Panorama Católico

Progresismo Paradójico

Escribe Juan Olmedo Alba Posse

Escribe Juan Olmedo Alba Posse
Refugio Vino a nuestras manos un flamante libro de textos religiosos para cada día del año y bastó una hojeada para percibir cierto estilo de moda, rebajado artificiosamente. Lamentablemente, algo muy distinto del tradicional lenguaje evangélico, de palabras exactas y el acento apropiado a cada circunstancia o solemnidad del caso. Desde el tono adecuado a la intención sin mengua de sencillez, hasta la imagen poderosa de la parábola. El cariñoso acercamiento de los pequeños; el reproche severo a los judíos insolentes y recalcitrantes; el mandato firme de proclamar la buena nueva y practicar sus enseñanzas.

Es difícil, verdaderamente, comprender el empeño actual de cambiar la escritura porque sí. Una cosa es decir que el Señor se ocultó cuando iban a apedrearlo y otra que se “escondió”. ¿Cómo imaginar al Divino Maestro acurrucado en algún rincón, esperando que pase la furia judía? Y si el Señor proclamó reiteradamente: “En verdad, en verdad os digo: Antes que Abraham existiera Yo soy…”, eso no era igual que deslizar simplemente: “Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo soy”.

En esta materia hay algo más que matices. No parece ilusoria la percepción de cierta voluntad de rebajar la solemnidad y eludir lo majestuoso. Un fenómeno paralelo –hay que reconocerlo- a la tan penosa desacralización. Aunque parezca secundario, es importante registrar que este modismo “light” le ha costado la vida -en las preces y en los textos- al modo imperativo y a la segunda persona del plural. No solamente afectando la elegancia, sino el sentido cabal. Ya no más la orden: “Id y predicad”; ahora sólo queda la indicación “vayan y prediquen”…

Delenda est vosotros Parecerá obsesivo, pero no se entienden muchos cambios, sobre todo en las ceremonias. Una vez alguien explicaba con la mejor voluntad, que la moda obedece al acompañamiento de cierta evolución del lenguaje y a un deseo de mayor cercanía con la gente del común. Pero la evolución es de suyo gradual y nunca se impuso abruptamente en la historia de las lenguas. Lo cual está ocurriendo de un modo notable con la terminante execración de la palabra “vosotros”, substituida por “ustedes” o “todos ustedes” (para ser más amables). Lo paradójico es que al hombre común le encanta la respetuosa solemnidad; le atraen los hábitos religiosos; admiran los ornamentos preciosos y las rúbricas ceremoniales…

Aspiración
Aun en las cosas profanas, la gente busca las palabras más dignas, acaso a su entender. A esto último lo han captado especialmente los locutores radiotelevisivos. Por una emisora invadiente, cierto comentarista deportivo estaba diciendo hace un rato que “el futuro evento (una carrera de autos) sería importante, relevante, significativo, con alternativas y ribetes excepcionales; propicio para una cobertura extenuante pero factible”. Cabría descender mucho más. ¿Quién ignora que los retretes ya no son para hombres o mujeres vulgares, sino para Damas y Caballeros? Y nadie sube al “micro”: asciende; tampoco espera: aguarda; no entra: ingresa; no tira papeles: los arroja. Y así un montón de cosas. Si no erramos fiero, fue Chesterton quien decía hace muchísimos años, que la vulgaridad es uno de los inventos más grandes y nuevos. Pero si bien para los romanos “vulgus” era la gente común, el término describe algo que no es particularmente común entre la gente común. En aquella línea de pensamiento paradojal, podría traducirse que el progresismo, con sus modas –en el mejor de los casos persiguiendo lo contrario- va a terminar ahogando la piedad sencilla del hombre común.

Exabrupto Con parecidas observaciones un viejo amigo, algo cascarrabias, insinuaba una sospecha. En todas partes –salvo hasta ahora en la Consagración- se está eliminando prolijamente la precisa palabra vosotros, como si fuera una mala palabra. Para suplantarla por un rotundo “ustédes”, con reiteraciones abrumadoras a costa de la sintaxis y forzando la desinencia gramatical. Pero además resulta que el término es un plural casi arbitrario del vocablo “usted”, correspondiente al tratamiento de cortesía entre personas de igual condición. Vale decir que, paradójicamente, de entrada significa lo opuesto al estilo familiar o campechano que el progresismo quiere introducir en los ritos. Pero la sospecha entonces, residiría en que el término contenga un significado ulterior. Tal vez no sea aventurado adivinar la intención de igualar al celebrante con los fieles, en forma pareja con la naturalidad del ágape y la transformación paulatina del templo en un comedor; como de hecho ha ocurrido con argumentos caritativos. Curiosa coincidencia. Durante la Misa celebrada en una antigua iglesia de Bs.As., explicaban a los fieles que “la comunión se distribuirá también en el centro del salón…”

En todo caso quizás se trate de una consigna tácita, sobre nuevas actitudes aparejadas a los tiempos que corren. Para abreviar, con un ejemplo a la inversa, cuando un sacerdote dice: “El Señor esté con vosotros”, es seguro que siempre viste como clérigo; su homilía será breve y ajustada a la doctrina; recordará los Mandamientos; reclamará modestia en el vestir; no inventará rúbricas personales ni entremeses; cumplirá fielmente los cánones y de ningún modo buscará su lucimiento protagónico. Al revés o al contrario, el recordado amigo refunfuñante tuvo un día el feliz impulso de confesarse. Pero se encontró con que el sacerdote –de estricta dicción “ustedes”- estaba vestido con una remera y arriba la estola…

Enero de 2008

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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