Actualidad por Panoramix

Pandemia y Pandemonio

Por esto mismo Padre, no es mi misión indicarle al mundo los castigos materiales que ciertamente vendrán sobre al tierra si el mundo antes no hace oración y penitencia. No, mi misión es indicarle a todos lo inminente del peligro en que estamos de perder para siempre nuestra alma si seguimos aferrados al pecado.

Sor Lucía de Fátima al P. Fuentes.

Peste y Sensatez

 

Las pestes son tan antiguas como la humanidad caída y están sobradamente atestiguadas por la historia. Teológicamente hablando son secuela del pecado y castigo para los pecadores, así como motivo de mayor perfección para los justos. (Ver. San Agustín, De Civitate Dei, Libro I, Cap VIII). De modo que nos llama a sorpresa cierta negación sobre la realidad que vivimos: la pandemia de la enfermedad Covid-19.

O no existe, o es un extraordinario montaje de los medios apoyado en la acción cómplice de los gobiernos, sostiene esta opinión. Y si existe es apenas una “gripesinha”, como ha dado en llamarla el presidente del Brasil, enfermedad brutalmente exagerada para imponernos un dominio universal de los poderes del internacionales, oímos decir.

En esta postura se entrelazan muy infelizmente criterios políticos, información falsa o temeraria. Hay a veces una lectura incompetente de estadísticas médicas, o su total descrédito, además de inferencias de experiencias personales llevadas al nivel universal; escasa o nula formación científica, y aún de parte algunos médicos que tienden a mezclar los criterios antedichos para abastecer sus discursos políticos, se puede ver a las claras que no siguen una línea coherente de razonamiento, ni un enfoque que se que proceda del mismo punto de mira.

Es decir, hay una confusión de tipo filosófico, mezclar los órdenes de análisis, no definir el punto de mira sobre los hechos, en el que juega no solo el déficit en las distinciones sino también una exacerbación brutal de pasiones como el miedo y el orgullo, la obstinación y el prejuicio.

Por eso me parece acertado comparar esta pandemia con un pandemonio, lugar de ruido y confusión.

 

Epidemias espontáneas, provocadas y manejo político

 

No es todo lo mismo.

Por ejemplo, desde un punto de análisis político, parece prudente, sospechar de la información no siempre científica que procede de la OMS (Organización Mundial de la Salud), Agencia política de la ONU y máximo referente mundial de la salud, cuyos criterios médicos han demostrado no ser acertados en muchos casos. Por lo cual, si bien no todo lo que de allí procede es falso, también corresponde buscar fuentes médicas insospechables, formadas en los criterios clásicos de la ciencia cuyo objetivo es prevenir enfermedades, curarlas y aliviar el dolor de los pacientes aún cuando sean incurables. Nunca dañar la vida humana. Una cosa es no creerle a la OMS, otra es no creerle a nadie o solo a quien mezcla la ciencia con la política.

Tampoco se puede omitir que ciertas escuelas médicas actuales ya contienen matrices ideológicas difundidas por el Nuevo Orden Mundial -llamémoslo así por comodidad más que por precisión- y su instrumento político, la OMS. Estos médicos se forman en, aprueban y promueven prácticas contrarias a la ética médica y por lo tanto inmorales: la eugenesia, la eutanasia, la experimentación con órganos de aborto (distinto de remanentes de los partos, como el cordón umbilical). Y finalmente, para no alargar, la deriva de la técnica de transplantes en una práctica cuasi comercial, con su correspondiente respaldo legal en muchos países donde se utiliza la ley del donante presunto. Hay transplantes lícitos, sean de donantes vivos o cadavéricos, pero la determinación de la muerte, que es una decisión médica (Ver Pío XII y las Ciencias Médicas), se ha vuelto demasiado laxa en sus criterios y/o tolerante en la práctica.

Con esto quiero decir que no estoy distraído respecto a las desviaciones que aquejan a la práctica del cuidado de la salud humana y en algunos casos se oponen radicalmente a sus fines.

 

Preguntas legítimas, respuestas de momento imposibles

 

Ante preguntas legítimas sobre el origen de la peste en curso, muy difíciles de responder en este momento de los hechos, solo se pueden barajar conjeturas. Empeñarse en responderlas es sin duda un acto de presunción, salvo que lo realice un conjunto de científicos competentes y bien informados. Lo demás son conclusiones que poco o nada tienen que ver con la pregunta central, pregunta que se inscribe en el orden de la ciencia médica. Sin esta respuesta es imposible sacar conclusiones políticas sólidas: a lo más conjeturas que ¿valen la pena?

Las sospechas de que el virus que produjo esta epidemia tan rápidamente extendida haya sido elaborado o usado como arma bacteriológica, por ejemplo, es plausible y no se opone a otras hipótesis, como que su inicio haya sido accidental, o pensado para su aplicación en una escala limitada que luego se fue de control. O que sea un ensayo de manipulación de masas. Todas estas hipótesis irán descartándose o confirmándose con el paso del tiempo y los hechos. Para estas preguntas no tenemos respuestas categóricas y se convierten en meras especulaciones que nadie puede sensatamente aceptar con la probanza hoy disponible. Es decir, solo sirven para angustiar y contrariar el espíritu.

