Panorama Católico

Primer Domingo de Pasión

Es menester evitar tres actitudes erróneas: La de los intelectualistas que tienen la religión y Jesucristo solamente en los ojos de su inteligencia: piensan, piensan bien, pero no aman a Dios y a su prójimo.

Es menester evitar tres actitudes erróneas: La de los intelectualistas que tienen la religión y Jesucristo solamente en los ojos de su inteligencia: piensan, piensan bien, pero no aman a Dios y a su prójimo. También el error de los sentimentalistas: aman a Jesús cuando está todo bien, pero su fe y su caridad casi desaparecen cuando ven la prueba, la contradicción, la dificultad… Y en fin este pequeño medio nos protege del activismo, eso de una vida aparentemente buena por fuera, pero que no está sostenida por ideas claras y prudentes, o por la verdadera caridad.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

En el evangelio de este domingo, el motivo por el cual Nuestro Señor será condenado a muerte por los judíos aparece claramente. Fue por haber proclamado su divinidad: “Antes que Abraham fuera creado, ego sum, yo soy”. “Sí, Yo soy el Ser eterno, fuente de todos los seres creados que sin Mí no existirían”.

Nuestro Señor Jesucristo tiene dos naturalezas – una divina y una humana – pero es una sola Persona, divina; todas sus palabras y acciones son divinas. Por eso, los responsables de la Pasión son responsables de un deicidio. Nuestros pecados son también la causa de este deicidio.

Hermanos, aprovechemos este tiempo litúrgico de la Pasión que empieza hoy para pensar, meditar sobre el tristísimo papel que es el nuestro, desde el jardín de Getsemaní hasta el Gólgota. ¡Tantas veces hemos gritado: “¡Crucifícalo!”, hemos huido y abandonado a Nuestro Señor, prefiriéndolo a Barrabás, lo hemos flagelado, coronado de espinas, empujado en el camino del Calvario, clavado en la Cruz! ¿Cómo? Por nuestros pecados de orgullo, de sensualidad, de pereza espiritual…

He aquí un medio simple para que estas próximas dos semanas sean realmente una oportunidad para llorar nuestros pecados y seguir con determinación a Jesús. No tenemos el derecho de pasar estas semanas como si fuesen iguales a las otras. “Es más provechoso meditar sobre la Pasión que ayunar con pan y agua”, dice San Agustín.

Podemos utilizar fácilmente este pequeño método, sea en casa, sea en la capilla, sea en cualquier lugar en el que estemos solos y con un poco de tiempo libre.

Además, se lo puede aplicar durante los oficios de la Semana Santa que nos hacen revivir la Pasión de modo tan conmovedor.

¿En qué consiste? Tener a Jesús en nuestros ojos, en nuestro corazón y en nuestras manos.

Se trata de centralizar nuestros pensamientos, nuestras afecciones y nuestras acciones sobre la Persona de Nuestro Señor, el Varón de Dolores.

  • En nuestros ojos, esto es, contemplándolo y respondiendo a estas preguntas: ¿Quién es? ¿Por qué sufre tanto? ¿Para qué? ¿Cómo sufre? Cada uno es capaz, con la ayuda de Dios, de responder de tal modo que se quedará con gran admiración y amor. En primer lugar: conocer, pues no se ama lo que no se conoce. Por eso hemos de leer, de aprender, sobre todo en materia religiosa, de pedir a Dios la gracia de saber cada vez mejor quién es… No es normal que un católico adulto tenga un conocimiento de Nuestro Señor igual al de un niño del catecismo…

  • El segundo punto: Jesús en nuestro corazón, esto es, llenar nuestro corazón de sentimientos de amor a nuestro Salvador, de gratitud, de caridad divina, de generosidad. “Oh, Señor, tanto sufriste por mí, y yo, ¿no puedo sufrir algo por ti, no puedo aceptar la cruz que me es destinada? ¿Voy a continuar así, pecando, despreciando tu Sangre, y multiplicando e intensificando tus dolores? ¿No puedo, realmente, con la ayuda de Dios, acabar con estas malas costumbres, esta falta casi continua de caridad, de oración, de paciencia? ¿Seré todavía un cristiano de nombre, de mera presencia física en la Misa y no de vida y de realidad?

  • Es el tercer punto: Jesús en mi manos, esto es, en mi vida cotidiana, en los esfuerzos que he de hacer para cumplir las promesas de mi bautismo, para vivir de modo coherente con mis convicciones: No basta confesar la verdad, es necesario conformar nuestra vida con ella. “Si no vivimos como pensamos, acabaremos por pensar como vivimos”.

Este pequeño método, tan fructuoso, enseñado por varios maestros de vida espiritual, que ha sido practicado por varios santos, nos hace evitar tres actitudes erróneas: La de los intelectualistas que tienen la religión y Jesucristo solamente en los ojos de su inteligencia: piensan, piensan bien, pero no aman a Dios y a su prójimo. También el error de los sentimentalistas: aman a Jesús cuando está todo bien, pero su fe y su caridad casi desaparecen cuando ven la prueba, la contradicción, la dificultad… Y en fin este pequeño medio nos protege del activismo, eso de una vida aparentemente buena por fuera, pero que no está sostenida por ideas claras y prudentes, o por la verdadera caridad. Tienen a Jesús en las manos, por lo menos así lo parece, pero no lo tienen en los ojos y en el corazón.

Pidamos a Nuestra Señora, la Virgen dolorosa, que sabe lo que sufrió Su Hijo amado en la Cruz porque se quedó con Él y porque es su Madre, que lo amó más que todos los ángeles y santos reunidos, y que lo imitó mediante una santidad inigualable, sí, pidámosle que aumente nuestra vida interior especialmente en estas semanas de la Pasión. Una de las características de la vida moderna es la de ser una “conspiración contra toda especie de vida interior”, esta vida interior de la gracia que hace a los cristianos vencedores de este mundo. Ruido, agitación, agresiones mediáticas permanentes, todo está organizado de tal modo que es imposible pensar y, por lo tanto, amar y vivir verdaderamente. Es algo terrible. Evitémoslo a toda costa. Una vida interior profunda (“Jesús en los ojos”) debe ser la fuente de nuestras afecciones (Jesús en el corazón”) y de nuestras acciones (“Jesús en las manos”). Así, entregamos todo nuestro ser a Nuestro Señor, que “nos amó y se entregó por nosotros” hasta la muerte en la Cruz. Nuestra vida tiene un sentido, un único y verdadero Camino: Jesucristo, y no se asemeja en nada con la vida loca actual; que nuestra vida sea auténticamente cristiana porque está centralizada sobre Jesucristo contemplado, amado e imitado.

Ave María Purísima.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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