Panorama Católico

Prólogo a modo de entrevista a Mirella Pizzioli

Mirella PizzioliAdelantamos el prólogo del primer libro en lengua española de la Sra. Mirella Pizzioli y hemos querido hacerlo a manera de entrevista pretendiendo modestamente agilizar la lectura y la comprensión de esta extraordinaria y sorprendente obra del amor de Dios.

Por Malena Martínez y Adolfo Vázquez

Mirella PizzioliAdelantamos el prólogo del primer libro en lengua española de la Sra. Mirella Pizzioli y hemos querido hacerlo a manera de entrevista pretendiendo modestamente agilizar la lectura y la comprensión de esta extraordinaria y sorprendente obra del amor de Dios.

Por Malena Martínez y Adolfo Vázquez

Desde hace algo más de veinte años Dios la ha elegido para dar testimonio de la realidad de la vida eterna y estudiosos de dilatada experiencia nos hablan del carisma de la Comunión de los Santos: Mirella ve y escucha a las santas almas del Cielo y del Santo Purgatorio, a los ángeles, a la Virgen Santísima y a Jesús; y nos transmite sus mensajes llenos de paz y consuelo para fortificarnos en la fe, alentar nuestra esperanza, y encender la caridad.

Mirella Pizzioli es una señora italiana, casada con el Sr. Bruno Migani, y vive actualmente en el bonito pueblo de Santarcángelo di Romagna, cien kilómetros hacia el este de la ciudad de Bolonia. Es una mujer afectuosa, agradable y cuesta muy poco entablar con ella una sincera amistad.

No nos extendemos con más datos porque queremos compartir sus respuestas a muchas preguntas e inquietudes que llevamos hasta su propia casa, donde nos atendió con gran amabilidad.

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-Mirella, ¿puede decirnos algo sobre usted y si ha encontrado algún motivo por el cual Dios la ha elegido para esta misión tan sorprendente?

No lo sé. Muchas veces me han hecho esta pregunta y he llegado a pensar que tal vez Dios me eligió porque no tengo nada de particular. Soy una mujer casada, y he trabajado toda la vida junto a mi marido en un comercio en Rímini. No tuvimos hijos, y llegada la edad de jubilación para mi esposo nos hemos venido a este bonito pueblo, donde vivimos sin el bullicio de la ciudad y a su vez podemos estar cerca de nuestros familiares y de nuestros amigos.

¿Cómo fue su infancia, su juventud? ¿Nos cuenta algo sobre ello?

Sí, claro. Mi familia estaba formada por mi padre, mi madre y tres hermanos. Siempre hemos estado muy unidos. Yo soy la mayor, luego una hermana y por ultimo vino el varón. Por razones laborales de mi padre emigramos durante quince años y vivimos en Marruecos y en España. Tenía seis años cuando marchamos y cuando volvimos tenía veintiuno. Tengo hermosos recuerdos de aquellos años. Y es por ello que hablo sin grandes dificultades el español y el francés.

-Y de sus estudios, ¿Cursó alguna carrera universitaria?

No, tengo los estudios primarios y luego hice cálculo mercantil. No sé como se llama ahora, pero tengo el diploma español en cálculo mercantil.

Mirella, sabemos por otras entrevistas que le han hecho que le cuesta contar como comenzó esta historia, pero le pedimos que haga otra vez un esfuerzo…

Es que todo comenzó poco tiempo después de la muerte de mi madre y los recuerdos de aquellos días siguen siendo muy vivos para mí. Pero también sé que muchas personas podrán comprenderme, porque quienes hayan sufrido esta perdida conocen por experiencia lo que se siente.

Mi madre dejó la tierra luego de una enfermedad que la tuvo paralizada en la cama durante largos meses, pero murió con gran serenidad. Yo había rezado mucho por mi mamá, pero sentía como que el Cielo no me respondía, todo era en vano; Dios la llamaba para sí.

Pasó algún tiempo, y a medida que el dolor agudo se iba calmando, aparecía el dolor sordo de tener que resignarse, y me asaltaban las mil preguntas típicas: ¿cómo es posible que nunca más?, ¿cómo es posible que mi mamá, que tanto amó y se desvivió por nosotros, sus hijos, no nos dé ninguna señal de su vida eterna? De alguna manera yo deseaba saber que seguía estando junto a nosotros, que no nos había abandonado para siempre.