Por ejemplo, la presunción de que esto conduce al “descubrimiento” de una vacuna universalmente impuesta que inoculará nanochips en la sangre para controlar a los individuos conectando los datos a un centro de inteligencia artificial (objetivo declarado del transhumanismo) no es imposible, pero muy improbable. Tal vez la Covid-19, de expansión rapidísima, inmunice a gran parte de la población mundial antes de que pueda llevarse adelante ninguna maniobra de este tipo. El lo más probable, teniendo en cuenta que el esfuerzo médico va en dirección distinta, como el uso de antirretrovirales o sustancias que por casualidad se ha visto atenúan la gravedad de los cuadros.

La frecuente confusión entre mortalidad y contagiosidad lleva a conclusiones políticas cuanto menos muy discutibles. Desde el punto de vista de la mortandad, en los números, la Covid-19 puede considerarse una epidemia benigna. Pero la complejidad y rapidez de su propagación genera otro tipo de daño y presumiblemente mayor mortandad colateral, según la opinión de los especialistas. Es difícil creer que todos han sido cooptados por el NOM.

Se especula con la baja ocupación hospitalaria en ciertos lugares muy preparados para recibir la peste. Pues bien, médicos competentes sostienen que la gente se retrae de otras consultas para alejarse del hospital, “foco de contagio”. Esto ocurre en los grandes hospitales y en las salitas de barrio. Los medios de consulta electrónicos también cooperan para la consulta a distancia. Y si no hay contagio masivo, no se utilizarán las instalaciones previstas para la Covid-19 y volverán a abarrotarse los hospitales de cánceres, infartos, diabetes, etc. Sumemos a esto la baja drástica de los accidentes de tránsito, por ejemplo y del contagio de otras enfermedades infecciosas propias de la época por los cuidados aplicados a causa de la Covid-19. Pero allí donde ha estallado el contagio masivo están saturados y exhaustos. No solo hospitales, también morgues y cementerios.

Respuestas confusas y sobre información parcialmente falsa influyen en la gente con tendencia al conspiracionismo

Covid-19 y vacunas

 

Finalmente, la moda del rechazo indiscriminado por parte de muchos naturalistas de uno de los mayores progresos de la ciencia médica, las vacunas, es un lamentable retroceso, penosamente avalado por algunos médicos ganados por cierta ideología. Los estragos de las enfermedades infecciosas se pudieron contener y hasta erradicar gracias a ellas, ¿por qué ahora tan tajante desprestigio? ¿Sobre qué fundamentos? No creo que las enfermedades sean erradicadas jamás, así como la pobreza o la delincuencia. Pero negar que muchas de ellas se han contenido y hasta han desaparecido por obra de las vacunas es una necedad.

Parece razonable que se adopten actitudes precavidas, pero es poco sensato el rechazo taxativo de un método clásico y tan probado de prevenir enfermedades. Hay vacunas indispensables, hay otras optativas y, como que es una industria multimillonaria, vacunas no suficientemente eficaces para todas las poblaciones que se fuerzan en los calendarios obligatorios por voracidad de dinero. Allí una precaución razonable.

No hay vacunas (ni medicamentos) inocuos, es decir, todos pueden tener efectos no deseados, que suelen consignarse en los prospectos médicos. En general las contraindicaciones están claras, y los efectos indeseados conocidos posibles, más que detallados, porque son un escudo de protección ante eventuales reclamos legales contra los fabricantes. La litigiosidad médica es una industria, esta realidad también debe verse en el conjunto del análisis.

¿Podrían inocularse componentes ocultos en las vacunas? Es posible, aunque con la complicidad de demasiada gente y organismos. Uno de los argumentos contra el esquema vacunatorio suele ser: en tal y tal país son obligatorias tantas vacunas y en la Argentina el doble o más. ¿Qué prueba eso? Tal vez que nuestros funcionarios sean muy sensibles a las gratificaciones de los laboratorios, o que estos tengan un enorme poder en la Argentina, como es público. Nada prueba sobre el plan del NOM para controlarnos por medio de las vacunas, idea popularizada por Bill Gates, como si además de promoverla tuviese el poder de hacerla efectiva. Poco eficiente la acción del NOM que no ha podido vencer los criterios médicos de tales y tales países, a los que a veces llamamos “serios” y otras veces “títeres del mundialismo” según venga a cuento.

 

GBA 1 – Bill Gates 0.

