Panorama Católico

Panoramix entrevista al Editor y Responsable

Capricho de druida convalesciente, a Panoramix se le ocurrió ponerse en entrevistador y como no tenía a nadie más a mano, le ametralló preguntas al Editor y Responsable. Los que sigue es el resultado.

Capricho de druida convalesciente, a Panoramix se le ocurrió ponerse en entrevistador y como no tenía a nadie más a mano, le ametralló preguntas al Editor y Responsable. Los que sigue es el resultado.

Panoramix: He oído muchas cosa de Ud., no todas lindas.

E. y R.: Son gajes del oficio de polemista.

P.: ¿Por qué se tira contra todo el mundo?

E y R.: ¿Puede ser más explícito?

P.: Sí, vive hablando pestes de los obispos, cargó contra los neocatecumenales, y como si esto fuera poco, ahora se puso de punta con los devotos de Medjugorje. ¿Le gusta pelearse con la gente?

E y R.: No me gusta pelearme con la gente. Pero desde que tengo recuerdos me ha parecido perfectamente natural defender mis convicciones. Dios me ha hecho polemista, no es mi elección, y si alguna vez lo fue, ya no es tampoco mi diversión.

P.: Es decir, Ud. es de los que cree que tiene la verdad.

E y R.: Durante un período de mi vida tuve esa confusión de creer que adherir a la verdad significaba “tener la verdad” a título personal. Luego me di cuenta de que por gracia de Dios nací en la Iglesia católica y por tanto en el Arca de la Verdad, pero es la Iglesia quien tiene la verdad, no nosotros los fieles, que participamos de ella por gracia de Dios. Como fieles solo adherimos a ella por un acto voluntario de raíz sobrenatural que se llama Fe, y luego tratamos de ilustrarnos. No siempre entendemos bien lo que la doctrina de la Iglesia nos enseña, y muchas veces creemos  saber mucho más de lo que sabemos. Esa es la confusión de muchos fieles. que consideran con un simplismo ingenuo el problema de las desviaciones doctrinales que han contaminado a feligresía y clero en el último siglo, y resuelven todo en términos de buenos y malos.

P.: Explique.

E. y R.: Es complicado. Le voy a dar un ejemplo: Hasta hace algunas décadas era relativamente sencillo establecer la doctrina oficial de la Iglesia. Hoy es una tarea ardua, porque se ha difuminado el lenguaje y se ha perdido la precisión terminológica del Magisterio, se ha relajado la disciplina y pasan cosas que no tienen explicación posible si no se presume alguna defección de la Cátedra de la Verdad. Pero eso no es posible, así, crudamente. Hay que hilar más fino, y la madeja se enreda con mucha facilidad. No todos tenemos dedos de hilanderos finos.

P. ¿Y de ahí?

E. y R.: De ahí que muchas reacciones  contra esta situación se vuelvan cerriles o busquen explicaciones maravillosas. Por eso he querido seguir un camino que no peque de simplismo, ni tampoco pretenda ignorar con la realidad eclesiástica refugiándose en una ortodoxia que solo tenga ojos para ver los males. Esto puede producir un desamor a la Sede Romana, un sentido de autosuficiencia, una gran incomprensión hacia todos los católicos que han quedado atrapados en la confusión… y hasta celo amargo.

Ni tampoco he querido buscar en las manifestaciones excepcionales, las llamadas apariciones, una sustitución de la doctrina, o una innecesaria confirmación de lo que es “ortodoxo” y  lo que no lo es.

P.: Déme un ejemplo.

E. y R.: Hay serios cuestionamientos doctrinales al Novus Ordo. Muchos eruditos autorizados los han estudiado y nos han señalado donde están los problemas. Pero hay gente que prefiere ignorar todo eso y contentarse con un presunto mensaje de la Virgen donde se dice que el Novus Ordo es grato a los ojos de su Hijo… Eso es pretender sustituir la sana doctrina por la explicación maravillosa. Dígase lo mismo del diálogo interreligioso… etc.

Eso es buscar desordenadamente la explicación de lo que está ocurriendo. Ya fue anticipado por la Revelación canónica: es el misterio de iniquidad. Si bien es verdad que La Sallete, Fátima… nos iluminan, nos animan, se nos dan como remedios extraordinarios para sostener la esperanza en medio de la desolación. Pero no tenemos derecho a pedir a Dios más explicaciones, ni a desesperar, ni a exigirle tiempos. Ni a buscar apariciones hasta debajo de las piedras.

P.: ¿Por eso ataca Medjugorje?

