Panorama Católico

Patética historia del cura maquillado

Es José Pinto, párroco desde hace 33 años en una iglesia de Salvador. "Quería vivir de otro modo el sacerdocio", dijo el cura al justificar su conducta.

Eleonora Gosman
SAN PABLO
– CORRESPONSAL

Es José Pinto, párroco desde hace 33 años en una iglesia de Salvador. "Quería vivir de otro modo el sacerdocio", dijo el cura al justificar su conducta.

Eleonora Gosman
SAN PABLO
– CORRESPONSAL

La Iglesia Católica destituyó de la iglesia de Lapinha al padre brasileño José Pinto que, desde hace 33 años, impartía misa en esa tradicional parroquia de Salvador (capital de Bahía). La decisión, poco frecuente en verdad, fue tomada por la cúpula eclesiástica brasileña junto con representantes del Vaticano.

En las últimas celebraciones religiosas se vio al cura aparecer con el rostro muy pintado y un atuendo adornado con símbolos del candomblé. La ambición del ex párroco era "vivir de otro modo el sacerdocio".

El padre Pinto era conocido en Brasil por sus "excentricidades". No sólo vestía paramentos (las ropas utilizadas para las misas). También gustaba de danzar y representar escenas donde las historias cristianas se mezclaban con la cultura afrobrasileña. Fue el superior general de la Congregación de las Divinas Vocaciones, a la que pertenece Pinto, quien dio la señal verde para la sanción del sacerdote.

La cesantía del padre Pinto no implica, sin embargo, su expulsión de la orden. "Podrá realizar alguna celebración particular o conceder bendiciones", pero ya no dará misa, sostuvo Ludovico Calbutto, quien dirige Divinas Vocaciones. A principios de año, en la celebración de la Misa de Reis (de los Reyes Magos), Pinto se atavió en forma "improcedente", según las autoridades eclesiásticas.

En una entrevista, acusó de hipocresía al cardenal primado de Brasil, Geraldo Majella: "Nunca me dejé de maquillar. Hago un maquillaje básico: un poco de rouge, otro trazo de rimel y un colorete muy suave", declaró. El padre dijo que "suceden muchas cosas y siempre son encubiertas. Por ejemplo, esas situaciones de pedofilia que me hace sufrir mucho. Gracias a Dios, no es mi caso".

Recientemente, llegó a vestir un traje que simbolizaba Oxum, una diosa del candomblé antes se había disfrazado de indio. El sacerdote explicó sus motivos: "Soy un revolucionario que me baso en los documentos de la Iglesia en pro de los pobres, de los negros y de los indios".

Cuando se le preguntó qué lo había llevado, después de décadas de sacerdocio, a cambiar sus hábitos, Pinto contó que fue una parada cardíaca que sufrió hace dos años durante una operación: "Eso me llevó a querer ser yo mismo".

Lo que colmó la paciencia eclesiástica fue un beso que el sacerdote de Bahía dio en la boca al cantor Caetano Veloso y que los fotógrafos eternizaron en los principales diarios brasileños. Sobre aquel episodio, Pinto sostuvo que es amigo de Caetano: "Le di un beso en la cara pero si tengo que besar en la boca no veo ninguna objeción". También se declaró abierto a las relaciones homosexuales, pero dijo: "Yo no las practico".

Pinto es artista plástico y fue bailarín en su juventud. Fue entonces que aprendió a maquillarse: "Hice danza afro, danza de los orixás y contemporánea". Sobre las ropas poco convencionales que solía usar, contó que tenía 98 paramentos con toques de influencia afroindígena. "Yo los diseñé y estampé a mano", contó el sacerdote a la prensa.

Por sugerencia de la curia brasileña, el cura llegó a entrevistarse con el presidente del Consejo Psiquiátrico de Bahía: "Me dijo que estoy bien lúcido y que no preciso de remedios". En la visión del sacerdote, llamarlo "loco" equivalía a colocarlo ante "una inquisición moderna".

www.clarin.com

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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