Panorama Católico

Presentación de Libros

Ediciones Teodicea presenta

la segunda edición corregida y aumentada de

Ediciones Teodicea presenta

la segunda edición corregida y aumentada de

Foto de tapa: sacerdotes celebrando el Santo Sacrificio de la Misa en
una iglesia derruida,
después de un bombardeo, durante la II Guerra
Mundial.

 

 LA OBRA

Este libro explica la evidente transformación que, a partir de la Reforma de 1969, ha sufrido la liturgia católica y que tiende a asemejarla a una celebración protestante.

Para demostrar esto el autor ha utilizado un sencillo método: la comparación “línea a línea”, entre el rito romano revisado por San Pío V, (mantenido hasta el siglo XX sin variantes de importancia en el llamado “misal de Juan XXIII”) y el Novus Ordo Missæ de Paulo VI (1969).

La comparación resulta reveladora:

* Se ha puesto en un plano de igualdad la presencia de Cristo en la Palabra y en su pueblo, con la presencia sacramental, afectando el dogma de la Presencia real de Cristo en la Eucaristía.

* El centro gravitacional en la estructura de la misa ya no se ubica en el sacrificio sino en el banquete conmemorativo.

* Se tiende a borrar la distinción esencial entre el sacerdote y los fieles, reduciendo a aquél a un mero presidente de la Asamblea litúrgica.

* La finalidad de acción de gracias y alabanza es casi exclusiva, buscando eliminar los fines de expiación e impetración.

 

Nota del Autor a la 2ª Edición

Con renovado ímpetu en nuestros corazones nos alegramos de poder presentar esta nueva edición (1ra. en Editorial Teodicea) corregida, aumentada y actualizada de El Drama Litúrgico. Agotada la primera edición en un tiempo relativamente breve ­considerando que es un tema de características tan específicas­ nos sorprendió el interés despertado en el público en general, incluyendo jóvenes que ni siquieran habían nacido en la época del Concilio Vaticano II.

Por cierto que no nos mueve para realizar esto ninguna nostalgia insana por el pasado, ni tampoco se trata de alentar las “sensibilidades litúrgicas” de personas que se sentirían más cómodas en un rito que en otro, como si todo esto fuera simplemente una cuestión de gustos y estilos. Digámoslo ya con ese brillante liturgista del siglo XX que fue Klaus Gamber: “Conservar el Ritus Romanus [se refiere al rito vigente antes de 1969] no es una cuestión de estética: es, para nuestra Santa Fe, cuestión de vida o muerte”.

Para estímulo de todos aquellos que entendemos es fundamental para la restauración del auténtico sentido de la verdad católica en todos los ámbitos (dogmática, moral, política, etc.) que la liturgia vuelva al esplendor, belleza y exactitud teológica que ha mostrado en el pasado, hemos sido testigos en los primeros años del pontificado de S.S. Benedicto XVI de algunas medidas que parecen apuntar en esa dirección.

Aunque por ahora parece apenas una tendencia (que se va insinuando), consideramos que estos pasos han sido los primeros que se han dado en décadas para ­aunque sea­ desacelerar la inercia del proceso de desacralización y de confusión inaugurado abiertamente con la reforma (más bien habría que llamarla “revolución”) litúrgica llevada a cabo durante el pontificado del papa Paulo VI.

Sin duda que la más importante de esta serie de medidas ha sido la Carta Apostólica de Benedicto XVI del 7 de julio de 2007 en forma de «motu proprio» «Summorum Pontificum» sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1969 y cuyo texto completo hemos incluido al final de esta obra (Anexo 3, pág. 157).

Sabemos de la inquietud que ha causado este documento en los sectores que sostienen ciertas posturas “moderadas”, que parecen no logran asumir el problema en su raíz, y tratan de disolver la profunda gravedad de la crisis litúrgica sosteniendo que el Papa responde con este documento y con otras medidas, simplemente, a los “abusos litúrgicos” que llevan a cabo algunos “exagerados”. Ni qué hablar de las críticas del sector ultraprogresista que, ante cada paso que da en este sentido el Sumo Pontífice, ladra todo su odio a la Tradición y a la verdadera Fe católica.

Pero, por otro lado, no ignoramos las ambigüedades y contramarchas que involucran estos pasos. Tampoco nos abandona la sensación de que algunas de estas medidas reflejan un poder pontificio acotado y, simultáneamente, un deseo de salvar a toda costa los documentos conciliares que originaron la reforma, atribuyendo a una “interpretación abusiva” lo que de hecho está en algunos de sus pasajes y, especialmente, en el espíritu de la Sacrosanctum Concilium. Todo esto, nos parece que, además, dificulta una rectificación de los errores teológicos modernistas insertos en las principales disciplinas de la teología actual y que se han infiltrado, incluso, en los documentos magisteriales y en la misma liturgia.