E. y R.: Solamente he planteado objeciones. Desde el campo conservador – tradicional son pocos los que se animan a cuestionar Medjugorje. Pero hay razones como para indagar más profundamente en los hechos, sin posturas partisanas. Las respuestas que hemos recibido han sido una clara muestra del sectarismo que infecta la Iglesia, incluso en su parte más sana.

Cada uno tiene ojos para su “nicho”, desde el cual siente que puede explicar y satisfacer todas las inquietudes, y naturalmente explicar todo. La realidad es más compleja, aunque no todos los fieles tengan la fortaleza de espíritu para asumirla, lo cual también hay que aceptar como una realidad.

P.: ¿Por qué ha maltratado tanto a los neocatecumenales?

E. y R.: Nuestra web no es un sitio de exposición sistemática de la doctrina, sino de comentarios sobre la realidad eclesiástica a partir de la cual se deriva hacia la doctrina. El Camino Neocatecumenal  fue noticia y por eso se comentó.

P.: Lo han tapado con testimonios a favor…

E. y R.: Afirmaciones personales de gente que ha vuelto a tener una práctica religiosa, pero en un contexto doctrinal y litúrgico más que dudoso. Como tiene un perfil conservador se supondría que nuestra web debería apoyarlo. Varios sacerdotes amigos me han llamado la atención con mensajes del estilo: están atacando a la propia tropa. El enemigo son los neomodernistas. Pues yo veo en el Camino tantas características neomodernistas que no entiendo cómo puede considerárselos “conservadores”. Salvo, quizás por el hecho de que el “conservador” va derivando, en su afán de ser religiosamente correcto, y hoy acepta muchas premisas neomodernistas casi sin darse cuenta.

P.: ¿Qué le cuestiona a los Neocatecumenales?

E. y R.: Nada en lo personal. Pero en lo doctrinal… Por lo pronto su liturgia es completamente subversiva. Esto ya empaña todo. No me meto con otros temas para no alargar. De todos modos no justifico el maltrato a los militantes de a pie que se les ha dado en algunas respuestas. La gente está tan confundida que se agarra de cualquier cosa. Y si encima de esto recibe las bendiciones oficiales, aunque restringidas y con objeciones litúrgicas… bueno, se sienten justificados. No sé si puede pedírsele al fiel común que haga más distinciones. De todos modos creo que es nuestro deber llamar la atención sobre lo errores que difunden.

P. ¿Ud. se sitúa en el campo tradicionalista?

E. y R.: De un modo general, diría que sí, aunque el término “tradicionalismo” es una anomalía de la época, una especie de nombre de guerra, que sería absolutamente innecesario en otro tiempo. La Iglesia es por definición tradicional. La Tradición es una de sus columnas, junto con la Revelación y el Magisterio. Se trata de una redundancia de la que quizás se haya abusado un poco por necesidad y otro poco por comodidad.

 P.: Se está tirando contra los lefebvristas ahora. ¿Cómo se lleva con ellos?

E. y R.: En general diría que bien, algunos no me quieren mucho, otros sí. Es muy diversa la realidad entre ellos y su posición difícil de entender para el católico común.

P.: No le voy a preguntar si son cismáticos, pero se los acusa de soberbios, cerrados, fruto del galicanismo francés. Una reacción que desbarró y cayó en el error de autoerigirse en Iglesia de sustitución.

E. y R.: Mire, la realidad de la FSSPX es tan compleja como la de muchos otros sectores de la Iglesia, y se origina en el problema de la renuncia práctica de la jerarquía a ejercer el Magisterio y la autoridad disciplinaria. Todo esto en aras de un diálogo con el mundo actual y un reconocimiento de los “valores de la modernidad” que parece imposible.

P.: Pero esto es casi doctrina oficial…

E. y R.: oficiosa diría yo. Algunos han tomado estas ideas con gran entusiasmo. Las consecuencias son escalofriantes. Otros ya las ven y se asustan, y buscan ponerle remedio. Aunque no siempre teniendo en cuenta el principio de causa-efecto.

P.: Como ve el estado de la Iglesia.

E. y R.: La Fe católica, entendiendo por ella el conocimiento y adhesión básica a las verdades reveladas, está en un punto tan bajo, entre el clero y los fieles, que no dudo afirmar que se ha extinguido en muchísimos lugares. Ha quedado una estructura vacía, una cáscara de Iglesia sin contenido. Y cada uno llena ese vacío como más le gusta: animación social, dolce vita, carrera (la Iglesia sigue siendo una buena carrera si uno se adecua a las corrientes dominantes). De esto han hablado todos los pontífices conciliares, aunque pocas medidas se han tomado para corregir la situación. Se insiste en los abusos, cuando hay que estudiar las causas…

P.: Pero me hablaba de los lefebvristas.

