Panorama Católico

Pulseadas Vaticanas

En la semana que transcurrió se dieron a conocer tres versiones distintas del discurso del Santo Padre a los obispos suizos. Esperamos la definitiva. O las definitivas. Tal vez sea un error, como informó el Vatican Information Service, o tal vez un signo más de las pulseadas para torcer ciertas determinaciones.

Escribe el Editor y Responsable

En la semana que transcurrió se dieron a conocer tres versiones distintas del discurso del Santo Padre a los obispos suizos. Esperamos la definitiva. O las definitivas. Tal vez sea un error, como informó el Vatican Information Service, o tal vez un signo más de las pulseadas para torcer ciertas determinaciones.

Escribe el Editor y Responsable

No es novedoso. La hasta hoy única encíclica de Benedicto XVI fue anunciada no menos de tres veces. Es decir, se dieron tres fechas de salida, hasta que finalmente el Papa se quejó en público, durante una alocución del Angelis, de la lentitud de los traductores vaticanos.

Como decía en su momento un comentarista italiano, si hay algo que abunda en el Estado del Vaticano son traductores. El problema era de otra índole, más bien un intento de corregir el contenido del texto, redactado en alemán por el Papa.

Esto de las traducciones y las versiones de los discursos termina siendo casi risible. Lean, si no, el comentario de Scipio (no nuestro Escipión el Porteño sino otro) desde Roma, sobre la disputa del "pro multis". El Papa mandó terminar cierto estudio sobre el modo correcto de traducir "pro multis", parte de la fórmula de consagración del vino en la misa.

Cualquiera con dos latines sabe que "pro multis" significa "por muchos". Si se buscan las traducciones evangélicas de la Vulgata, nadie parece haber tenido demasiados problemas para traducirlo. Pero los liturgistas, atacados simultánea y universalmente por el mismo desorden neurológico han visto imperioso traducir "pro multis" como "por todos". Y los defensores de la ortodoxia dentro de los patrones oficialistas se las han visto en figurillas para defender la traducción mediante alambicadas interpretaciones filológicas.

Al punto que el propio Papa, siendo todavía Prefecto de la Fe puso la questio sobre el taburete y, ya en el solio pontificio, ordenó al Cardenal Levada dirimir la cosa en simultáneo con la Congregación del Culto Divino. Allí ardió Roma, porque para Doctrina de la Fe, "pro multis" significa "por todos". Y para Culto Divino quiere decir "por muchos". Y parece que para el Papa, significa… "por muchos".

Papa mata cardenal, game over… Pero no es así. En el fondo hay una cuestión de fondo.

Quien vea en estas disputas una pérdida de tiempo se equivoca. El tiempo ya se ha perdido, con 35 años de traducciones voluntariamente "equivocadas". Y siempre equivocadas en el mismo sentido. El problema no es la impericia de los traductores, sino su extrema pericia. Siempre se las arreglan para enmendarle la plana a los textos litúrgicos supérstites en el Novus Ordo. Hasta hemos polemizado con algún lector por esto. Porque lo simple se ha convertido, por la alquimia de la nueva teología, en algo complejo e incomprensible.

Sí, el problema no es de traducción, sino teológico. La nueva teología ecuménica supone que ciertos conceptos caigan en desuetudo o al menos en la confusión. Por eso los traducen "mal" adrede, y luego se empecinan en que la traducción está bien. Y hasta hay buenos cristianos que, contra todo sentido común, buscan la interpretación ortodoxa de la traducción heterodoxa. Lo cual colma la cordura de cualquiera. ¡Así estamos!

Por eso, enhorabuena si se revisan las traducciones, porque por fuerza es una revisión de la teología. La gente que empiece a recitar (Dios lo quiera) los textos correctos se preguntará porqué antes eran todos y ahora son muchos. Y alguien tendrá la bondad de explicarles que Cristó murió por todos, pero aprovechan de Su sacrificio muchos, no todos. Lo cual significa que hay algunos que se condenan. Lo cual es obvio, porque lo reclama la justicia divina. Y por lo tanto sí hay infierno, y no está vacío. Lo que es una buena noticia para los que creen en Ella, la justicia divina, digo. Y la caridad hacia los buenos.

Todo lo que decía antes el catecismo del cura de parroquia y que hoy se ha perdido, según constata el propio Sumo Pontífice en uno de sus discursos a los obispos suizos, donde expresa el dato no menor de que "la ignorancia religiosa ha alcanzado un nivel espantoso".

Traducir bien supone recuperar la doctrina. Y así, de a poco, iremos recuperando la Fe.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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