Un día cualquiera, luego de volver a casa después de unas compras, tomé instintivamente un lápiz y en un papel dibujé una flor. Y simultáneamente escuché la voz clara e inconfundible de mi mamá que me decía en nuestro dialecto italiano: yo no se dibujar, sólo se hacer esta pequeña flor.

Y era verdad que mi mamá no sabía dibujar, y siempre lo decía. Sólo sabía hacer esa pequeña flor. Solté el lápiz y el papel inmediatamente y me fui rapidísimo para la cocina. No recuerdo si me puse a cocinar o que hice y ni si comí o no comí.

Esta fue la primera manifestación del Cielo que tuve.

-¿Cómo continuó todo?

No recuerdo bien la sucesión exacta de los hechos, pero lo que había deseado saber sobre mi madre, ya no lo quería. Era algo enorme lo que me sucedía: por una parte me asaltaban inquietudes y dudas atroces; pero a su vez escuchaba voces muy dulces y suaves que me invitaban al recogimiento, a la oración y me dejaban con una hermosa sensación de paz. Repentinamente me invadían perfumes muy delicados que no podían venir de ninguna parte y más tarde empecé a ver…

¿Recuerda la primera vez que vio?

Sí, y fue al Santo Padre Pío… No me parecía posible que a una persona simple como yo se le pudieran mostrar criaturas del Cielo.

¿Y que hizo?

Al principio lo guardaba todo para mí, pero llegó un momento que debía contar lo que me estaba ocurriendo. Y lo manifesté a mi familia. Mi padre me puso en contacto con un sacerdote que él conocía y comenzaron a examinarme.

¿Puede contarnos algo sobre ello?

Primero fue un sacerdote, pero luego me examinó un Obispo en Roma que ha sido nuncio apostólico en mas de veinte países. Y llegaron a la conclusión que nada era contrario a la Fe y que debía seguir adelante con esta misión. También desde el punto de vista médico y psicológico: la Doctora María Ferrari, psicóloga y catedrática me vio en muchas ocasiones y su diagnóstico fue favorable hacia mi persona: en mi último libro se publica su testimonio. Y por supuesto la constante investigación de mi director espiritual que me guía y yo obedezco siempre.

¿En Roma saben algo sobre Usted?

Sí, el Papa Juan Pablo II tenía mis libros. Y al actual Santo Padre, Benedicto XVI, podré verle Dios mediante en audiencia privada. Una amiga mía, que es alemana y le conoce desde hace muchos años solicitó una entrevista y yo iré junto con ella. Aguardo ese día con mucha ilusión, porque como el Papa Juan Pablo II pasó tanto tiempo enfermo, la agenda Vaticana quedo muy atrasada y es necesario esperar.

Mirella, pasemos ahora al don: ¿Cómo lo vive?

Siempre pido que no me llamen vidente o carismática, porque yo solo veo lo que Dios quiere y todo sucede con naturalidad para mí. Por lo tanto ver no es ninguna tarea. Prefiero que me refieran como un instrumento de oración, porque es esto lo que hago y en esto yo me reconozco: rezar siempre por todos y con todos los que llegan hasta aquí.

-¿Podría describirnos como ve a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen?

Jesús se manifiesta a mi lado, sentado, y me habla, me da fuerzas, me consuela, me guía y ordena. La Santísima Virgen siempre de pie, viene con un vestido de color rojo intensísimo, tanto que no se explicar y siempre como una madre preguntando por sus hijos: ¿y mis hijos, Mirella?… ¿y mis hijos?… (Mirella se emociona).

¿Puede contarnos también algo sobre cómo ve y escucha a las almas?

Las veo con mucha claridad y nitidez. La mayoría de las veces son almas del Cielo las que se manifiestan, están siempre colmadas de felicidad y resplandecientes, y se me muestran suspendidas en el aire. Las almas del Purgatorio se muestran sufrientes, arrastrando alguna carga pesada, con los pies sobre el suelo y esperando recibir el alivio que pueda proporcionarle nuestra ayuda para llegar al Cielo.

