Panorama Católico

Profética anticipapción de Bacci y Ottaviani

Es lo que tiene esta profesión: con frecuencia se convierte en una caja de sorpresas. Releímos después de algún tiempo el Breve Examen Crítico de los cardenales Bacci y Ottaviani, revisando material que nos pedía un lector. Tuvimos la impresión nunca antes sentida: la de estar leyendo una profecía…

Escribe el Editor y Responsable

Es lo que tiene esta profesión: con frecuencia se convierte en una caja de sorpresas. Releímos después de algún tiempo el Breve Examen Crítico de los cardenales Bacci y Ottaviani, revisando material que nos pedía un lector. Tuvimos la impresión nunca antes sentida: la de estar leyendo una profecía…

Escribe el Editor y Responsable

Vamos a hablar mucho de liturgia, rebeliones y expectativas en esta edición. Todo lo que podíamos reunir sin atormentar a los sufridos lectores, creemos, ya está volcado en la edición semanal. Lo que nos resta, a Dios gracias- porque recorrer la prensa esta semana ha sido agobiante- es compartir una experiencia personal, con el permiso de Uds.

La mayoría del mundo tradicional ha leído o al menos ha oído hablar del célebre Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, firmado valientemente por los cardenales Ottaviani, por entonces ex prefecto del Santo Oficio (hoy Doctrina de la Fe) y Bacci.

El documento, dirigido al Papa Paulo VI, habla con franca y filial preocupación sobre el espíritu que animó la reforma litúrgica posvaticanodos. No la primera, la de 1965, que propiamente no tocó el rito en lo esencial, aunque ya comenzaba paralelamente la manía iconoclasta. Esta no puede atribuirse directamente a los cambios litúrgicos, sino más bien al "espíritu" que excitaba la imaginación del clero por esos años. La hórrida "Misa Normativa" del '67, con su definición heterodoxa del Santo Sacrificio para principiar nomás, fue tan escandalosa que los padres sinodales la rechazaron de plano.

Viendo pues que no se podía ir tan lejos, Bugnini (el reformador en jefe, luego descubierto masón y enviado al exilio por el propio Paulo VI) presentó al Papa la vesión light, en Novus Ordo, del cual, convenientemente, no se le pidió opinión a nadie. Comedidos, ambos cardenales, firmando en nombre de muchos más, le expusieron al Papa con claridad lo que se traía la nueva forma litúrgica, abusos incluidos, porque ellos ya los previeron claramente.

Hoy releemos el texto y nos sorprende por su clarividencia.

Así pues, dado que toda la actualidad semanal viene comentada por plumas más sabias, nos limitamos a invitarlos a la lectura de este breve, como su nombre indica, y por eso doblemente bueno, examen de los cambios que nos trajeron hasta aquí. Y del espíritu que generó en el clero y en muchos fieles. Al punto tal que hoy la Conferencia Episcopal Francesa, o al menos un número representativo de sus miembros (entre ellos su emérito Cardenal Primado y su actual presidente, nada menos) encabezan un motín de sesgo cismático, con algo de galicano y mucho de modernista

Como anticipo les copiamos a continuación una parte del texto que nos parece muy relevante. Los que quieran leerlo completo lo tienen al alcance de un click al final de la cita.

Cualquiera sea la naturaleza del sacrificio, pertenece a la esencia de la finalidad de la Misa el que sea agradable a Dios, aceptable y aceptado por Él. Por lo tanto, en la condición de los hombres que estaban inficionados por la mancha original, ningún sacrificio hubiera sido aceptable a Dios; el único sacrificio aceptado ahora con derecho por Dios es el Sacrificio de Cristo. Por el contrario, en el Novus Ordo la naturaleza misma de la oblación es deformada en un mero intercambio de dones entre Dios y el hombre: el hombre ofrece el pan que Dios transmuta en "pan de vida"; el hombre lleva el vino que Dios transmuta en "bebida espiritual": "Bendito eres, Señor Dios del universo, porque de tu largueza recibimos el pan (o el vino) que te ofrecemos, fruto de la tierra (o de la vid) y de la obra de las manos de los hombres, del cual se hará para nosotros el pan de vida (ola bebida espiritual)".

Superfluo es advertir cuán totalmente vagas e indefinidas son estas dos fórmulas "pan de vida" y "bebida espiritual", que, de por sí­, pueden significar cualquier cosa. Hallamos aquí­ el mismo equí­voco capital que examinamos en la definición de la Misa: allí­ Cristo se hace presente entre los suyos únicamente de un modo espiritual; aquí­ se dan el pan y el vino, que son cambiados "espiritualmente" (pero no substancialmente!).

Igualmente, en la preparación de las ofrendas se descubre idéntico juego de equí­vocos, pues se suprimen las dos maravillosas plegarias de la antigua Misa. La oración: "Oh, Dios, que admirablemente formaste la dignidad de la naturaleza humana y que más admirablemente aún la reformaste" recordaba a la vez la primitiva condición de inocencia del hombre y su presente condición de restauración, en la que fue redimido por la Sangre de Cristo. Era, por lo tanto, una verdadera, sabia y rápida recapitulación de toda la Economí­a del Sacrificio, desde Adán hasta la historia presente. En la otra plegaria, la oblación propiciatoria del cáliz para que subiera "con olor de suavidad" a la vista de la Divina Majestad, cuya clemencia se imploraba, repetí­a con suma sabidurí­a esta Economí­a de la salvación. Mientras que suprimida esta continua elevación hacia Dios por medio de la plegaria eucarí­stica, no queda ya ninguna distinción entre sacrificio divino y humano.

Eliminado el eje cardinal, se inventan vacilantes estructuras; echados a pique los verdaderos fines de la Misa, se mendigan fines ficticios. De aquí­ que aparecen los gestos que en la nueva Misa deberí­an expresar la unión entre el sacerdote y los fieles, o entre los mismos fieles; aparecen las oblaciones por los pobres y por la Iglesia que ocupan el lugar de la Hostia que debe ser inmolada. Todo esto pronto caerá en el ridí­culo, hasta que el sentido primigenio de la oblación de la Única Hostia caiga poco a poco completamente en el olvido; así­ también las reuniones que se hacen para celebrar la inmolación de la Hostia se convertirán en conventá­culos de filántropos y en banquetes de beneficencia.

Cardenales Bacci y Ottaviani, Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae, extracto.

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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