados de hecho. Los textos que hablan del infierno no serían más que amenazas que nunca se realizarán. Orígenes admitía condenados temporales, ahora se niega la existencia misma de condenados. En el Concilio Vaticano II (1962-1965) un padre conciliar pidió que se declarase que habia, de hecho, condenados en el infierno, porque si no el infierno sería una mera hipótesis. La Comisión teológica juzgó que no era necesario introducir esa declaración porque los textos del Nuevo Testamento citados en el documento conciliar tienen forma gramatical futura; no son verbos en forma hipotética o condicional, sino en forma futura. ³Irán² supone, como es obvio, que alguien irá. La Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, en su N°48 afirma: "En efecto, antes de reinar con Cristo glorioso, todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo para dar cuenta cada cual según las obras buenas o malas que hizo en su vida mortal; y al fin del mundo saldrán los que obraron el bien para la resurrección de vida, los que obraron el mal, para la resurrección de condenación (Io 5, 29; cf. Mt 25, 46)". Y en el Credo del Pueblo de Dios de Paulo VI (1968) puede leerse: "Quienes correspondieron al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna; quienes lo rechazaron hasta el fin, al fuego inextinguible". Ciertamente que la Iglesia no tiene poder para declarar quiénes son los que se han condenado (una suerte de "canonización invertida"). Si Dios salvase a todos, si quisiese con voluntad eficaz la salvación de todos los hombres, sean buenos o malos, Dios sería ocasión de pecado incluso para los buenos, o sea, que si no castigase a los malos induciría a los buenos a que se hiciesen malos, ya que sería lo mismo. Ese absurdo, que en Dios no se da, sí se da en aquellos predicadores, catequistas o formadores que niegan el infierno por el motivo que fuese: ellos sí son ocasión de pecado aún para los buenos. Dios es bueno, pero no para que nosotros seamos malos. (Pablo Marini, Apuntes de Teología, nota pág. 280, Ediciones Universidad Libros, Buenos Aires, 2006).

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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