Panorama Católico

Por qué decirle no a la educación sexual

Se nos dice que sobre estos temas existe gran ignorancia, (como si sexólogos hubieran descubierto pólvora) no se les ocurre pensar que si nuestros hijos no conocen algunas cuestiones atinentes al sexo, es porque nosotros ex profesamente queremos que las vayan conociendo delicadamente y en los tiempos apropiados, cuando tengan una maduración adecuada.

Por el abogado Edgardo A. Moreno

Se nos dice que sobre estos temas existe gran ignorancia, (como si sexólogos hubieran descubierto pólvora) no se les ocurre pensar que si nuestros hijos no conocen algunas cuestiones atinentes al sexo, es porque nosotros ex profesamente queremos que las vayan conociendo delicadamente y en los tiempos apropiados, cuando tengan una maduración adecuada.

Por el abogado Edgardo A. Moreno

La imposición de la enseñanza sexual obligatoria en las escuelas forma parte de una campaña dirigida a modificar la conducta tradicional de los argentinos en lo relativo a los usos sexuales.

En mi opinión, el tratamiento de temas sexuales fuera de la intimidad avergüenza a cualquier joven normal y tiene efectos contraproducentes. Una desinhibición en ese sentido no puede ser beneficiosa ya que suprime los mecanismos naturales de pudor que protegen la interioridad. La desinhibición, fomentada por la llamada educación sexual no sólo puede provocar un desmoronamiento moral sino también serias alteraciones emocionales y psicológicas en los menores; con el consiguiente resultado del aumento de la homosexualidad, el aborto y las violaciones.

La desinhibición no sólo destruye la intimidad sino que va modificando lentamente los usos sociales, de modo que lo que antes era objeto de vergüenza y pudor ahora pase como si nada.

Se nos dice que sobre estos temas existe gran ignorancia, (como si sexólogos hubieran descubierto pólvora) no se les ocurre pensar que si nuestros hijos no conocen algunas cuestiones atinentes al sexo, es porque nosotros ex profesamente queremos que las vayan conociendo delicadamente y en los tiempos apropiados, cuando tengan una maduración adecuada. Es falso pues que los padres no conozcamos las cosas sexuales y que debamos recurrir a los sexólogos para que nos asesoren.

Por otro lado tampoco se puede enseñar una sexualidad aislada, fuera del contexto del amor, ya que en el ser humano, a diferencia de los animales, el sexo debe estar integrado a una relación madura con miras a un fin que los trasciende. Si el niño o el joven no tiene aún capacidad para entender el amor en toda su dimensión tampoco está en condiciones de conocer los detalles de las prácticas sexuales. Una educación sexual fuera del contexto del amor sólo puede producir personas hedonistas abocadas a la búsqueda del placer en sí mismo.

Lamentablemente el problema del sida ha servido de excusa para el lanzamiento de campañas que promueven la liberación sexual. La moral y las buenas costumbres son dejadas de lado para hacer apología de cualquier desviación sexual siempre y cuando se realice con profilácticos.

Estos programas de educación sexual fundados en la idea de que toda práctica sexual es aceptable y que a los niños se les debe dejar decidir por sí mismos la orientación sexual que les viene bien, dan legitimidad a la homosexualidad.

Lo paradójico es que las comunidades que manejan las relaciones sexuales dentro de una serie de pautas morales son las que menos riesgos corren de contraer el sida y sin embargo se quiere incorporar en nuestra población pautas de conducta sexual propias de las comunidades propensas a contraer la enfermedad.

Otra de las razones para introducir la educación sexual en las escuelas es el aumento de los embarazos en adolescentes. Para combatir este problema en numerosos países se implementaron programas de educación sexual y de anticonceptivos gratuitos a menores. Sin embargo, está demostrado que conforme a la actividad sexual aumenta, los embarazos también aumentan aunque se usen anticonceptivos.

Estos programas fracasan porque en nombre de un falso concepto de libertad se deja de lado la moral tradicional; y porque los que los promueven tienen la mentalidad de que los jóvenes “lo van a hacer igual”.

El resultado de todo esto es catastrófico: la promiscuidad y sus inevitables consecuencias: enfermedades venéreas, sida, embarazos extramatrimoniales, aborto, etc.

Que este tipo de “moral sexual” les sea impuesto por la fuerza a nuestras hijas menores de edad en los colegios es algo alevoso que clama al cielo y que debe indignar a los padres de familia que se precien de algo.

Que los sexólogos y el gobierno le llamen al asunto como quieran, los padres debemos llamar las cosas por su nombre. Estamos frente a un caso de corrupción masiva de nuestros hijos.

En conclusión nuestros niños no necesitan aprender métodos de control de natalidad sino adultos responsables que les enseñen valores.

Fuente: Diario El Liberal, de Santiago del Estero

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Anónimo
09/06/2009 a las 7:57 pm

totalmente en desacuerdo con

totalmente en desacuerdo con toda la nota…



Anónimo
09/06/2009 a las 10:20 pm

¡excelente!!!

¡excelente!!!



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

YouTube