 

Qué sentido tiene poner sospechas sobre vacunas de trayectoria acreditada como la antivariólica, la Sabín, la antitetánica, o la antirrábica. Es una pregunta retórica. Pero si queremos ir a algo más actual, recordemos el caso de la vacuna contra la rubeola que se discutió tanto en su momento porque, se decía, iba a provocar esterilidad en las niñas. Se aplicó en masa: hoy todo el Conurbano debería ser un desierto de viejos. Las antes niñas no solo paren precoz y reiteradamente, sino que son inmunes hasta a los medios anticonceptivos que les regalan. Esa población fue intensamente vacunada. Si quieren ver niños, vayan a las villas y asentamientos del Conurbano de Buenos Aires. No produjo esterilidad a pesar de la campaña política que se hizo en nuestro ambiente. Creo que los hechos tienen derechos a ser considerados en los razonamientos.

Finalmente, si fuera tan fácil producir vacunas para controlar las pestes, con toda la carga de poder económico y político que de allí puede surgir, ¿por qué no hay ninguna para el SIDA, el Ebola, o para el antiquísimo Cólera que sigue devastando a grandes territorios?

 

Covid-19 y globalización

 

Opina el Prof. de Mattei que esta enfermedad tan extraordinaria es el derrumbe del mundo moderno, la caída de la globalización, un episodio que anticipa las promesas de Nuestra Señora de Fátima. Coincido con él, y será motivo de la segunda parte de esta nota. Pero lo indudable es que el actual estado de cosas está arruinando los instrumentos más efectivos que la globalización ha utilizado para extender su poder por todo el mundo. Poder siempre limitado, aunque grande, que ya comenzaba a resquebrajarse con el resurgimiento de gobiernos ariscos a los mandatos internacionales.

Recordemos la invasión de “refugiados” en curso cuando esta enfermedad llegó a Europa. No hablo de pateras, sino de masas humanas presionando desde Turquía sobre las fronteras de Grecia y Europa Oriental.

Por otro lado, la Covid-19 ha ralentizado las campañas frenéticas de destrucción de la sociedad familiar y por ende de la sociedad civil tradicional, ya muy maltrecha. El instinto de supervivencia es muy fuerte. Si esto es un ensayo de un sector del NOM, parece haber otros sectores que no lo consideran alineado con sus objetivos.

Bajar a la realidad

 

La pandemia tiene otros efectos además los producidos por la enfermedad como tal. Principalmente económicos, sociales y hasta psiquiátricos, en particular cuando los convivientes deben mantenerse mucho tiempo encerrados en espacios reducidos. La opresión por un lado, el pandemonio de la prole por otro, la falta de hábitos intelectuales básicos, como leer o contar historias o simplemente conversar se canaliza hacia juegos de mesa, TV e internet o cosas peores. O simplemente la depresión y la ira.

Pero también se ha generado un sano temor a la muerte, que viene siempre como ladrón, cuando menos se la espera, y el temor de la Covid-19 lo ha actualizado de modo muy sensible. Un obispo español se asombraba de que su transmisión por la web de los oficios de Semana Santa hubiese tenido 300.000 vistas. La población católica en países muy desacralizados rebrotó. Dios sabrá como continúa, pero el bien que antes despreciaban o ignoraban ha sido redescubierto por muchos.

Las características del virus parecen diseñadas, si acaso lo fueron –es una especulación política- para poner en vilo a la gente. Donde se descuidan provoca mucha mortalidad. Donde se cuidan, destruye la economía. En todos los casos altera la estabilidad mental de las personas. Parece el trabajo de una mente diabólica.

Quienes no tienen una perspectiva sobrenatural se exasperan ante una realidad que siempre han negado de un modo consciente o de hecho: la vida es breve y pasajera, sus males no tienen razón de ser porque no hay premio ni castigo, Justicia ni Misericordia, ni más allá.

Por otra parte, ha conmovido a mucha gente a reflexionar sobre la muerte y acordarse de Dios. Cuando Él ilumina esta situación tenebrosa con la luz de la esperanza, ningún mal existe del que no pueda sacarse un bien. Con certeza apreciarán los bienes que daban por seguros, ahora que los han perdido o al menos se han puesto en entredicho. Y advertirán otros que antes no conocían. Esto vale para el orden natural y también el sobrenatural. Se intensifica la vida familiar, un bien declinado en aras de una supuesta “independencia” de los hijos o “ansias de prosperidad” de los padres. Allí donde no ha muerto la semilla de la Fe ni el sentido natural de la familia, esto puede ocurrir y creo que está ocurriendo.

Mi pregunta final es: ¿Y si esta enfermedad fuese un aviso de Dios, un castigo por nuestros pecados, un aliento para volver a ponerlo en el tope de nuestras ocupaciones y de allí regresar a una vida más cristiana? Esto es lo que ha concluido el Prof. de Mattei en su excelente y breve nota republicada aquí.

¿No nos estará faltando una visión más sobrenatural, ahogada hoy por hábitos de pensamiento conspirativo? ¿No será tan simple como eso?

Continúa: Tiempo de Paz y Fin del Tiempo

 

 

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