Panorama Católico

Penosa ceremonia de Beatificación y la decadencia del Episcopado Argentino

La penosa ceremonia de beatificación de Ceferino ha puesto
en evidencia una vez más – con una crudeza impresionante – la
declinación del cuerpo colegiado episcopal de la Argentina y del clero en
general.

Escribe el Editor y Responsable

La penosa ceremonia de beatificación de Ceferino ha puesto
en evidencia una vez más – con una crudeza impresionante – la
declinación del cuerpo colegiado episcopal de la Argentina y del clero en
general.

Escribe el Editor y Responsable

Se trataba, ni más ni menos, que del primer beato argentino,
hijo espiritual de Don Bosco, y asistía a presidir la ceremonia el Card.
Secretario de Estado de la Santa Sede. Todo terminó en una especie de jolgorio
indigenista inexplicable. Si Ceferino está en los altares no es porque tuviera
sangre auraucana, sino por la santidad que alcanzó en sus breves años, pasados
entre estudios, enfermedades y una vida piadosísima.

Su propósito de "estudiar para ser útil a mi
pueblo"
.
(lema oficial de la
ceremonia) solo puede entenderse en clave sobrenatural, puesto que siendo príncipe
de su raza y como tal reconocido por San Pío X, quien le brindó los honores
correspondientes y le otorgó la medalla "ad principes", Ceferino había
decidido ser sacerdote católico.
Su intención era convertir y santificar a los
pueblos originarios, no tomar la bandera de sus ritos paganos.

La visión naturalista

El naturalismo domina las mentes y los corazones del clero y
–consecuentemente- de los fieles. Por eso nadie sabe bien porqué Ceferino
es beato. Los "mapuches" que lo reivindican como exponente de su raza (él, que
era mestizo) deberían acusarlo de ser una especie de "malinche" local. Pero
esto hubiera sido políticamente inviable dada la enorme devoción del pueblo
argentino por su "santito". Por tanto han decidido declararlo "víctima" del
imperialismo "huinca". Sería una especie de mártir… Y a esto no es ajena una
buena parte del clero.

Ese clero, que
solo ve "santidad" donde ve "acción" (social, política,
revolucionaria, convocadora, denunciadora… llenadora de estadios) no tiene
mucho para justificar esta canonización. Se agarra fieramente de su
"intención" de servir a su pueblo. Ceferino sería
el primer caso de la historia en que la Iglesia beatifica a alguien por sus intenciones y no por sus hechos.

Pero claro, su origen indio y su condición de hijo de Don
Bosco ayuda mucho a batir el parche políticamente correcto en favor de la
congregación que domina, eclesiásticamente hablando, la Patagonia, aunque ya
muy alejada del Don Bosco que la soñó cristiana y del propio Ceferino que se
consagró a esta misión.

La visión católica

El lirio de las pampas (el lirio … la flor de la pureza),
el santo Domingo Savio de la Patagonia, está en los altares porque alcanzó las
virtudes cristianas en grado heroico en sus apenas 18 años de vida. Poco se ha
dicho de estas sus virtudes: piedad, profunda fe, gran devoción eucarística,
pureza, mansedumbre y paciencia en los sufrimientos, humildad y sencillez,
entrega al servicio de Dios… Allí está el fundamento de su beatificación. Si
no vemos una beatificación en perspectiva sobrenatural solo podremos verla
desde una perspectiva antinatural.

Gracias a Dios, el pueblo sencillo sigue fiel a Ceferino por
lo que es, un santo. Un intercesor, un ejemplo, alguien a quien recurrir en las
necesidades espirituales y materiales. Para los simples, Ceferino sigue siendo
lo que fue siempre. Una flor nacida de la gracia bautismal y cultivada al calor
del sagrario y de la misa -que pese a ser en latín no le impidió la
santificación-.

Prevaricación de la jerarquía

Los católicos hemos sido humillados por nuestra jerarquía.
Nos abofetearon mediante y durante la ceremonia de beatificación de nuestro
primer santo autóctono. Nos llenaron de ritos religiosos mapuches y de cantos y
consignas en una lengua mucho menos cercana que el latín. Muchos de ellos se comportaron
como patanes de cancha de fútbol. Finalmente, la ceremonia mostró un grado de
improvisación que produce vergüenza ajena.

Pero lo peor es que permitieron la profanación del santo
sacrificio con rituales paganos, a los que reverenciaron como si la sagrada
liturgia de quienes ellos son custodios pudiese ponerse en igualdad con la
superstición y el más burdo fetichismo. La claudicación, la prevaricación en el
ejercicio de sus funciones los desautoriza moralmente para pedir obediencia.
Sobre todo cuando abusando de su poder jurisdiccional niegan o limitan a los
católicos el rito tradicional.

Confiamos en que Ceferino, que murió en Roma, junto a San
Pedro, bajo el reinado de un papa santo, interceda por la patria y la Iglesia
argentina, para que merezca un clero mejor.


Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *