Panorama Católico

Primer domingo de Cuaresma

En su combate contra el demonio, Nuestro Señor mereció para nosotros la victoria contra todas las tentaciones. La vida cristiana es un combate, “militia est”, dice la Sagrada Escritura, y el cielo es la recompensa de aquellos que combatieron en la tierra.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

En su combate contra el demonio, Nuestro Señor mereció para nosotros la victoria contra todas las tentaciones. La vida cristiana es un combate, “militia est”, dice la Sagrada Escritura, y el cielo es la recompensa de aquellos que combatieron en la tierra.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

El santo evangelio de este Domingo nos cuenta como Nuestro Señor fue tentado tres veces en el desierto. Fue tentado, pero no pecó, triunfó y expulsó a Satanás. No debemos confundir la tentación con el pecado, la solicitación para el mal con el consentimiento de la voluntad; sentir no es consentir.

En su combate contra el demonio, Nuestro Señor mereció para nosotros la victoria contra todas las tentaciones. La vida cristiana es un combate, “militia est”, dice la Sagrada Escritura, y el cielo es la recompensa de aquellos que combatieron en la tierra.

Cuando recemos el Padre nuestro, pedimos a Dios que no nos deje caer en la tentación.

¿Cómo? ¿Qué debemos hacer para no ser vencidos por las tentaciones?

-La primera cosa, muy importante consiste en no exponerse al peligro de la tentación. Es cierto que si faltamos de prudencia, de vigilancia, si nos acercamos de las ocasiones de pecado, correremos el riesgo de caer. Entonces, cuidado con tal o tal circunstancia que favorece la tentación: la televisión, Internet, o la falta de generosidad en el cumplimiento de nuestros deberes, o tal mirada, o pensamiento… También, la falta de oración favorece las tentaciones…

-La segunda cosa para vencer la tentación consiste en quedarse calmo, tranquilo cuando el enemigo espiritual ataca; vean el ejemplo de Jesús que, frente al demonio, siempre muestra mucha calma y al mismo tiempo firmeza, energía. La inquietud en la tentación debilita la voluntad.

-La tercera cosa es resistir luego que empieza la tentación: Es mucho más fácil apagar un ramo en llamas que un árbol, o un bosque, por supuesto. Si no combatimos luego, la tentación será cada vece más violenta y el riesgo de pecar será muy grande.

-La última cosa es la constancia: El demonio atacó a Nuestro Señor tres veces. En cualquier estado de vida, incluso el sacerdocio, la vida religiosa, debemos estar dispuestos para vencer todas las especies de tentaciones y eso hasta nuestra muerte.

Dios nunca permite que la fuerza de la tentación supere nuestras fuerzas. Si pecamos, es por nuestra culpa, es porque nos faltó la prudencia, una confianza firme en la gracia divina, un combate inmediato y perseverante; y sobre todo la oración. Jesús fue tentado después de cuarenta días de oración en el desierto y venció porque había rezado.

Es una ley espiritual: Quien reza será prudente, enérgico y constante contra las asechanzas del mundo y del demonio; quien no reza, con certeza será vencido. “Quien reza será salvado, quien no reza será condenado”, dice San Alfonso de Ligorio. O vencer o ser vencido.

Queridos hermanos sean muy determinados en su vida de oración, invoquen a menudo a Nuestra Señora, especialmente por el Santo Rosario cotidiano que es un arma temible contra las tentaciones.

Escuchen lo que dice San Bernardo: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mire a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. (…) No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara.”[1]

Ave María Purísima.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


[1] Hom. Sobre la Virgen Madre, 2

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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