Panorama Católico

Proponen cambiar por otros los siete pecados capitales

Sugieren sustituirlos por otros más acordes a nuestro tiempo. Afirman que la noción de pecado ha caído en desuso o se ha relajado mucho. Y que, con la informática, aparecieron nuevos modos de pecar.

Manuel Díaz Prieto LA VANGUARDIA
ESPECIAL PARA CLARIN 

Sugieren sustituirlos por otros más acordes a nuestro tiempo. Afirman que la noción de pecado ha caído en desuso o se ha relajado mucho. Y que, con la informática, aparecieron nuevos modos de pecar.

Manuel Díaz Prieto LA VANGUARDIA
ESPECIAL PARA CLARIN 

Los británicos creen que los llamados siete pecados capitales están desfasados y que habría que sustituirlos por otros más ajustados a nuestro tiempo. Según las respuestas de los participantes en un sondeo realizado por la BBC, de los siete pecados originales, sólo la codicia ha logrado sobrevivir.

Comentario Druídico: Veamos. Son los pecados capitales, no los “siete pecados originales”. Se los llama “capitales” porque son “cabeza” de los demás (del latin, caput = cabeza). Son los centrales, los más importantes, aquellos de los que otros dependen. De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”. Son los que llevan en sí en potencia a los demás de su especie. Si repasamos un manualcito de teología moral nos quedará el asunto más o menos claro en media hora.

De manera que la soberbia, la envidia, la ira, la gula, la pereza y la lujuria, [¿y la avaricia?] considerados por la tradición cristiana como pecados mortales [¡Capitales, no mortales!] que acarreaban una condena eterna, (¡!) se han visto desalojados de la escala de valores de estos ciudadanos, para dejar sitio a nuevas perversiones morales como la crueldad, considerada la falta más grave por un 39% de las personas consultadas.

Comentario Druídico: Además de que el orden moral no está sujeto a escrutinio, la redacción del texto confunde nombres y conceptos permanentemente. Muchos pecados mortales no son pecados capitales, aunque sí todos los pecados capitales son pecados mortales. Pero todos somos culpables de algún pecado capital (ya que de ellos derivan todos los pecados) aunque en grado no necesariamente mortal. Una vanagloria incipiente bien podría ser venial, a pesar de que nace de un pecado capital.

El adulterio (11%), el fanatismo (8%), la deshonestidad (7%), la hipocresía y la codicia (6%) y el egoísmo (5%) completan la lista.

Comentario Druídico: El adulterio es hijo de la lujuria, el fanatismo de la soberbia, la deshonestidad (entendámosla aquí como atentado contra los bienes ajenos materiales) procede de la avaricia. La hipocresía puede tener su fundamento en la soberbia o en la pereza. El egoísmo parece vincularse también con la soberbia, la pereza, la envidia… Finalmente, en esta nueva lista de pecados capitales encontramos un viejo pecado capital, la avaricia, llamada aquí, codicia. Por algo los sabios teólogos redujeron a siete los pecados capitales –al menos desde santo Tomás-, a saber, para ordenar los vicios que originan la infinidad de faltas posibles. De modo de no caer en el laberinto de “pecados” que el público inglés vota en la encuesta de marras. Podríamos poner también la crueldad contra los cetáceos o cosas por el estilo, pero todos se reducirían a alguno de los siete clásicos. El fundamentalismo casuístico es una grave distorsión de la teología moral.

"Nos preocupan menos los siete pecados capitales y más las acciones que suponen daños para los demás (¿?) . Por eso nos inquieta menos la ira que la violencia", asegura Ross Kelly, director del programa que llevó a cabo la encuesta en la que se refleja cómo ha cambiado la percepción de la gente respecto a los pecados capitales clásicos desde que, en el siglo VI, los enunciase el papa San Gregorio Magno. Hoy, al 41% de los hombres no les importaría pecar contra la lujuria, frente a un 26% de las mujeres.

Comentario Druídico: ¡Ross Kelly tiene un piercing en el cerebro! Es el “director del programa” que estudia “los nuevos pecados” y afirma lo más campante que “nos inquieta menos la ira que la violencia". Querido Ross, con tu lógica bien podríamos decir frases tan estúpidas como “nos inquieta menos la gula que el atiborramiento de comida que algunas personas practican”. Ross, Ross, no se como explicarte. La violencia desordenada procede de la ira… luego…

 ¡Es inútil! Será el director del programa, pero es inútil.

Pero, ¿han cambiado realmente los pecados? ¿O lo único que ha sucedido es que se han transformado los escenarios y que las infracciones morales siguen siendo las mismas, porque en realidad la condición humana no ha variado…? Este tipo de preguntas ocuparon hace un par de años a un grupo de teólogos católicos reunidos en el Santuario de San Gabriel del Gran Sasso, a unos 120 kilómetros de Roma. Las jornadas tenían como objetivo "redescubrir la cara de Cristo en el sacramento de la penitencia", pero fue durante el seminario "Los medios de comunicación en la familia", donde abordaron un territorio inexplorado: Internet.

Comentario Druídico: ¡Señor! ¡Ten piedad de nosotros! ¿Quienes son estos de teólogos católicos? ¿El querido Ross forma parte…?