Cuando me hablan las escucho igualmente con gran nitidez. Y lo que me dictan las almas lo transcribo en un papel y se lo entrego a los familiares u otros seres queridos que han venido hasta mi casa.

¿Cómo reacciona la gente?

Con sorpresa, con emoción, muchas veces rompen a llorar. Son momentos donde siempre se comprueba la gran ternura que encierra el infinito amor de Dios. Se abren los corazones y las lágrimas empiezan a brotar… las personas se sienten amadas por el Señor.

¿Todos le creen?

La mayoría sí, e inmediatamente. El mensaje habla de Dios, de la Virgen Santísima, de los Santos Ángeles, del Cielo, de las maravillas infinitas de la vida eterna, pero también trae consigo particularidades de la persona que ha dejado la tierra. Suelen ser signos simples pero muy evidentes para ellos y que yo no puedo saber de ninguna manera porque recién acabo de conocerlos. A veces ha ocurrido con alguna persona que no ha creído en ese momento lo que me había sido dicho por las almas, pero después de un tiempo lo recuerdan y me llaman por teléfono: ¡Oh Mirella! ¡Oh Mirella!, ¡es verdad! ¡es verdad!…

Mirella, esto es muy fuerte y comprenderá que a muchas personas les podría dar miedo venir a su casa. ¿Qué les diría?

Yo les propongo que a esta pregunta la respondan las mismas personas que vienen aquí.

“Durante el transcurso de una reciente entrevista Mirella ha visto a nuestro lado a nuestra abuela, a una tía, y a uno de nuestros padres. Nos los describió con detalles inconfundibles para nosotros; y nuestra tía, luego de hacerse reconocer por sus características personales nos invitó a que practicáramos obras de misericordia porque glorifican a Dios y son de gran valimiento para nuestra salvación. Vivimos estos momentos sin ningún temor, y quedamos con grandísimo consuelo. Que para siempre sea nuestro agradecimiento a Dios por tanta piedad que tiene con sus hijos y también a Mirella, quien con libre voluntad colabora con Nuestro Señor Jesucristo en esta obra de su Amor por los hombres.”

-Nos dice que las almas del Cielo están felicísimas y no necesitan nada. Pero las del Purgatorio esperan nuestra ayuda. ¿Qué podemos hacer nosotros?

Con nuestra continua actitud de amor, de recuerdo y de perdón podemos abreviar su purificación y hacer que lleguen más pronto al Cielo: ofrecerles Santas Misas, también obras de misericordia, y oraciones, oraciones, muchas oraciones. El Santo Rosario les proporciona gran alivio. Ellas se me muestran con una sed de amor abrasadora y nuestra oración es como un vaso de agua fresca.

Y nosotros que aún estamos en la tierra, ¿podemos pedirle ayuda?

Si, por supuesto. Cuando yo necesito una gracia muy grande la pido a las almas del purgatorio, porque pienso que Dios no le niega nada a un hijo suyo que solo desea amarle y se encuentra en ese estado de sufrimiento y contrición. Y ellas tienen gran alegría en poder ayudarnos.

-Una última pregunta sobre el Purgatorio: ¿Cómo entender, si es que se puede, que Dios en su infinita misericordia permita el purgatorio para unas almas que sólo sufren por llegar a Él?

Miren, me atrevo a decir que creo que el Purgatorio es una de las mayores obras del amor de Dios para con los hombres. Habiendo dejado la tierra, las almas me dicen: ahora veo, sé, comprendo… Todo le es totalmente claro. Viéndose a sí mismas con todas sus faltas y con verdadero arrepentimiento, son ellas mismas las que quieren y desean afrontar la purificación que necesitan para llegar al Cielo.

Sufren muchísimo, así se me muestran, pero también es verdad que dentro de ese inmenso sufrimiento encierran un inmenso gozo: la certeza total de su encuentro definitivo con Dios.

A veces las almas me lo explican con este ejemplo: es como amar intensamente a una persona que está en un lugar lejano y que sabes que también te ama. Sufres por estar separado y por no estar suficientemente preparado para ese amor que te espera, pero también el conocimiento absoluto que un día te unirás a ella por toda la eternidad te da la alegría enorme que sientes.

– Mirella, ¿se le han manifestados almas condenadas?