Sin embargo, “la gracia actúa” y esto no hace más que alentarnos a continuar incansablemente en nuestra tarea de clarificación para que cada vez más católicos tomen conciencia de los motivos más profundos de nuestra crisis y apoyen con fundadas razones y renovada convicción todas las medidas que puedan apuntar a la restauración plena de la verdad en los corazones y en las mentes de los fieles y, especialmente, de aquellos que tienen la responsabilidad de regir los destinos de la única Iglesia de Jesucristo, la Iglesia Católica Apostólica y Romana.


Esta nueva edición de El Drama Litúrgico apunta en esa dirección. La hemos anotado más profusamente, incluyendo un análisis detallado del famoso art. 7 de la IGMR (el ahora N°27 en la Tercera edición revisada de 2002), hemos hecho nuevas observaciones con más argumentos teológicos y con más testimonios de personas directamente involucradas en el proceso de innovación litúrgica, que fuimos encontrando a lo largo de estos años. Además, nos hemos referido ­aunque sea de manera concisa­ a los efectos desacralizadores verificados en la supresión del latín, las vestiduras sacerdotales, la arquitectura sacra, la música, la letra de los cantos, el culto de las imágenes, el papel del silencio en el culto y, finalmente, el problema de las traducciones, entre otras cosas. Unos gráficos estadísticos nos ayudarán para vislumbrar más fácilmente la magnitud de los cambios realizados. También hemos mejorado la presentación de los dos ritos comparados para una mayor comodidad del lector.

Abrigamos la esperanza de que todo esto ­por la gracia de Dios­ redunde en bien de los corazones y mentes de nuestros lectores y se puedan apreciar las gravísimas consecuencias de la reforma litúrgica y, al mismo tiempo, la inseparable relación entre la lex orandi, cuya expresión es la liturgia, y la lex credendi, ley de la Fe. Una y otra forman un entramado indisoluble, y es evidente que lo que afecta a la oración repercute en lo que se cree, y a la inversa, si la fe se desvía y pervierte, eso tendrá obvias consecuencias en lo que se reza. Este libro pretende mostrar cómo la reforma litúrgica de Paulo VI afectó de manera notable esa sensible relación.

Augusto del Río
Cuaresma de 2008

 

Algunos de los reveladores de testimonios contenidos en el libro:

“La liturgia católica ha sido derrocada bajo el pretexto de hacerla más compatible con la perspectiva contemporánea”

P. Louis Bouyer

Aquí está verdaderamente la destrucción de la antigua misa, del rito romano de más de mil años de antigüedad, la destrucción de todo el universo de fe“.

Mons. Klaus Gamber, uno de los más grandes liturgistas del siglo XX
y maestro del actual papa Benedicto XVI

Tengo la impresión de que se ha concedido mucho, sobre todo en materia de sacramentos, a la mentalidad protestante

Cardenal Fernando Antonelli, miembro del Consilium,
el organismo que tenía a su cargo la reforma litúrgica.

Nada en la misa ahora renovada puede molestar verdaderamente al cristiano evangélico“.

Dr. M. Siegwalt, luterano, profesor de teología dogmática

en la Facultad de Estrasburgo.

Vemos en Paulo VI una intención ecuménica de limpiar o al menos corregir o suavizar todo lo que fuera demasiado católico en la Misa y llevarla lo más cerca posible de la liturgia calvinista“.

“Hoy, prácticamente, la Eucaristía no tiene más el carácter sagrado, serio y divino que tenía en el pasado”.

Jean Guitton,
escritor y amigo íntimo de Paulo VI

“[Hacía falta] rechazar todo obstáculo que pudiese constituir incluso la sombra de un riesgo de dificultad o de disgusto para nuestros hermanos separados“.

Monseñor Bugnini, secretario del Consilium
y responsable directo de la reforma litúrgica ante Paulo VI.

Las comunidades no católicas podrán celebrar la Santa Cena con las mismas oraciones que la Iglesia Católica. Teológicamente, es posible“.

Hermano Max Thurian,
de la comunidad ecuménica de Taizé

No se trata solamente de retocar una valiosa obra de arte sino, a veces, de dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata, en realidad, de una restauración fundamental, diría casi de una refundición y, en ciertos puntos, de una verdadera creación nueva

Monseñor Bugnini

 

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