¿Es pecado bajar una canción de Internet? Los teólogos analizaron la crisis del sentido del pecado y advirtieron que el uso indiscriminado de la red no está libre de ocasiones pecaminosas.

Comentario Druídico: ¡Señor! Ten piedad de nosotros…

Constataron que frente a las nuevas realidades la noción de pecado ha caído en desuso o se ha relajado tanto que casi ha desaparecido en muchos individuos.

Comentario Druídico: Bueno, tuvieron su minuto de lucidez.

Así que, tras aclarar que no han aparecido nuevos pecados pero sí "nuevos modos de pecar", comenzaron a enumerar todas aquellas "ocasiones pecaminosas" que debieran ser contempladas en las confesiones de los fieles: usar programas sin la correspondiente licencia (piratear); crear y difundir virus informáticos; enviar e-mails anónimos o con direcciones y datos falsos; bajar ilegalmente de Internet música o películas; robar programas informáticos; enviar spam (nombre que recibe el correo indeseado o basura); ser un pirata informático y violar la privacidad y la seguridad de los sistemas informáticos; abusar del chat y dar falsas informaciones sobre uno mismo;

Comentario Druídico: ¡Señor! ¡Señor! Somos pecadores, pero ¿merecemos “teólogos” que digan tantas pavadas?

crear o entrar en sitios pornográficos; y, finalmente, pero no el último, cometer adulterio a través de Internet en chats o en foros.

Comentario Druídico: No si… cuando hablábamos de la lujuria no estábamos tan descaminados. Estos “teólogos morales” nos confirman en las verdades que aprendimos en el catecismo de la 93 preguntas.

El problema es que muchos de estos comportamientos ante las nuevas tecnologías ni siquiera pueden ser considerados ilegales al no estar reglamentados. Así que, ¿quién puede sentirse realmente pecador?

Comentario Druídico: ¡Señor! Ni siquiera distinguen entre “ilegal” e “inmoral”.

"A medida que se amplían los espacios de la comunicación, la responsabilidad ética se hace cada día más amplia", explicó el sacerdote Sabatino Majorano, teólogo y decano de la Pontificia Academia Alfonsiana de Roma. Estos abusos también afectan a las relaciones interpersonales. "Quien pasa la noche chateando en vez de estar con el marido o esposa y los hijos, comete una grave falta. Peor aún si establece vía Internet una relación sentimental con otra persona", añadió el sacerdote antes de sugerir a los confesores que expliquen que algunos comportamientos que nos parecen intrascendentes pueden dañar a otras personas. "Se trata de ofrecer una ayuda a quien quiere vivir responsablemente la libertad que ofrecen los nuevos medios de comunicación".

Comentario Druídico: Con el debido respeto, padre ¿no está diciendo una obviedad? ¿Hace falta un congreso para esto?

El nuevo catecismo de la Iglesia Católica ya nos prevenía contra vicios tan modernos como la evasión de impuestos o el conducir borracho.

Comentario Druídico: ¿Y el antiguo no?

Pero, ¿qué peso tiene en el imaginario social la idea de pecado? El filósofo Fernando Savater aventura una opinión: "Creo que es un concepto con un valor más higiénico y terapéutico que teológico. Sentimos como pecado toda aquella conducta que, por exceso, nos perjudica, prescindiendo de que los otros puedan considerarla un pecado o no”.

Comentario Druídico: Ahora entendemos la naturaleza del congreso. Hi-gie-ne. ¿Está claro?

Pero el hombre contemporáneo se siente a menudo muy alejado de la concepción tradicional del pecado.

Comentario Druídico: No si, algunas bolas pegan.

Y Freud tiene algo que ver con ello, ya que desde la divulgación de sus ideas, la culpa parece haberse difuminado entre una maraña psicológica.

Comentario Druídico: Nos vuelve un poco el alma al cuerpo…

Así que, para aclarar un poco los conceptos, podría ser recomendable la lectura del "Diccionario de los Sentimientos", del filósofo José Antonio Marina, en el que nos muestra cómo la parte del cerebro que gobierna la inteligencia se adapta mejor y más rápidamente que la parte que gobierna los sentimientos —el sistema límbico—, por lo que en la cultura occidental se ha dado un corte o separación entre los sentimientos y la inteligencia, en general para minusvalorar aquéllos, menos controlables, en favor de ésta, más mesurable. Hasta el punto de que la palabra con la que los griegos designan el mundo afectivo es pathos, que pasa en castellano a "patología", que etimológicamente significa "ciencia de los sentimientos", pero que en realidad se usa como "ciencia de las enfermedades".

Comentario Druídico: ¡Chau, cerremos todo y echen los fideos. Llegó el que faltaba!

"Es muy interesante ver —explica Marina— la evolución de las listas de pecados capitales dentro del cristianismo. Por ejemplo en las listas que estudiaba yo en el catecismo, uno de los pecados capitales era la pereza. Y frente a la pereza estaba la diligencia, que significaba actuar con prontitud, hacer los deberes. Pero originalmente es una palabra que viene del verbo diligo, que significa amar, con lo que estamos diciendo: ‘Contra la pereza, amor.’"

Comentario Druídico: Final tierno.

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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