E. y R.: Sí, a eso voy. Hay que tener en cuenta la historia. Es una congregación aprobada ad experimentum a nivel diocesano que tuvo demasiado éxito y por lo tanto se la intentó cerrar en nombre de la “obediencia”, principalmente por su adhesión a la liturgia tradicional, liturgia que hasta hace un año estaba de hecho excomulgada.

Luego se presentó el problema sucesorio, es decir la necesidad de atender con obispos propios la demanda creciente de sacramentos y sobre todo la ordenación de sacerdotes. Recuerde que es una congregación dedicada a la formación sacerdotal. Eso embarró toda la cuestión con las excomuniones y el presunto cisma. Pasó el tiempo y la realidad doctrinal, litúrgica y disciplinaria parece darles la razón. De hecho muchos de los que hace 20 años la condenaban hoy admiten que fue una reacción necesaria.

P.: Pero, ¿Ud. los entiende? Les ofrecen un acuerdo canónico y lo rechazan. Nada les viene bien.

E. y R.: No me consta tal ofrecimiento. Aparentemente es como Ud. dice. Pero las apariencias son engañosas.

P.: ¿Por qué no hacen como la Fraternidad San Pedro y todo en paz?

E. y R.: ¿Todo en paz? Mire, hay dos cosas que distinguir: una, la San Pedro existe porque la San Pío X le abrió un espacio de libertad bajo la tiranía de plomo posconciliar. Lo mismo vale decir para todas las asociaciones que se refugian bajo Ecclesia Dei. Viven de la resistencia que hace la San Pío X.

Por otro lado, lejos de estar en paz, tienen la espada de Damocles colgando sobre sus cabezas. Claro, es más cómodo y tranquilizador de conciencia estar en regla, y es comprensible. No todos pueden ser fuerza de infantes de marina.

P.: ¿Ud. considera a la FSSPX una fuerza de elite, como los comandos en el ejército?

E. y R.: Sí, es una buena analogía. Y así como los comandos, tienen sus ventajas también tienen sus peligros. La gran ventaja es la libertad para actuar tanto en lo litúrgico como en las cuestiones doctrinales (que son las más importantes) sin temores. Todo lo que les podía caer por encima ya les ha caído. Por otra parte, no hay fuerza que pueda mantenerse parte de un ejército con la sola adhesión a una doctrina, también tiene que haber una subordinación a los mandos naturales. En la Iglesia eso no tiene vuelta. Hay una jerarquía, un papa, una Iglesia visible.

P.: Entonces Ud. cree que ha llegado la hora de que se subordinen a los mando naturales.

E. y R.: Eso es algo que supone condiciones  medioambientales muy particulares dentro de la Iglesia. Hay entre miembros y fieles de la FSSPX la sensación de que hoy no es posible, que sería una defección.

P.: ¿Y Ud. que piensa?

E. y R.: Pienso que esto es ya un obstáculo insalvable hoy. Más adelante no sé. Pienso que el gobierno de una comunidad de estas características es extremadamente difícil y que ciertas aproximaciones extemporáneas solo crearían confusión y terminarían en desastre para el bien de la Iglesia. Me parece mejor mantener el statu quo a la vez que reforzar el amor a Roma y el sentido de pertenencia a la Iglesia, la oración por el Papa y los obispos, y los contactos con el clero oficial, que de hecho son numerosos y fructíferos, sobre todo en Europa. Esa catolicidad, esa romanidad es fundamental.

Si se intensifican los vínculos no solo en el alto nivel, sino en el parroquial y episcopal el efecto será que permitirá a los sacerdotes de formación conciliar redescubrir la historia de la Iglesia. Y a los tradicionalistas conocer de primera mano algunas realidades que hoy conocen un poco teóricamente, y formarse una idea más clara y más justa de lo que viven los sacerdotes en las parroquias, particularmente los más fieles.  El punto de contacto me parece debe ser la liturgia, ya que el Papa ha abierto ese camino de diálogo, me atrevo a decir, y de allí en más…

P.: Entiendo que algo de esto ya ocurre…

E. y R.: Sí, pero no todavía de un modo suficiente. Todavía hay una reactividad negativa en algunos tradicionalistas, un sentimiento de que esto es inútil, de que todo está podrido y nada se puede hacer. Lo cual es un grave error y un déficit apostólico serio. Sin embargo creo que se camina en el buen sentido.

P.: No parece.