Sí, pero por favor, no presupongan que sea frecuentemente. Sólo algunas veces, gracias a Dios.

– ¿Le dicen algo?

En alguno de mis libros se cuenta la experiencia. Son almas que nunca, nunca quieren que rece por ellas. Ofrecerle oraciones es un acto de amor y ellas lo rechazan porque le aumenta su tormento. –Andaré errante, errante para siempre- me dicen. Todo es odio, es espantoso.

-¿Qué quiere decir errante?

No lo sé. Yo sólo transmito, no pregunto nunca a las almas que me hablan.

-¿Entonces el infierno y Satanás y sus secuaces existen?

Sí, existen.

-¿Y nos puede decir algo sobre la tendencia moderna a negarlo o al menos a no hablar de ello?

Es un grave error. El infierno es un dogma de Fe. Allí cayeron los ángeles rebeldes y es una realidad.

-¿Y quien puede caer en el infierno?

Quien quiere ir allí. Sí, quien con libre voluntad y total conciencia rechaza absolutamente a Dios. Dios no obliga a nadie.

-A lo largo de los años con esta misión ¿va observando conversiones y la gente se acerca a Dios?

Si, claro. Con esta obra, y con muchas otras obras Dios siempre nos está llamando. Sus medios son infinitos. Veo conversiones siempre y me dan ánimo para seguir adelante.

-Y debido a estas conversiones, Satanás y sus secuaces deberán estar muy rabiosos, ¿no la atacan?

Si, lo hacen. Casi siempre no son más que amenazas. Y no los veo con frecuencia. Pero están. Están siempre están al acecho en todas partes.

– ¿Cómo se defiende, y que consejo nos daría?

Como nos ha enseñado desde siempre nuestra Santa Madre Iglesia.

Debemos vivir en gracia de Dios. Tratar de ser buenos, cumplir los mandamientos: los mandamientos son buenos no sólo porque Dios los ha dado, sino que porque son buenos Dios nos los dio. Son buenos para nosotros. Contamos con el Santo Sacrificio de la Misa, la confesión, la comunión, el Santo Rosario, con la Pasión y Muerte de Jesús, la intercesión poderosísima de María Santísima que es también madre nuestra; la ayuda constante de nuestro ángel de la guarda, la protección de los ángeles, los santos, las almas del purgatorio y todos nuestros seres queridos que ya pueblan el Reino de los Cielos. Y por supuesto también con el uso de los sacramentales: el agua bendita, el óleo bendito, la sal exorcizada. Tenemos una inmensa y valiosísima protección, pero hay ponerla en práctica.

-Bien Mirella, y volviendo a su misión con la gente, ¿Cómo llegan las personas hasta usted?

Muchos vienen personalmente y a veces desde países muy lejanos. También me escriben por correo normal o correo electrónico. Y por teléfono, al cual siempre estoy atenta.

-¿Hay en general algún motivo por el cual la gente acuda en búsqueda de ayuda?

Las situaciones son muy diversas, pero siempre, siempre es por dolor. Yo paso todo el día con gente que está sufriendo mucho: las escucho, rezo y transmito lo que para el caso me muestren las criaturas del Cielo.

-Mirella, entre las personas que acuden a su casa ¿también hay enfermos?

Sí, y normalmente son muchos. Después de unos años de las primeras revelaciones, Nuestro Señor me encargó que orara por ellos: “te pido que me pidas por los enfermos”. Y permítanme decirles que es algo que hago con grandísima devoción. Y experimento un inmenso gozo al ver las gracias, que con tanto amor, el Señor concede.

-¿Pero todos se curan?

Todos reciben alivio espiritual. Y muchos, muchos se curan. Algunos en forma repentina y otros de a poco. Son muchas las gracias que Dios nos concede cuando le pedimos con Fe, con humildad. En los Santos Evangelios tantas veces dice el Señor: “ vete… tu Fe te ha sanado”.

– ¿Siempre ve?

Si, siempre Dios me muestra algo. Aunque no todo lo que se me manifiesta es para que lo diga, sino para que yo comprenda y rece por esas personas.

-Mirella, ¿usted sufre, se cansa?

Si claro, sufro y sobre todo al ver sufrir a tanta gente, de todas las edades, de tantas nacionalidades. Nadie escapa al dolor y a las miserias humanas. Y yo estoy todo el día frente a ellos.