E. y R.: No todo lo que parece es… y no todo lo que es aparece.

P.: Y Ud. ¿Qué pretende con Panorama?

E. y R.: Salvar mi alma.

P.: Un poco abstracta la respuesta…

E. y R.: No, imposible ser más concreto. Dios me puso aquí de un modo providencial, con plena conciencia de mi parte de las grandes limitaciones que me aquejan en todo sentido. El tiene algún destino preparado para cada uno. Por ahora me ha indicado que haga esto… digo por las circunstancias. No tengo visiones ni revelaciones, no tema. Esta militancia me cuesta un enorme sacrificio económico familiar y personal, doble para mí, porque cargo sobre mi espalda las estrecheces de otros a los que estoy obligado a sustentar. Esto es algo que no todos nuestros lectores entienden y se fastidian porque pedimos apoyo económico. Debería poner en la red un tour virtual por mi heladera para que vean la traducción concreta de este esfuerzo…

P.: Además de ser manguero, suelen objetarle que Ud. presta atención a algunos aspectos del Magisterio e ignora los que no le convienen.

E. y R.: El problema es la definición y alcance de lo que es “magisterio” en el contexto actual.

La respuesta fácil sería “todo el mundo hace lo mismo”. Es la verdad. Todos hacen lo mismo, porque no hay otra salida. El “magisterio” se contradice… La del medio deriva de este punto: “¿es posible coherentemente seguir a pies juntillas unas enseñanzas que dicen y desdicen bajo el mismo aspecto temas fundamentales, con la excusa de que son de otros tiempos?” El problema no es de abajo, es de arriba. Es esa reconciliación con los valores de la modernidad, experiencia que sigue en curso, a pesar de que ha costado mucha sangre a la Iglesia.

Le doy la respuesta difícil: hay quienes prefieren seleccionar la parte de los discursos que más le avienen. El  Papa va a Lourdes, y pronuncia varios discursos. Elijen el que más les gusta, o el pedazo que más le gusta. Bien. Ese trabajo de tijera y engrudo no me satisface. Puede ser ilustrativo, pero no argumenta sólidamente, porque siempre está el otro pedazo del discurso, o el otro discurso que dice al revés…

Frente a esto: ¿qué hacer? Bueno, resaltar de un modo general los textos que armonizan sin conflicto con el Magisterio perenne. Y si es fructífero, comentar, y en caso que no lo sea, guardar silencio sobre los otros, pero sin pretender dar la idea de que hay una coherencia rigurosa. No la hay, y ese es el principal problema.

La Iglesia pondrá claridad sobre estos temas en algún momento. Mientras tanto me atengo a lo que entiendo y me abstengo de lo que no entiendo, y si me parece de algún modo esclarecedor destaco lo que no encaja en la tradición doctrinal. Esto no enchufa, por vueltas que le demos. La Iglesia resolverá en el futuro, pero que nos quede claro que esto no enchufa.

P.: Déme un ejemplo.

E. y R.: La sana laicidad.

P.: ¿No puede haber una sana laicidad?

E. y R.: Si el Magisterio es infalible, no. Ni siquiera tenemos el amparo de la ambigüedad de una frase desafortunada, como la “democracia cristiana” que introdujeron otros papas en los documentos magisteriales, aclarando de que se trataba. En estos tiempos que corren basta usar una palabra del lenguaje progresista y mágicamente la cadena de mandos, ávida de novedades, más los medios de comunicación en manos del enemigo se hacen un picnic y la confusión es imposible de detener.

Si el concepto requiere tantas salvedades y reinterpretaciones uno se pregunta qué tiene de magisterial, ya que no aclara sino que confunde.

P.: ¿Y qué pretende obtener con desde una empresa tan modesta como esta web? ¿Tiene noción de la desproporción que existe PCI y la realidad?

E. y R.: Trato de no hacerme una idea muy exacta de esto. Primero porque conspira contra el entusiasmo. Segundo porque uno nunca sabe qué resorte se destraba, qué alma se siente acompañada, que esperanza reconfortada en virtud de este acompañamiento sin compromisos. No tengo derecho a pensar en mis limitaciones, en mi falta de valía: ninguna actividad apostólica llegaría a nada si se centrara en eso. Hasta los Apóstoles se habrían quedado en su casa. Lo dejo para mis exámenes de conciencia. En el resto de mi trabajo pongo como lema: “todo lo puedo en Aquel que me conforta”. Y El me marca los límites a diario.

P.: Finalmente, ¿Qué opina de Benedicto XVI?

E. y R.: Es el mejor Papa que podemos tener hoy.

 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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