Cansancio también, porque mis días son muy largos con mucha gente, muchas cartas, muchas llamadas telefónicas. Y también debo atender mi casa, a mi esposo que tanta paciencia me tiene, en fin, como la vida de cualquier persona. Pero debo decirles que Dios siempre me da fuerzas para cumplir con esta tarea en la medida de mis posibilidades.

-Sabemos que la llaman con frecuencia para dar conferencias. ¿Nos cuenta algo al respecto?

Siempre tengo que estar dispuesta para dar testimonio de la realidad de Dios y sobre la vida después de la vida terrenal, porque esta es mi misión. Y las conferencias son una oportunidad de llegar a mayor cantidad de personas para trasmitirles esta verdad. Entonces desde donde me llaman, hago todo lo posible por ir.

-¿Y como se organizan?

De distintas maneras. A veces es una sola persona pudiente quien se encarga de todo, otras son grupos de gente que se ponen de acuerdo y hacen todo lo necesario para que yo pueda viajar. Es que sería imposible para mi poderme pagar tantos viajes y hoteles. Yo se los digo con sinceridad y ellos lo comprenden, así como también que nunca viaje sola a lugares tan lejanos y extraños para mí. Siempre me acompaña una amiga o un familiar.

-Mirella, con respecto a esta enorme y sorprendente revelación del Cielo, ¿que les diría a las personas que leerán este libro?

Que lo lean con detenimiento porque son mensajes para meditar. Por tratarse de la vida del mundo futuro, donde todos tenemos algún ser querido que ya ha dejado la tierra, se tiende a leerlo con tanta curiosidad que a veces no se presta atención a la esencia de todo lo que el Cielo nos enseña en estos tiempos difíciles. Son designios de Dios para estos tiempos. Me ha llamado gente que me dice: “en una segunda lectura he descubierto cosas que quitan la desesperación”. Y que sepan que en los libros figura solo una parte extremadamente mínima de todo lo que Dios ha hecho por el bien de las almas. Los testimonios que aquí están publicados no son más que un brevísimo resumen.

-Y para quienes puedan dudar de esta experiencia tan inhabitual de Fe…

Aquí les respondo con palabras de Jesús: “permito a las criaturas terrenales que ya pueblan mi Reino llegar a ti, para vuestra conversión. Y para que luego no puedan decir… yo no lo sabía…”

Es una obra de evangelización para estos tiempos difíciles.

-Y terminando, le pedimos algún consejo que pudiera brindarnos luego de tantos años con este don y este trabajo que el Cielo le ha encomendado.

Debemos abrir nuestro corazón a Dios y no temer nunca – así lo pide siempre el Señor- y con gran confianza dejarnos guiar por su mano providente. Los humanos somos pobres, muy pobres, pobrísimos, pero tenemos un Padre rico, muy rico, riquísimo, que ama a cada uno de nosotros, sus hijos, con un amor que no conoce fin.

***

Quien quiera dirigirse a la Sra. Mirella Pizzioli, debe hacerlo a la siguiente dirección.

Mirella Pizzioli
Vía P. Borsellino 24
47822 Santarcángelo di Romagna (Rn)
ITALIA.
Tel/Fax: (39) 0541-621349
E.mail:
info@mirellapizzioli.it
www.mirellapizzioli.it

Mirella recibe todos los días entre semana previa cita. Telefónicamente solicita llamar después de las 20 hs, dentro de lo posible. (Rogamos tener en cuenta la hora italiana si se llama desde el extranjero). Lee absolutamente todas las cartas, así como los correos electrónicos. Por falta de tiempo, rara vez responde, no obstante quiere que tengan la absoluta certeza que reza por todos los que allí recurren.

Nunca pide nada. Si alguien le ofrece algo, caritativamente y con gran reconocimiento lo acepta destinándolo a obras de misericordia que lleva adelante junto a su esposo. Hay muchas personas necesitadas.

De apariciones y gracias particulares

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Marina del carmen
26/03/2020 a las 4:34 am

Gracias Mirella por ponerme en oracion. Envía a mi Ángel para mi protección. Con fe y la Gloria de Dios.saldré adelante.🙏



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